Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

La Ciudad sigue perdiendo cines históricos

Los míticos espacios artísticos fueron cerrando y los que aún se mantienen abiertos lo hacen con escasos recursos

(CABA) Marcaron una época, o varias. Fueron hitos, célebres en sus barrios. Supieron ser anfitriones de figuras internacionales y locales, de películas taquilleras y de fracasos estrepitosos. Pero ahora, que no están más, se extrañan. Los habitués y los no tanto los recuerdan con cariño y nostalgia.

El ex cine Atlas cerró definitivamente sus puertas en 2011, en su sede de avenida Santa Fe 2015, casi esquina Ayacucho, donde funcionó desde 1986. Su fachada estuvo tapiada desde entonces hasta hace 15 días, cuando un local de la ropa femenina Cuesta Blanca desembarcó con todo el esplendor. “Era un clásico del viernes a la noche, caminar desde Pueyrredón y Beruti hasta acá, mirar una película en esa sala preciosa, salir, tomar un café y volver a casa”, recuerda Jorge, un vecino que se niega a visitar los grandes complejos cinematográficos de los shoppings. “Son fríos, sin personalidad, con un olor a comida que espanta”, se queja.

Los clásicos cines y teatros de barrio supieron tener su época de esplendor entre 1920 y 1990, aunque algunos continuaron un tiempo más. Desde entonces, los grandes complejos fueron ganando terreno hasta condenarlos al olvido. Algunos debieron mutar y transformarse, como el caso del Ateneo Grand Splendid, en Recoleta. Otros, sin embargo, parecen aguardar en silencio, con sus frentes tapiados, a la espera de un renacimiento para volver a brillar como en sus mejores épocas.

Zonas clásicas

Una de las míticas zonas de cines en continuado fue la de la peatonal Lavalle, desde Carlos Pellegrini hacia el Bajo. Allí, muchos recordados clásicos como el Select Lavalle, el Paramount, el Alfa o el Ocean fueron cediendo sus inmensos espacios a fines más comerciales: cadenas de farmacia, locales de indumentaria o iglesias universales del Reino de Dios. El Monumental, en Lavalle al 700, es hoy el único que sigue en pie en la peatonal, aunque con menos afluencia de público.

La esquina de Callao y Santa Fe supo también ser el epicentro de la movida cinéfila nocturna, en especial de los viernes y sábados. El cine América, en Callao 1057, cerró sus puertas a mediados de 2011 sin previo aviso y hasta hoy permanece con su frente tapiado, como a la espera de un nuevo destino. “Es una verdadera lástima, mucha gente venía a ver películas en esa pantalla enorme, era todo un programa. Los vecinos del barrio realmente extrañamos el América”, reconoce Aída Leveque, que vive a dos cuadras.

Cerca de allí, el Grand Splendid luce hoy como una de las librerías más grandes del país, e incluso el periódico inglés The Guardian la ubicó en el segundo puesto a nivel mundial. Con su interior que supo mantener la estructura de cine y teatro que sirvió de escenarios a artistas de toda talla, incluido Carlos Gardel, el lugar es, desde 2000, un concurrido paseo para vecinos y turistas.

Otros barrios de la Capital también recuerdan con nostalgia sus mejores años, cuando el cine congregaba la actividad cultural del lugar, además de ser un punto de encuentro, como el Aconcagua, en Villa Pueyrredón. Construido en 1944 por el inmigrante italiano José Patti y con capacidad para albergar a 1200 espectadores, este cine bajó el telón definitivamente en 1995. “Se comenta que los actuales dueños estarían dispuestos a venderlo. Ya juntamos más de 30.000 firmas para que se reabra, organizamos obras de teatro y proyectamos películas en la puerta. Queremos que avance el proyecto que ya fue votado en el Senado, pero que la gestión anterior lo vetó”, cuenta José Luis Alesina, nieto de Patti, y que conduce la Asociación Civil Aconcagua. NT

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