Buenos Aires, 25/09/2017, edición Nº 1776

La calle de Recoleta que perdió el encanto por la caída en la actividad gastronómica

El cierre de locales icónicos en la cuadra de Presidente Roberto M. Ortiz al 1800 es una fuerte señal del fin de un ciclo. Hay preocupación entre vecinos y comerciantes.

(CABA) Hace unos años que todo parece más quieto en Recoleta. El cierre de cinco locales en la cuadra de Presidente Roberto M. Ortiz al 1800, entre Quintana y Guido, es una fuerte señal del fin de un ciclo. En las inmediaciones del cementerio, hay preocupación entre vecinos y comerciantes por la inercia que se mezcla con la expectativa de que el resurgimiento llegue pronto.

El paseo de bares y restaurantes que supo ser un punto de encuentro entre porteños y turistas perdió brillo. La merma en el público y la caída en ventas, combinadas con una dosis de especulación inmobiliaria, pusieron en jaque el polo gastronómico y turístico del distinguido rincón de la ciudad. Se trata de una ubicación geográfica privilegiada, sobre la ondulada plaza Francia. Pero sobre Ortiz al 1800, sólo quedan en pie dos locales dedicados a la gastronomía: La Biela, en su esquina emblemática protegida por un árbol gigantesco, y The Embers, que reemplazó a El Ombú y que a su vez había suplantado a La Victoria.

La Munich, un restaurante tradicional pegado a La Biela, se convirtió en el último ícono del barrio en cerrar sus puertas. “Siempre cerraban en febrero por vacaciones, pero esta vez llegó marzo y no abrieron“, contó a La Nación un camarero de La Biela, la confitería donde Bioy Casares y Borges eran habitués.

Carlos Guitérrez llegó a la Argentina en 1966 desde León; fue lavacopas, barman, mozo y encargado. Hoy es el director de La Biela y presidente de la Asociación de Amigos de Recoleta. En sus 50 años en la clásica confitería ha visto muchos cambios: la migración hacia los countries, la aparición de Puerto Madero y la consolidación de Palermo como polo gastronómico, entre otros. Es afable y optimista: “¡La vamos a aguantar!”, es su respuesta frente al cierre de varios locales de la cuadra.

Al ser un café notable declarado sitio de interés cultural, la situación de La Biela es mejor que la de otros comercios de la zona. Así y todo, Gutiérrez está ansioso por la inauguración del Centro de Exposiciones en Figueroa Alcorta, que aumentará su caudal de clientes, y por los tiempos de la obra en la otra punta de la cuadra, donde cerraron cuatro restaurantes para construir una torre de lujo.

“Hace unos seis años hubo un cambio”, explicó Gutiérrez, acodado en la barra. “En la cuadra de Junín, cerraron varios locales y se construyeron tres aparts. Ahora, han vuelto a abrir Buller, Bartola y otros más. Estuvieron allí de capa caída y ahora les va bastante bien”, añadió. Gutiérrez espera que algo similar suceda en su cuadra, donde la desarrolladora ABV hará una obra importante donde antes funcionaban cuatro restaurantes, en la esquina de Ortiz y Guido. El local de La Munich, pegado a La Biela, no estaría vendido aún, pero su destino sería similar al de otros restaurantes de la cuadra: el desarrollo inmobiliario. “Esperemos que la obra salga rápido, para que volvamos a ser la Recoleta floreciente de hace 10 años”, expresó.

La desarrolladora local ABV avanza con los preparativos del imponente Edificio Armani. “Es un proyecto de 20.000 m2 con 207 residencias, que tendrá 1700 m2 de espacios comerciales en la planta baja. Hay marcas gastronómicas e institucionales que demostraron interés en la ubicación”, comentó a La Nación el arquitecto y propietario de ABV Ioram Amsel.

“La construcción comenzará en el segundo semestre y estará terminada en 2020. Es una zona que está destinada a resurgir”, dijo. Los locales vacíos y la inactividad en la esquina preocupan en la zona. Según Amsel, “los procesos de bienes raíces son largos; el permiso salió en enero. Así son los tiempos de licitación y adjudicación de una obra”.

El Edificio Armani apunta a un público joven, como las nuevas cervecerías sobre Junín y Vicente López. Hasta 2013, allí funcionaba el exitoso restaurante de cocina internacional Lola, que al cerrar inició el éxodo que siguieron Montana, San Babila y Buller. La cervecería artesanal fue la última en cerrar y logró reubicarse a 100 metros.

Para Andrea Valsagna, vecina de Recoleta, los cambios son bienvenidos: “Había lugares que se habían quedado en los 90. Además, el año pasado clausuraron los prostíbulos y eso cambió muchísimo”, dijo. “Algunos restaurantes entendieron que necesitaban reciclarse. Las cuadras de Vicente López y Azcuénaga levantaron bastante”, comentó la estudiante de arquitectura, que también trabaja. “Sin embargo, en los últimos dos meses, hubo un aumento de la inseguridad, lo cual es raro, porque no se condice con la apertura de nuevos lugares, e incluso de la mayor presencia policial. Hay muchos motochorros y hace una semana intentaron manotearme el celular“, contó.

Al lado de los locales cerrados, sobre Ortiz, hay un hotel que lleva allí unos cuantos años: “Hace un año aproximadamente que se siente una caída en el movimiento y en la actividad”, comentó Antonio, el joven conserje de L’Etoile. “Nos afecta, porque entra menos gente al bar o a comer. Además, a la noche la calle está menos iluminada, lógicamente, porque cerraron todos los restaurantes”. El otro comercio de la cuadra es una sucursal de una cadena de farmacias.

Comerciantes de la zona se quejaron de la presencia de “trapitos” con conductas inapropiadas y delictivas, que a pesar de ser identificados y denunciados no son sancionados. En la comisaría 17, sobre la avenida Las Heras, el personal dijo no tener estadísticas disponibles al respecto, pero afirmaron que al ser un corredor turístico la zona contaba con personal adicional asignado.

“Hay que ser precavido, pero no es que haya mayor inseguridad aquí que en otros lados. A veces, los viernes y los sábados a la noche se pone un poco más pesado el ambiente“, dijo un encargado sobre la calle Guido. “Hay que ser precavido nomás”, repitió. NR


Fuente: La Nación

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