Buenos Aires, 23/10/2017, edición Nº 1804

La Biblioteca Nacional recordará el nacimiento de Jorge Luis Borges

Avanza el proyecto de recuperar el viejo edificio donde el autor festejaba cada 24 de agosto.

(CABA) En el elegante edificio de México 564, esta tarde, como muchos 24 de agosto entre 1955 y 1973, se recordará el nacimiento de Jorge Luis Borges. Mientras fue director de la Biblioteca Nacional (BN) era casi una costumbre que el autor de El Aleph celebrara su cumpleaños en la sala del primer piso que había sido despacho de su antecesor en ese cargo Paul Groussac. Recibía primero a periodistas y luego a amigos, con los que brindaba y arrojaba la copa al hogar que, algo deslucido, conserva hoy en su frente el logotipo de la BN.

Allí, el “festejo” comenzará a las 17.30, en el vestíbulo desde donde se accede al subsuelo al que el Borges personaje de sus propias ficciones descendió a esconder aquel misterioso libro de infinitas páginas que lo tenía esclavizado. El físico y músico argentino Alberto Rojo leerá “El libro de arena”, en tanto el escritor Martín Kohan dará voz a “Utopía de un hombre que está cansado” y un audio hará presente al homenajeado, que recitará el “Poema de los dones” .

Así se dará fin a un recorrido que la BN propone para visitar, con la ayuda de expertos, nueve sitios caros a la vida de Borges en Palermo, Recoleta y San Telmo. Esos recorridos, de participación gratuita, se detallan en la infografía de esta página y en www.bn.gov.ar/agenda-cultural/recorridos-borgeanos.

La elección de México 564 como centro del homenaje a 118 años del nacimiento de Borges no es fortuita. En el primer piso funciona el Centro de Estudios y Documentación Jorge Luis Borges, que, conducido por Laura Rosato y Germán Álvarez, intenta abrir camino a la recuperación de uno de los emblemas de la cultura argentina.

El valor histórico de ese inmueble no radica sólo en ser el único lugar que se conserva tal como era cuando Borges vivía y donde trabajó, escribió e imaginó muchas de sus creaciones. También es importante desde lo arquitectónico. Fue proyectado y construido por el arquitecto Carlos Morra para la Lotería Nacional, destino que nunca llegó a cumplir gracias a la gestión de Groussac ante el entonces presidente de la Nación Julio A. Roca. Para cuando se inauguró, en 1901, era el segundo edificio de la ciudad de Buenos Aires -después de la sede del Jockey Club– que tenía ascensor además de luz eléctrica, calderas y un sistema de relojería francés con seis aparatos sincronizados. Dentro de la sala Groussac el tiempo se llevó las agujas del reloj patrón de ese sistema, con el que Borges ponía en hora el suyo, que usaba enganchado en la solapa del saco.

El tiempo, sin el auxilio de los cuidados adecuados, también hizo estragos en techos y paredes del edificio en el que la BN funcionó hasta 1993, cuando se trasladó a Barrio Norte. En un sector importante del predio se instalaron luego el Instituto de Musicología y varias compañías de música y ballet dependientes del Ministerio de Cultura de la Nación. Gestiones que llevaron años lograron que en 2015 ese ministerio dispusiera una virtual devolución del primer piso del inmueble a la BN. Pocos meses antes de las elecciones de ese año, la entonces ministra de Cultura Teresa Parodi y el entonces director de la BN Horacio González anunciaron esa medida, arreglos para su restauración y la apertura del Anexo Sur, Groussac-Borges. Después de una limpieza y algunos retoques del empapelado y el parquet, Rosato, Álvarez y su equipo se instalaron allí con el visto bueno del actual director de la BN, Alberto Manguel, quien conoce muy bien esas oficinas. Cuando era un joven librero, Manguel fue uno de los tantos a quienes Borges recibía allí para que, ya imposibilitado de leer, le prestaran sus ojos.

Según dijo a La Nación el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, se planea reintegrar también a la BN el lobby y la ex sala de lectura principal, en uso compartido con los organismos que tienen allí sus aulas y salones. Por su parte, la Asociación de Protectores de la BN presentó un proyecto ante la Dirección de Mecenazgo porteña para la recuperación del primer piso ya cedido. Esta vez la intención de poner en valor el edificio parece ser real, pero, como dicen algunos empleados de la BN, los únicos que hasta ahora fueron expeditivos fueron Groussac y Roca. NR


Fuente consultada: LA Nación

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