Buenos Aires, 15/12/2017, edición Nº 1857

La Boca, mucho más que el Riachuelo y Caminito

En este paseo por La Boca no habrá postales típicas, porque el barrio ofrece también otros recortes del paisaje.

(CABA) Ni el Riachuelo ni las casitas de chapa pintadas del Caminito. En este paseo por La Boca no habrá postales típicas. Ninguna de las que el pintor Benito Quinquela Martín creó para el barrio y transformaron un “espacio turbio y brumoso donde iban a recalar los barcos, según describen viejos tangos, en imágenes a todo color”, como sostiene Víctor Fernández, el director de Museo de Bellas Artes de, justamente, Quinquela.
Es que el barrio ofrece otros recortes del paisaje. Otros cuadros.

Fernández, también pintor y vecino de La Boca desde hace más de 35 años, armó una lista larga. Incluye al Teatro Verdi (1901), “un pequeño Colón para los suburbios”, donde cantó el tenor Enrico Caruso, se reunieron las primeras asambleas de Boca y de River, el socialista Alfredo Palacios se presentó como candidato a diputado y los vecinos compartieron galas de Carnaval y fiestas de casamiento.

Incluye además a un “castillo” (1908) de estilo modernista catalán, donde almenas y flores conviven con la leyenda del fantasma de Clementina. Hay versiones. Una de las más conocidas dice que ella, pintora también, se suicidó acosada por duendes que habían llegado de España en plantas con hongos alucinógenos. Plantas que la dueña del edificio, una rica estanciera de Rauch, había mandado a traer para decorarlo.

Y la lista de Fernández incluye también una elegante construcción Art Nouveau , de 1913, donde abrirá el Museo de Arte Contemporáneo Marco, cuando la Fundación Tres Pinos termine de restaurarla (estiman, a mitad del próximo año). La fachada tiene colores sutiles pero igual brilla. Y su composición, donde mandan las curvas, es pura gracia. Soñada.

Tras la recorrida, entre las paredes de ladrillo y los carteles antiguos (“Teléfono Público”) del bar Roma, uno recuerda la letra de un tango que Enrique Cadícamo escribió sobre una presentación de Gardel y José Razzano en el lugar, parte de la letra de El Morocho y el Oriental.

Dos datos:

I) Si es sábado o domingo, a las 15, aproveche las visitas guiadas que el Museo de Quinquela (Pedro de Mendoza 1835) ofrece gratis (bono contribución $30) por lugares que marcaron al pintor y a los que él marcó.

II) En la Fundación Proa (misma calle, al 1929), se puede ver la primera retrospectiva en Sudamérica del ruso Kasimir Malevich, genio de la abstracción. Excepcional.

Posible recorrido:

1) La casa amarilla del almirante. Esta es la réplica de la casa donde se instaló en 1813 el almirante Guillermo Brown (1777-1857), marino de origen irlandés que creó la primera flota naval argentina, junto a su mujer y sus dos hijos. Un año antes Brown compró, en realidad, unas 22 hectáreas sobre las actuales Martín García, Paseo Colón y Montes de Oca, por entonces una zona donde las familias ricas tenían sus quintas. Ésta contaba con una gran terraza y un mirador que daba al Río de la Plata.

Luego, el terreno tendría usos varios, desde la playa de maniobras para el ferrocarril que iría a Ensenada hasta el complejo de viviendas conocido como Barrio Irala y, en parte, espacio del plan de ampliación de la Bombonera.

La réplica, en homenaje a Brown, se inauguró en 1983. Allí funcionan el Departamento de Estudios Históricos Navales y el Instituto Browniano. En Brown 401.

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2) Opera, política y Carnaval. El Teatro Verdi fue creado en 1879 por la Sociedad Verdi (1883) y se instaló en la sede actual en 1901. Iba a llamarse “Vecinos de La Boca” pero como la banda del debut interpretaba obras del italiano Giuseppe Verdi se lo cambiaron por el de José -en castellano- Verdi. Nombraron al autor de La Traviata yAída como su presidente honorario, por lo que el compositor mandó una carta en agradecimiento. Y le pusieron ésos y otros títulos de trabajos suyos, Rigoletto, Falstaff, a sus salas. Allí se presentaron figuras de la lírica, como el tenor italiano Enrico Caruso. Y del tango, como Gardel y José Razzano. También allí el socialista Alfredo Palacios se presentó como candidato a diputado en 1903 y 15 años después se fundó el Partido Comunista Argentino. Además, se hicieron las primeras asambleas de Boca y de River. Fue sede de galas. “De memorables bailes de Carnaval”, apunta Víctor Fernández. “Era como una versión suburbana del Colón pero, pensado para la lírica, desarrolló además una muy activa vida social y cultural”, explica. Mire el techo desde enfrente. Ahí está desde 1905 un busto de Verdi, su emblema. En Brown 746.

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3) De leyenda. Este edificio es la obra emblemática del arquitecto gallego Guillermo Álvarez (1880-1929), pionero del modernismo en Buenos Aires. Se lo encargó, para alquilarlo, María Luisa Auvert Arnaud, estanciera de Rauch, provincia de Buenos Aires. Le pidió que tuviera influencias catalana, como sus ancestros. Por eso, la profusa decoración, con flores y flores, entre curvas y almenas, trae ecos lejanos del movimiento que encabezó Antonio Gaudí. La parte superior de la torre tiene un tanque de agua, posiblemente pionero en ese tipo, en La Boca. Ya en 1910 el edificio fue premiado por la entonces municipalidad.

Hasta aquí datos. Lo que viene es el mito, que hasta ahora los sigue acompañando. Una de las versiones más difundidas es la que dice que María Luisa compró las plantas para su castillo en España. Que tenían hongos alucinógenos y duendes, insoportables, tan insoportables que ella se mudó de vuelta al llano. Ahí es donde aparece la pintora Clementina, inquilina del castillo, a quien, enojados porque alguien los había fotografiado, los duendes obligaron a matarse. Pero quedó su fantasma allí, errante…
La construcción aún asombra, justo en el cruce de Brown con Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós. Es preciosa.

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4) Antigua joya, nuevo museo. Este edificio de estilo Art Nouveau fue construido en 1913 por el arquitecto francés Alfredo Massué (1860-1923) y es restaurado desde enero de 2015 por la Fundación Tres Pinos, con apoyo de la Ley de Mecenazgo. Allí funcionó el cine Kalisay, uno de los primeros de La Boca, y ahora se prepara para ser sede de un nuevo museo, Marco, que se sumará al Distrito de las Artes.

El Marco abrirá con unas mil obras, desde De la Cárcova y Lacámera hasta jóvenes creadores, pasando por Marta Minujín y León Ferrari, donadas por el presidente de la Fundación, Ricardo Cadenas, cirujano y coleccionista desde hace 40 años.

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La idea es combinar clásicos y vanguardia. La fachada de época y el vitraux de la cúpula con un ascensor transparente que comunica sus dos pisos. El mes pasado arrancó la obra en el local de la planta baja donde funcionará el museo, con cafetería y tienda. Estiman que terminarán a mitad de 2017. Además, el edificio tiene departamentos para artistas (actualmente viven los colombianos ganadores de una beca que entrega la Fundación Tres Pinos, Felipe Tribín y William Narvaez Cedeño, y el italiano Max Ciogli).

En Brown 1037. Aunque se destaca ya desde lejos. Es que la fachada, más que brillar, encandila.

5) Roma. “Viejo café cincuentón/ que por la Boca existía,/ allá por Olavarría esquina Almirante Brown./ Se estremeció de emoción/ tu despacho de bebidas/ con las milongas sentidas/ de Gabino y de Cazón”. Así empieza El Morocho y el Oriental , la letra de la milonga con la que Enrique Cadícamo homenajeó a Gardel y José Razzano e inmortalizó al bar Roma. El local abrió en 1905 como anexo de una fiambrería. Después se convirtió en bodegón. Y ese aire conserva, con puertas vaivén de madera, piso como damero y carteles antiguos, entre otros objetos. Se puede comer un sándwich de matambre y queso casero ($70), milanesa con guarnición ($70) y -los tiempos cambian, hay que aggiornar el menú- ensalada César ($85). ¿Un café con leche con pan y manteca? Lo sirven y vale $50. NR

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Fuente: Clarín

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