Buenos Aires, 25/11/2017, edición Nº 1837

Intentan recuperar el legendario Mirador de Chacarita

Lo hizo construir un inmigrante a fines del siglo XIX. Ahora, por iniciativa de los vecinos, intentan devolverle su esplendor.

(CABA) Hay un Palermo que no es tan glamoroso ni bohemio “chic” como Palermo Viejo ni tan festivo y “cool” como el Palermo Hollywood. Algunos lo llaman Palermo Death por albergar el cementerio de la Chacarita. Lo cierto es que esta zona todavía apacible y de anónimas casas bajas también tiene su carácter especial.

Sin duda una manzana que le da un rasgo identitario es la delimitada por las calles Loyola, Bonpland, Aguirre y Fitz Roy. Allí de entre una añosa arboleda de olivos, magnolias y palmeras, emerge una singular y casi misteriosa cúpula de hierro y vidrio. Se trata del Mirador Comastri, una antigua casona de planta cuadrada construida entre los años 1870 y 1875 en estilo renacentista italiano que gracias a la movilización de los vecinos y al tataranieto de su original propietario, don Agustín Rafael Comastri, se salvó de la piqueta y hoy está en proceso de reconstrucción.

En una de esas manzanas, Comastri le encargó al arquitecto Eugenio Biagini una casona para su ya multitudinaria familia al estilo de las señoriales viviendas campestres llamadas “villas”. Biagini la enclavó estratégicamente en el terreno. La hizo de planta cuadrada, simétrica con una importante galería en el acceso y con los pisos superiores que se van escalonando hasta rematar un particular mirador de acero y vidrios de colores. Y uno de los pocos que queda en pie en Buenos Aires.

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El problema es que hasta pasada la década del 70, la conciencia sobre el patrimonio sea arquitectónico, paisajístico, histórico o inmaterial era inexistente tanto en los circuitos académicos como en la opinión pública. Sobran ejemplos de casonas, palacios, magníficos edificios demolidos o mal intervenidos. En el caso de la “villa” Comastri además de dejarla caer casi hasta el estado de ruina, le “pegotearon” construcciones, que seguramente serían necesarias, pero a los ojos y criterios de hoy son totalmente desafortunadas ya que este tipo de edificio, derivado de las villas palladianas, debe ser exento para que se puedan percibir sus cuatro fachadas.

Pero los tiempos cambiaron y gracias a la iniciativa y movilización de los vecinos, de la colaboración del Centro Vecinal de Participación, de la Junta de Estudios Históricos de Chacarita y Colegiales, de la Asociación de Amigos del Parque Los Andes y el seguimiento persistente del arquitecto Raúl Comastri, entre otros, el edificio y el predio está en vías de recuperación.

El edificio pasó de manos del Ministerio de Educación al de Cultura porteño; en 2004 la Legislatura lo declaró Sitio de Interés Cultural y fue Catalogado con Protección Estructural por la normativa de Areas de Patrimonio Histórico. Y ya se cumplieron las dos primeras etapas de la restauración. Los equipos de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural del Gobierno porteño consolidaron su estructura, restauraron los revoques exteriores, las carpinterías, la galería y la galería que da al frente. También recuperaron su esplendor los interiores de una de las alas del edificio. Ahora falta una tercera etapa, en la que además de recuperar el resto de las habitaciones del edificio y los jardines, el proyecto del Gobierno incluye “correr” el cuerpo posterior que no es original para volver la villa a su condición natural. NT

 

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