Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

La carta de Ronnie Arias al mugriento del subte

Mirá que le dijo

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(CABA) A todos nos ha pasado de viajar en un subte o colectivo lleno de gente, en hora pico, y que al calor, la incomodidad y la humedad se sume también el mal olor de algún pasajero. Ronnie Arias se desquitó y le escribió una carta al “mugriento del subte”.

“Todos estamos acá por la misma razón. Todos queremos llegar a alguna parte. No es necesario charlar, sonreír, ni nada por el estilo. Yo no te necesito y tampoco espero que vos lo hagas. Nunca vamos a ser amigos, ya que estamos destinados a ser “extraños en un tren“. El destino nos juntó para vivir “esta experiencia”, algo así como un polvo con un extraño al que no voy, ni quiero volver a ver, un entendimiento silencioso, un poco de interacción física, y un tácito adiós.

Por eso mismo, mis palabras: Veamos: No te voy a cuidar al perro, ni me vas a regar las plantas cuando me vaya de vacaciones. ¿Tenés plantas? ¿O sos del tipo de persona a la que las plantas se le mueren antes de la primera semana? Nunca lo sabremos. Pero está bien, me gusta que sea así.

Es tan raro lo que pasa con la gente que haces contacto indirecto cuando viajas. Un gesto o una palabra, podía cambiar nuestras vidas para siempre. Podrías ser mi mejor amigo, o yo podría ser ese tipo que te dijo justo lo que te estaba pasando. Por lo general no la pego, por supuesto…

Hasta ahora. Ahora, que tengo algo para decirte. Solo espero que tengas paciencia, porque es importante. ¿Sabés, que el Subte, es una magnífica opción de transporte público debido a su rapidez y bajo costo, comparado con cualquier otra forma de trasladarse? ¿Sabés que se divide en pequeñas secciones llamadas vagones? ¿Sabés que estos vagones están llenos de personas (muchas), con frecuencia más de los que entran? ¿En serio? Ah, bueeeeeeeeno.

Entonces, también debés saber que a pesar de mis buenas intenciones y simpatía pública, no hay manera de evitar, ese olor a podrido que expulsa tu cuerpo. Vos sabes y yo también… Esta clarísimo: Tu cuerpo, al estar aplastado contra el mío, comparten el mismo espacio de respiración e impide que el aire fresco de la ventanilla (frío) llegue a mi cerebro. Y… ¿Sabés qué es lo peor? Las axilas. Ese olor a chivo seco. Bueh… Tu cuerpo entero, ya que estamos. Y no tenés perdón/excusas, no es verano, no, es invierno en Buenos Aires, increíble. Tampoco salís del trabajo ni vivís en la calle.

Sin embargo, se que ese agobiante peso plomo de tu cuerpo sobre mí, en algún momento va a terminar. No estoy diciendo que tendrías que removerte quirúrgicamente las glándulas sudoríparas, pero una ducha… No cuesta nada. Yo, sin embargo, por más que con este frío me cuesta bastante, amo agarrar mi esponja gruesa, llenarla de jabón líquido de pomelo de Kiehl´s y frotarla por mi cuerpo. También agarro mi desodorante en gel para conseguir una protección máxima. Me encantaría tirarte un poco de desinfectante… No de mala onda, sino como una muestra de amistad.. Lo haría por vos, mi compañero de viaje. No solo porque tu olor me recuerda a las caballerizas de la Escuela de Sub-Oficiales Sargento Cabral. Sino, casi como un acto de amor por el prójimo… Si transpirás (todos lo hacemos), acordate de la población de esta ciudad (¿cómo no darse cuenta?), y tené alguna conciencia corporal, sabé, que estas medidas preventivas deben ser una costumbre. Esta muy bien creer y pelear contra esas empresas que se les da por probar los productos en animales. También, temblar ante la idea de productos químicos tocando tu cuerpo a través de los poros. O, en el peor de los casos seas alérgico a los olores artificiales y florales. Ninguna de estas cuestiones, aunque justificada, excusa ese olor a chiquero y esa nube de hedor que te rodea. En este mundo moderno, debe haber un producto (con uno alcanza) que sea respetuoso con los animales, vegetariano y sin perfume. Espero no estar siendo muy agresivo. Por favor, acordate de mi cara y de mi pobre cuerpo, que se internó en las profundidades de tu chivo maloliente y sudoroso. Pensá en el olor infernal que entra a mi nariz en este momento de crisis corporal. Sin filtro, sin ventilador, y sin escapatoria de esta mierda. Pensá. No te estoy culpando de tus olores. Sos como un animalito de Dios. Estoy, preguntando, ¿por qué no tomar medidas y trabajar para prevenir esta situación pegajosa?. Esto es por el bien de todos. Un día te puede pasar que algún pobre desgraciado se encuentre atrapado en tu nube fetida y se desmaye, incapaz de soportar ni un segundo más. O quien te dice, que algún nene puede te señale con el dedo y le diga a su mamá -”El señor quiere caca, mama“. No es su culpa, los chicos no entienden las leyes de la interacción social. Lo que estoy tratando de decirte es que me preocupo por vos, y digo estas cosas, con la esperanza de salvar tu vida social, o por lo menos mi viaje en este vagón. O tal vez, lo que te estoy tratando de decir es que, en esta lamentable situación, vos tenés el poder y que podés mejorar tu mundo.

¿Sabes qué?, ahora que lo pienso, lo que estoy tratando de decirte es que tenes un olor horrible y voy a vomitar.”

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