Buenos Aires, 25/11/2017, edición Nº 1837

Jorge Canavesi, el gran DT de básquet de los años 50

Los recuerdos siguen dejando huellas en el presente: desde el 27 de agosto formará parte del Salón de la Fama de la Federación Internacional de Básquetbol

(CABA) A sus 96 años, Jorge Canavesi, el responsable de haber llevado por única vez a nuestro país al primer puesto en un Mundial de Básquetbol -el glorioso Campeonato del 50-, pasa sus días en la tranquilidad de su casa de Tortuguitas, reflotando anécdotas que viven en sus paredes a modo de medallas, banderines y reconocimientos. Los recuerdos, lejos de ser meras remembranzas, siguen dejando huellas en el presente: desde el 27 de agosto formará parte del Salón de la Fama de la Federación Internacional de Básquetbol (FIBA).

Y es que hubo una primera generación dorada del básquet, que tuvo a Jorge Canavesi como su conductor. La consagración de Argentina en el primer Mundial de Básquet que se celebró precisamente aquí puso a ese deporte en un lugar privilegiado.

Su relación con el deporte empezó mucho antes. Desde chico se entrenó en voley y tenis de mesa en un gimnasio de Parque Chacabuco y luego en Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, pero fue de la mano del basquetbol que comenzó a crecer. Mientras cursaba el profesorado de Educación Física, llegó a practicar softbol y beisbol en primera. El primer paso importante: haber dirigido la selección de básquet de la Capital. “Luego tomé la conducción del básquetbol argentino hasta que fui a los Juegos Olímpicos del 48. Ahí ya veo que estábamos compitiendo bien, perdimos por muy pocos puntos con Estados Unidos. Cuando volví les dije a los dirigentes que estábamos en condiciones de competir internacionalmente” recuerda hoy Canavesi, sentado en silla de ruedas por su artritis.

El armado del equipo fue un capítulo aparte: “Sugerí formar un plantel y me dieron la oportunidad de recorrer el país. Elegí los jugadores, los preparé y estuvimos meses trabajando alojados en River Plate. Imaginate, fue un acontecimiento que Argentina se destacara así y le ganamos la final nada menos que a Estados Unidos por 14 puntos, les dimos el pesto”, relata con la picardía que lo caracteriza. A la final llegaron invictos.

El envión de la victoria hizo que los equipos que siguió dirigiendo fueran subcampeones panamericanos el año siguiente, obtuvieran el cuarto lugar en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952, fueran campeones universitarios en Alemania en 1954 y campeones Juveniles Sudamericanos en 1955, en Cúcuta.

Durante esos años tuvo su segundo hogar en la Quinta de Olivos. Recomendado por el ministro de Educación de Perón estuvo cuatro años a cargo de 2500 jóvenes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) que copaban el predio con el fin de practicar deportes.

Y es que la historia de Canavesi es tan memorable como influida por los vaivenes de la historia. Teniendo en cuenta el rol que el deporte puede ocupar en la arena política -y los diversos fines con los que se lo ha utilizado- puede dimensionarse el modo en que es capaz de condicionar la vida de sus protagonistas. En el caso de Canavesi, implicó tanto haber recorrido el país para armar un equipo en condiciones de ganar, como haber tenido que irse de la ciudad durante la autodenominada Revolución Libertadora, que condenó a muchos de los deportistas que habían triunfado durante la época de Perón.

El detonante: una cláusula en el reglamento que decía que el básquetbol era un deporte amateur. La estrategia: proclamar que por haber recibido algo a cambio de jugar –Perón les había otorgado un permiso para importar un auto- los deportistas eran profesionales, entrando en contradicción este profesionalismo con el amateurismo.

Hoy pasa sus días un tanto triste por los coletazos que trae aparejado el paso del tiempo: su esposa está internada con Alzheimer y está atravesando la tragedia de haber perdido un hijo. Para no desanimarse, disfruta de tocar el piano junto a sus siete nietos y sus dos bisnietas, y espera sentirse en condiciones de viajar las 17 horas que lo separan de Suiza, para asistir a la ceremonia que dejará estampada su figura en una de las paredes de la institución mas importante del básquet. NT

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