La ciudad arregla las iglesias más antiguas

La ciudad arregla las iglesias más antiguas

(CABA) Ni fantasmas, ni cintas blancas con deseos en sus rejas ni ecos de llantos incesantes. Mucho más palpable que la leyenda, calado en sus paredes, se advierte el deterioro contra el que resiste la Iglesia Santa Felicitas (abierta en 1876), en Barracas, una de las más antiguas de la Ciudad.

El templo fue donado al Gobierno porteño en los ’80 pero desde entonces poca fue la intervención del Estado en pos de conservarlo. Semanas atrás, arrancó la puesta en valor del sistema eléctrico, que corría un grave riesgo y que había sido anunciada en 2014. Pero ése es apenas uno de los problemas edilicios.

“El paso siguiente debería ser la recuperación de los muros externos para impedir que la humedad avance. Recién después se podrán restaurar las paredes internas, enriquecidas con pinturas a mano en estilo neogótico”, explica Ernesto Salvia, rector de la capilla desde 2014. Presbítero, profesor de historia de la Iglesia y con experiencia en cuidado del patrimonio, fue designado guardián de este ícono nacido de un amor trágico.

Durante la gestión del rector anterior se realizaron algunas obras costeadas por el Gobierno de la Ciudad y fondos de la Embajada de Alemania, entre otros. Arreglaron los techos externos, restauraron vitrales y repararon el órgano de procedencia alemana. Sin embargo, desde 2004 no se realizaron trabajos de envergadura. Todo quedaba en proyectos.

Como no es parroquia, el templo que mandaron a construir los padres de Felicitas Guerrero luego de que a su hija la asesinara un pretendiente desairado no cuenta con ingresos regulares. Para generarlos, armaron un grupo de guías voluntarios que ofrecen visitas guiadas los domingos a las 11.30. El bono cuesta $50 y lo recaudado se destina a las reparaciones más urgentes.

Desde la llegada de Salvia, se realizaron varias intervenciones: se colocó una rampa y barandas para el ingreso de personas con dificultades, se instaló un sistema de deshumidificación de cimientos para que la humedad frene su avance, se colocaron matafuegos y se adquirió un equipo de sonido. Y el 8 de diciembre de 2014 se reabrió la Gruta de la Virgen de Lourdes, ubicada en el parque vecino a la iglesia, la más antigua del país (1898). Y este año, por primera vez, el recinto fue parte de la Noche de los Museos.

Las autoridades porteñas se encargan del mantenimiento del parque de la Gruta y del reloj inglés del frente del templo. “El resto, así como la limpieza, está a cargo del Arzobispado de Buenos Aires que socorre buena parte de las urgencias de Santa Felicitas. “Para darse una idea, cuando hubo que cambiar las luces de las arañas tuvimos que llamar a los bomberos de Barracas”, ejemplifica el padre Ernesto. Pero no pierde el optimismo y confía en el apoyo de su feligresía y del Estado para no dejar caer este Patrimonio Cultural de la Ciudad y Monumento Histórico Nacional.

La historia de Felicitas es conocida popular y fatídicamente: con 16 años se casó con el millonario Martín Gregorio de Álzaga. Pero 8 años después, el hombre que la triplicaba en edad falleció y ella se convirtió en una joven, bella, adinerada y pretendida viuda dentro del círculo más aristocrático porteño. En el medio también perdió dos hijos, uno a los6 años a causa de la fiebre amarilla, y el otro antes de nacer. Felicitas vivía en una casona, emplazada justo detrás de donde hoy se erige la iglesia.

Tiempo después de enviudar comenzó una relación con Enrique Ocampo pero no prosperó. El hombre no pudo soportarlo y en medio de una fuerte discusión le disparó dos veces y murió al día siguiente. Unos años después nació el mito de que se pasea como un fantasma por el templo que construyeron en su nombre en 1876, que tiene dos estatuas que la recuerdan con su hijo Félix y a su esposo, y que sufre los embates del tiempo y la falta de mantenimiento.

S.C.