Buenos Aires, 21/09/2017, edición Nº 1772

La Colonia Sola, un rincón inglés de Barracas

Está junto a la estación del mismo nombre. Allí vivían desde 1890 los operarios del ferrocarril.

(CABA) Como decía Pablo Neruda, tal vez para no transformarme en esclavo del hábito, tenga a donde tenga que ir, trato siempre de buscar un camino diferente. Yendo despacio, mirando para arriba y a los costados, frecuentemente descubro un nuevo rincón de la Ciudad. Otras veces me reencuentro con uno viejo conocido o redescubro, con cierto desazón, un lugar al que le pasó sin mucha piedad el tiempo.

Días pasados en uno de estos viajes-paseo tomé la avenida Jujuy con dirección al Riachuelo. A ambos lados, entre anónimas construcciones de variado tipo hay grandes depósitos… Alguno que otro está siendo reemplazado por nuevos edificios de viviendas, como acompañando la reconversión urbana incentivada por el avance del subte H, el Distrito Tecnológico y los planes que el Gobierno porteño está llevando a cabo en esta zona de Parque Patricios, que ya los inmobiliarios empezaron a llamar el “corredor Jujuy”.

Al fondo se veía el hito escultórico del estadio Tomás Adolfo Ducó, más conocido como la cancha del Globo, o de Huracán. Seguí por Jujuy, que ya a esa altura cambió su nombre por el de avenida Colonia, hasta que me topé con el estadio. Doblé hacia la izquierda por la avenida Amancio Alcorta y luego tomé Vélez Sarsfield. Me cruzó Australia y ahí recordé ese particular conjunto de viviendas pintoresquistas donde alguna vez Hugo Midón, autor de inolvidables obras de teatro infantil, filmó una de las célebres coreografías de la saga “Vivitos y Coleando”.

colonia sola

Impulsado por el recuerdo y la curiosidad (silbando bajito la música de Carlos Gianni), tomé Australia en dirección a Barracas. A los metros apareció, como si fuese un suburbio londinense, la llamada Colonia Sola, un poco maltrecha, un poco olvidada, en ese lugar poco visible y accesible de la Ciudad.

Como cuenta la investigadora Mercedes Chezo en la colección Patrimonio Argentino, editado por ARQ-Clarín, la Colonia surgió en el año 1890, treinta años después de la llegada del ferrocarril a la Argentina, con el fin de alojar al personal de la empresa del Ferrocarril del Sud. Hacia 1880 esta empresa inglesa había localizado sus talleres y la Estación de cargas Sola al oeste de la estación de Plaza Constitución.

También esta zona casi extra-muros de la Ciudad fue elegida para ubicar los hospitales que basaban parte de su efectividad en la técnica del aislamiento. Aquí se instalaron el Hospital Nacional de Alienadas, el Hospicio de San Buenaventura (hoy los Hospitales psiquiátricos Dr. B. Moyano y José T. Borda), el Asilo de Inválidos (Hospital Rawson) y la Casa de Aislamiento (actual Hospital de Enfermedades infecciosas Dr. F. Muñiz).

En la Colonia Sola vivían los operarios y trabajadores del ferrocarril, mientras que al personal jerárquico se le asignaba viviendas individuales tipo “cottage” como las que se ven en barrios como Banfield, Temperley, Coghlan o Belgrano R. La colonia está organizada en 4 bloques iguales de dos niveles de altura, ubicados paralelos a la avenida y a las vías de ferrocarril que les corren por detrás. Una calle central perpendicular a ellos hace de espacio central comunitario. Sus frentes están construidos con ladrillo a la vista y en algunos sectores tienen el característico falso “pan de bois” que imita la construcción con entramados de madera y relleno de material. Los techos son de tejas coloradas con pendiente a dos aguas y con canaletas y desagües pluviales a la vista, de hierro fundido. Y tienen unas galerías perimetrales por donde se accede a las viviendas. Otro dato curioso es que las ocho unidades de cada planta compartían los baños que estaban afuera, ubicados en dos cuerpos salientes en los extremos. Si bien muchas de las viviendas ya fueron “modernizadas”, originalmente se ingresaba a la cocina (a un costado tenía la alacena, un depósito y la carbonera), para luego llegar a una sala y a dos dormitorios.

Como asegura Chezo, el conjunto condensa aspectos de la tradición constructiva británica y de la modernidad industrial, basados en la normalización, modulación, seriación, lo que permitía un montaje rápido y economía de recursos. A la vez, este enclave posee un alto valor simbólico porque en su momento fomentó un fuerte sentido de pertenencia y comunidad con la empresa ferroviaria.

Ahora que, con la inauguración de la nueva sede de Gobierno, la Ciudad vuelve a mirar al Sur y que el Gobierno nacional pone el acento en la infraestructura ferroviaria, valdría la pena poner en la lista de obras pendientes a realizar la puesta en valor de este valioso ejemplo de vivienda colectiva ferroviaria. Y hacer todo lo posible por recuperarla.

Fuente: Berto González Montaner, editor general ARQ (Clarín).

Comentarios

Ingresa tu comentario