Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

La bici como transporte, un hábito que la Ciudad necesita alentar

El periodista Ricardo Marín explica por qué no se puede continuar con costumbres que rechacen el uso de medios de transporte alternativos más saludables.

Por Ricardo Marín

(CABA) Suele ocurrir que si uno va en un taxi por una calle con bicisenda el chofer exprese su enojo por ese carril que les quitaron a los autos “para poner esos socotrocos amarillos que no sirven para nada y entorpecen el tránsito”. La mayoría de los automovilistas, aunque no manejen taxis, coinciden absolutamente con el concepto de que el carril para las bicicletas es una sustracción al derecho de los autos a utilizar todo el ancho de la calzada. Sin embargo, el argumento podría darse vuelta completamente. ¿Por qué razón en las calles de la ciudad se le sacan tres carriles a la libre circulación de las bicicletas para dárselos a esos vehículos que contaminan el ambiente y cuyo uso abusivo disminuye la expectativa de vida?
Ambos puntos de vista están equivocados. Es impracticable en nuestros días una sociedad en la que el principal medio de transporte no sea el automotor. Pero, en un planeta en el que los daños ambientales generan efectos cada vez más peligrosos para la continuidad de la vida, no se puede continuar con costumbres culturales que rechacen el uso de medios de transporte alternativos más saludables, como el de la bicicleta.

La decisión del gobierno porteño de alentar el crecimiento de este medio de transporte en la ciudad fue sin dudas un acierto. Y las medidas para desarrollar la infraestructura necesaria para el desarrollo de su funcionamiento, correctas. Entre ellas, la implementación de la primera red de estaciones de préstamo gratuito de bicicletas. En un principio, funcionaba satisfactoriamente, con la desventaja de que no daba abasto para cubrir las necesidades. Su número limitado y concentrado en el centro dejaba afuera a grandes sectores de la población. Y el horario limitado de funcionamiento era un inconveniente más para adoptarlo como medio de transporte habitual para mucha gente.

La llegada de las estaciones automáticas, con la ampliación de la disponibilidad a las 24 horas y su multiplicación por toda la ciudad, constituyó una evolución en el cambio cultural. Es de esperar que se revierta el vaciamiento de bicicletas que se verificó en las últimas semanas; si no, se trataría de un retroceso en una costumbre saludable a todas vistas necesaria de alentar. NR

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Fuente: La Nación

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