Juan Francisco Nosiglia: “El kirchnerismo entregó una economía estancada”

El Diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Secretario de la UCR Nacional habló sobre la nueva política basada en la cooperación

(CABA) El estado de situación con el que se encontró el Gobierno fue más delicado de lo previsto. Las variables económicas y políticas recibidas no solo delinean una crisis estructural, también la necesidad de reacomodamiento en ambas materias. En el ámbito económico, los resultados son conocidos. El kirchnerismo entregó una economía estancada, el déficit fiscal es el más alto en 25 años y en 2015 la balanza comercial arrojó un resultado negativo en U$S3000 millones. No hay datos, solo un INDEC manipulado para ocultar el aumento de la inflación y la pobreza. Esta última, según mediciones alternativas a las del gobierno saliente, ronda el 29%, nivel similar al registrado en el año 2000. Durante los últimos años, las reservas del BCRA sufrieron una caída del 40%, y ahora sólo representan el 5% del PBI.

El Estado, principal motor discursivo del kirchnerismo, hoy solo puede ser percibido de dos formas: la del Estado como sostenedor del empleo y la de un Estado que ha sido defraudado. El Estado malversado terminó ubicando a la Argentina entre los países más corruptos de la región. En 2015 -según el índice de percepción de corrupción que realiza Transparencia Internacional- nuestro país quedó en los últimos puestos junto con Haití y Venezuela, ubicándose entre los lugares de más elevada corrupción en el sector público.

El Estado fue utilizado para sostener una narrativa política más simbólica que real, dejando como saldo un Estado presente pero con nula inteligencia en su intervención. El debate sobre la dimensión del Estado solo sirvió para desviar el trabajo más elemental que tenemos de aquí en adelante: hacer que el Estado sea eficiente solucionando los problemas de la gente; regulando conflictos y promoviendo el desarrollo. El objetivo más urgente debe ser dar por finalizada una etapa que sacrificó la política con la veracidad de las ideas, buscando un equilibrio justo entre principios y resultados. Conservar lo primero sin desatender lo segundo es prioridad para la Argentina que nos toca.

Tenemos por delante cuatro años de grandes cambios. La reorganización en las relaciones entre el Estado, la economía y la sociedad, y una transformación en la política per se. Dicha transformación, para ser exitosa, deberá ir de la mano con una fórmula de gobierno cuya superioridad dependerá de una adaptación a los nuevos escenarios que está ensayando el sistema político.

Para gobernar se necesitan partidos y la UCR es el único espacio político de alcance nacional y con institucionalidad democrática que tiene nuestro país. El cambio de signo político ofrece la oportunidad de ensayar una receta distinta a la de la historia política más reciente.

El fortalecimiento e institucionalización de Cambiemos en todos los costados del país nos reta a un nuevo contenido en la cultura política argentina: la cooperación. NT