Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

En la misma cuadra, los precios en kioscos varían hasta un 50%

Al no existir cifras de referencia, muchos cobran plus y cuestan más.

(CABA) Se registra una marcada disparidad en lo que cuestan las golosinas del kiosco: en una misma cuadra, puede haber diferencias de más del 50% en el valor y en algunos casos hasta se cobra más caro durante la noche. Especialistas del sector dijeron a Tiempo Argentino que hay kioscos que cobran “por servicio y no por producto”. Lo cierto es que es difícil encontrar valores de referencia para los productos que se venden en estos locales de paso. Por eso, las asociaciones de Defensa del Consumidor aconsejan cómo reaccionar y demandan que se cumpla la ley que exige que los precios estén a la vista. “Después me lo traés”, le dice la kiosquera a una joven a la que le falta una moneda de un peso para terminar de pagar la gaseosa.

Mónica Fraquelli tiene 60 años. Junto a su pareja, hace cuatro años y medio es dueña y única empleada de un kiosco del barrio porteño de Belgrano, sobre la avenida Cabildo. Sabe que está en desventaja respecto de las cadenas que ocupan enormes esquinas céntricas y abren 24 horas, pero busca hacer la diferencia con los precios y el vínculo con sus clientes, a pesar de que abre de lunes a sábado, sólo de día. “A gatas vivimos de esto mientras que ellos tienen varios empleados y no cierran nunca“, dice para explicar por qué sus precios son mucho más bajos que los de las cadenas con las que comparte la cuadra.

Los Open 25, por ejemplo, con sedes en 12 provincias argentinas, tienen como política sostener los mismos precios en todos sus locales, que suelen ser bastante más altos que los de los kioscos convencionales. El clásico chocolate con almendras, por ejemplo, cuesta 13 pesos en esas mega-esquinas abiertas todo el día y llega a conseguirse a menos de 8 pesos en los kioscos barriales, incluso si comparten la misma vereda. La cadena 365, en cambio, no vende al mismo valor en todos sus locales. “Las golosinas aumentan cada siete u ocho meses. La gente se queja pero compra igual, aunque a veces busca opciones más chicas del mismo producto“, describe Ezequiel Hernández, vendedor de uno de esos kioscos que abren de lunes a lunes.

kioscos

Ignacio Scrocchi, ejecutivo de cuentas de la Asociación Distribuidores Golosinas y Afines(ADGYA) -que nuclea a los mayoristas del país-, detalla que esos productos, “que son de consumo masivo, tienen gran carga impositiva”, y plantea de dónde podría surgir la disparidad de precios: “El kiosco de barrio suele remarcar un 40% el valor y la estación de servicio, un 80%, porque tienen que vender mucho para justificar la inversión en el alquiler. Además, hoy está más valorado el servicio que brindan, como tener abierto las 24 horas o poder consumir en el lugar.” Para Scrocchi, “no hay abusos por parte de los kiosqueros”, sino que “la diferencia en los precios se justifica en los distintos costos operativos, siendo los principales factores la versatilidad de costos de alquiler y la cantidad de empleados en función del servicio que brinda a la sociedad y los riesgos que asume.” Para ADGYA, “la regulación de precios del sector sería muy difícil de aplicar“.

Osvaldo Bassano, titular de la Asociación de Defensa de Derechos de Usuarios y Consumidores (ADDUC), está de acuerdo con que es complicado limitar los valores pero advierte: “Se podría tener más clara la referencia si se cumpliera la obligatoriedad de mostrar los precios. Lo que pasa es que nadie se ocupa de que se cumpla. En la Ciudad no hay inspecciones.” Se refiere a la ley nacional de Lealtad Comercial (22.802), que establece las reglas elementales que deben cumplir los proveedores para cumplir con el derecho a la información de los consumidores. Allí se dispone la obligatoriedad para los comercios de exhibir los precios de los productos. Según informa la Dirección Nacional de Defensa del Consumidor y Arbitraje de Consumo, “los precios de los productos deben ser exhibidos o publicitados, por unidad, en forma clara, visible, legible y horizontal. En el caso de las vidrieras, todos los productos exhibidos deben tener su precio a la vista“.

Bassano subraya, además, que las diferencias de precios no sólo se dan en las cadenas sino que además se acentúan según las zonas. “Si uno va hacia el norte por la avenida 9 de julio, o por Florida hacia Retirolos precios empiezan a subir como por un ascensor. En las zonas céntricas o turísticas hay un plus y hasta se cobra más caro de noche”, avisa. Tiempo pudo comprobar que eso ocurre en algunos de los locales que nunca cierran sus puertas y que suelen ofrecer otros servicios, como la carga de combustible, bar o lavadero de autos.

Fuente: texto de Florencia Halfon Laskman en Tiempo Argentino/Infonews.

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