Buenos Aires, 23/03/2017

Jorge Janco, el artista callejero que destella con una lapicera negra

Luego de que a su hija le diagnosticaran un quiste tumoral en la rodilla, el dibujante no tuvo otro remedio que viajar a Buenos Aires. Allí, sin un peso, se dispuso hacer lo que mejor le sale: retratar los edificios emblemáticos de la ciudad. Ha...

(CABA) Sentado en un banquito en la arcada de un edificio antiguo, el artista callejero Jorge Janco se pierde entre pequeñas líneas oscuras que dibuja en una hoja blanca. Esas líneas que hasta hace un momento eran insignificantes ahora se transforman en una gran ventana con cortinas de estilo Luis XV. Está dibujando el Museo de Arte Decorativo, con sede sobre la Avenida del Libertador, pero lo hace instalado frente al Palacio Duhau.

El sol alumbra tímidamente la esquina de la avenida Alvear y Montevideo, en Recoleta, no logra entibiar la fresca y ventosa tarde. Pero el frío no intimida a este artista jujeño que desde hace 12 años intercala su vida entre la Capital y San Salvador de Jujuy para ganarse la vida dibujando edificios emblemáticos porteños.

Pasa sus días en diversos rincones de la ciudad, pero principalmente de ese barrio, donde crea obras de arte con sólo una lapicera negra. Los vecinos se detienen a saludarlo continuamente. “¡Hola, Jorge! ¿Estás acá hoy? -indaga uno vecino-. Después nos vemos.”

Aunque dibuja desde chico, antes de profesionalizar su veta artística Janco trabajaba en el ingenio azucarero Ledesma. No imaginaba que su vida daría un vuelco y que, casi de casualidad, terminaría dibujando en las calles porteñas y cotizando sus obras en $ 30.000. Tampoco, que expondría en las mejores galerías de arte tres veces al año ni que el próximo enero viajaría a Europa para probar suerte.

En 2004, Janco ya había renunciado a Ledesma y diseñaba impactos visuales móviles para distintas empresas y cadenas de supermercado. “Me iba muy bien”, dice. Un día llevó al médico a su hija más chica y le diagnosticaron un quiste tumoral en la rodilla. La recomendación de los especialistas fue clara: había que viajar a Buenos Aires.

“Cuando salí de la estación de ómnibus, en Retiro, quedé impresionado con la estructura de la terminal y con la Torre de los Ingleses. Le pedí al taxista que, antes de llevarnos hasta el hotel, nos paseara por las zonas más lindas que hubiera en el camino”, recuerda. “Tengo que hacer algo con esto”, pensó. A los 15 días, ya sin dinero, se fue a dibujar frente a un edificio cualquiera y comenzó a vender dibujos a $ 10 para subsistir.

Su primer obra grande fue un dibujo del Congreso de la Nación, la vendió a $ 300. El Teatro Colón, los palacios Anchorena y Estrugamou, la Casa Rosada, la embajada de Francia, todos ellos y más fueron retratados por el artista.

Un año después fue invitado a hacer su primera muestra en una galería de la calle Arroyo. Fue un antes y un después en su vida: “Al otro día me puse a dibujar en la calle como siempre y toda la gente me saludaba; los taxistas y los colectiveros me tocaban bocina”. Una nota en la revista la nacion le había dado notoriedad. “No aguanté la presión afectiva y el mismo día regresé a Jujuy. A Buenos Aires no volví por un mes”, recordó.

Al regresar, se propuso hacer una exposición anual como mínimo y tres como máximo. “Ahora mi objetivo es viajar a Europa, nunca estuve allá. Voy a ir a Francia, Holanda, Alemania, Inglaterra, para retratar castillos y palacios que están en las praderas. Estaré atento a alguna propuesta, siempre surge algo en el camino. Mi idea es ir dos o tres meses por el verano. Si me va bien, podré alternar entre la Argentina y Europa.”

Este año espera cerrarlo exhibiendo algunas de sus obras en el Museo de Arte Decorativo, el mismo que dibuja con líneas gruesas negras en una esquina de Recoleta. “Creo mucho en la energía de las cosas, esto que se ve no son líneas ni puntos, son vibraciones. Mis dibujos son el resultado de una relación entre el objeto y yo. Nadie me enseñó a dibujar, desde que tengo uso de razón mi mano ya dibujaba así. Es incomprensible.”

FUENTE: LA NACIÓN

S.C.

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