Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

Jóvenes graduados en la Villa 20, estudian enfermería dentro de una escuela en Lugano

En el asentamiento de Villa Lugano funciona una sede del instituto Grierson; 53 alumnos, muchos de ellos vecinos del lugar, se recibirán en los próximos meses.

(PBA) “Tengo una buena noticia para vos”, le dijo Mariana Di Scala, rectora de la Escuela Superior de Enfermería Cecilia Grierson, a Jeaneth Torres, vocal del área de Salud de la Junta Vecinal de la villa 20, en Lugano. Por teléfono, siguieron conversando sobre un sueño que habían trazado en encuentros previos: la apertura de una sede en la institución en un barrio de alta vulnerabilidad. En agosto próximo, a tres años de aquella buena noticia, la escuela tendrá sus primeros 53 egresados.

En el segundo piso del edificio del Polo Educativo Lugano, como se conoce al complejo situado sobre la calle Pola, a las 7 empieza la actividad. No hay límite de edad para los estudiantes, pero deben tener el secundario completo, ponerse al día con varias vacunas y completar la inscripción online para ganarse un lugar en las aulas.

Más que una salida laboral, al hablar con algunos de los 300 estudiantes se nota que se trata de algo más. Es una oportunidad de estudiar para mejorar y dar un buen ejemplo a los más chicos de la familia. “Están orgullosos de que yo estudie”, cuenta Sandra Vega, de 42 años, sobre sus dos hijos. “Me sirve para incentivarlos a prepararse y avanzar en la vida”, agrega en la puerta de un aula para prácticas que simula ser la habitación de un hospital.

Para Marisol Torres Espíndola, de 41, es una experiencia única estudiar con Iván, su hijo de 20 años e impecable ambo blanco. “Fue una casualidad”, asegura ella, que estudia a la mañana y trabaja a la tarde. “Verlos estudiar me encanta, y a ellos, verme hacerlo, también. Estar de este lado y ver a los hijos poner empeño es muy gratificante”, admite.

Marina Llampa, de 35 años, también se emociona al hablar. “Estamos muy felices de que se nos hayan abierto las puertas para poder ser profesionales -dice-. Con la escuela en el barrio, casi nos obligaron a estudiar.” Ella vive en la villa 20 desde hace 15 años, cuando llegó de Bolivia. “Me gustaría trabajar en un hospital público para devolver a la Argentina lo mucho que me dio”, reflexiona.

El plan de estudios es el mismo que se cursa en la sede central de la escuela Grierson, dependiente del Ministerio de Educación porteño, situada en la calle Ambrosetti, en el hospital Durand. Las prácticas las realizan en los hospitales Ramos Mejía, Álvarez, Tornú y Santojanni.

La mayoría de los alumnos de la sede de Lugano se inclina por trabajar en el sistema público de salud, que reclama más enfermeros. En los 34 hospitales porteños hay 9500 enfermeros y 15.000 médicos. La escasez de recursos humanos en enfermería ha sido una constante.

“No hay concesiones. Son estudiantes iguales a todos y demuestran muchísima capacidad. El compromiso que tienen es único”, asegura Estela Troisi, vicerrectora de la escuela.

Magdalena Barrionuevo es la docente que más conoce al grupo que va a egresar. En los pasillos, algunos aseguran que ya se emociona con los preparativos de lo que será la ceremonia de agosto.

Lo mismo le pasa a Jeaneth Torres, de la junta vecinal. Cuando se inauguró el edificio del colegio secundario del polo educativo, el segundo piso quedó vacío. “Las chicas del barrio querían estudiar enfermería y me decían que no tenían muchas posibilidades en la sede de Ambrosetti. Que se anotaban y salían sorteadas muy pocas -cuenta-. Entonces, me presenté en la bedelía de la escuela Grierson y pedí hablar con la rectora.”

Primero, consiguió diez cupos, que aprovecharon algunos vecinos del barrio. Luego, Di Scala la llamó para confirmarle la apertura de la sede en la villa. Ahora, Torres aspira a lograr la apertura del turno tarde. “Muchas madres que no pudieron seguir cursando a la mañana porque tienen que trabajar, pero podrían retomar por la tarde”, dice.

Muchos estudiantes aspiran a mejorar la calidad de la atención y hasta reparar el maltrato que alguna vez sufrieron o presenciaron en un hospital con familiares, amigos o vecinos. “Quiero llegar con la enfermería adonde casi no llega la atención de la salud. Mucha gente tiene miedo de ir a un hospital. Vi a médicos y enfermeros tratar muy mal a muchos de esos pacientes. Yo también lo sufrí”, cuenta Abigail Mollo, de 23 años. Minutos antes, prefirió permanecer sentada durante una práctica. Tiene fecha de parto para pasado mañana y el saco del ambo blanco deja ver la panza.

Giselle Cruz, de 21 años, a punto de egresar. “Aprendí demasiado. Entré con una expectativa y me llevé muchísimo más: las prácticas, la calidez y la calidad de los docentes, los contenidos, la contención”, sintetiza. Y se ilusiona con estudiar dos años más para obtener la licenciatura en enfermería y especializarse en salud mental.

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