Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

La ciudad no está hecha para ellas

Según Miguel, Jurado, editor de ARQ, el espacio público es “amenazante para las mujeres cuando no hay buena iluminación y vecinos”.

(CABA) Así como la ves, la ciudad no está hecha para todos. En realidad, desde la altura de los escalones de los colectivos, pasando por el ancho de las avenidas hasta el tiempo que tardan los semáforos en cambiar de luz todas las cosas están pensadas para un tipo de ciudadano especial: el varón activo de entre 18 y 65 años. Niños, inválidos, ancianos y mujeres son sólo turistas en una ciudad diseñada para el uso y disfrute del macho dominante. Es decir, quedan afuera el 70 por ciento de porteños y visitantes, y me quedo corto.

Este es un problema mundial pero del que recién ahora se tiene noticias. Desde hace unas décadas existe toda una tendencia que se llama urbanismo con perspectiva de género. Es una rama de la planificación urbana que busca entender cómo viven la ciudad los distintos tipos de personas.

Por caso, esta rama del urbanismo asegura que el uso de la ciudad está muy limitado para las mujeres por razones funcionales y sociales, como la inseguridad, que es una de las sensaciones que más influyen en las posibilidades femeninas de usar el espacio público. En el estudio El miedo a la calle: la seguridad de las mujeres en la ciudad, la peruana Ivonne Macassi León, asegura que el temor a ser agredidas limita la movilidad, autonomía, disfrute y apropiación de la ciudad por parte de las mujeres. Sirve de ejemplo uno de los casos más cotidianos: ¿cuántas madres, compañeras o hermanas dejan de pasar por tal o cuál lugar en determinados horarios por una cuestión de seguridad? Esto hace que la forma de usar una misma ciudad sea diferente si sos hombre o mujer.

El mismo estudio peruano asegura que en Rosario, el 73,4 por ciento de las mujeres modifica sus recorridos porque no se siente segura en la calle. Ese comportamiento ya se ha convertido en algo tan natural que nadie lo objeta, ni lo ve como una limitación. Pero encubre el hecho de que en el espacio público la mujer se siente menos libre que el hombre. “Las mujeres reconocen como sitios inseguros parques, mercados, paradas de transporte público, áreas descampadas, el centro de la ciudad, cruces de calle y los semáforos cuando transitan en vehículos”, asegura la investigadora peruana, a lo que en Buenos Aires habría que agregar taxis y remises. Otro dato obvio pero que a fuerza de repetirse parece natural es que la característica más saliente de la violencia urbana es ejercida mayormente por varones.

Los expertos aseguran que para mejorar la seguridad en las calles es más útil tener buena iluminación que poner policías. También ayuda la actividad social urbana. Calles con vecinos en la vereda, negocios abiertos o actividades recreativas comunitarias cuando cae el sol cambian la calidad de un barrio.

La arquitecta argentina Zaida Muxí trabaja hace años en la visibilización de las necesidades de la mujer en el contexto urbano y asegura que la ciudad contemporánea está pensada para favorecer las tareas masculinas, como el trabajo fuera de la casa y el traslado en auto. Por el contrario, asegura que las tareas que se hacen desde la casa, generalmente a cargo de las mujeres y vinculadas al trabajo doméstico, son menospreciadas. Es el caso del mantenimiento de la ropa, la comida, los hijos y los ancianos. Para colmo, desde hace décadas, las mujeres también se hicieron cargo de trabajar delegando mínimamente sus funciones hogareñas.

Muxí asegura que los varones usan la ciudad con trayectos directos, de casa al trabajo. Por el contrario, la mujer tiene mayor cantidad de paradas. Llevar a los chicos a la escuela, pasar por el lavadero, hacer las compras, visitar a una persona mayor de la familia y, muchas veces, también trabajar. La escena se repite de ida y vuelta y esto hace que la mujer utilice más el espacio público que el hombre, justo el lugar en el que se siente menos protegida.

La perspectiva de género no busca distinguir las tareas del hombre y la mujer, busca reconocer que existen distintos tipos de tareas, productivas y reproductivas, independientemente de quién las haga. Las tareas reproductivas son las de cuidado que hasta ahora estuvieron invisibilizadas y son las que permiten que todos nosotros estemos ahora aquí”, señala Muxí.

Desde la perspectiva de género, una ciudad con mejor transporte público, con viviendas que tengan cerca comercios, guarderías, escuelas, sanatorios y plazas

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