Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Ingrid Briggilie, la joven mente detrás de la app para hacer consultas médicas por videollamada

Es ginecóloga y obstetra y se paró frente a cinco inversores con nada más que una idea. Cómo funciona Llamando al doctor, su último proyecto.

(CABA) Algunos años atrás, Ingrid Briggilier, ya con el título de médica por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) bajo el brazo, empezó a aparecer en las noticias. No era, como suele suceder con los profesionales de la salud que figuran en los medios, por ser ella una fuente predilecta por los periodistas para debatir sobre temas médicos. La razón de su breve estrellato fue, en cambio, el viaje que la joven realizó cerca de mediados del 2011: una travesía por Colombia, Venezuela, Costa Rica, Nicaragua y México con el sólo objetivo de conocer a su ídolo, el escritor Gabriel García Márquez.

Con 23 años, esa meta no fue la primera –ni la última– que esta inquieta mujer oriunda de Santo Tomé se propuso a lo largo de su vida. De hecho, entre sus hazañas se encuentran el aprender el arte del macramé y convertirse en docente y artesana de ese tipo de tejido durante su época de estudiante, hasta transformarse el año pasado en emprendedora de alto vuelo, cuando el Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social (CITES) invirtió U$S 355 mil en su última gran idea: de desarrollar Llamando al doctor, una aplicación para hacer consultas médicas por videollamada en cualquier momento del día, todos los días del año.

La semilla que dio fruto a su emprendimiento la plantó cuando todavía estudiaba Medicina en la UNR. “Desde que empecé a hacer las prácticas comencé a convivir con médicos cuyos pacientes los querían contactar a cualquier hora, en cualquiera momento; y los primeros, aunque terminaban dando su teléfono, lo hacían con cierto malestar, porque no cobraban honorarios por esas consultas”, explica Briggilier, en diálogo con Mujeres que hacen. Aunque en un primer momento se le ocurrió crear una línea “tipo 0600, de las que te cobran por llamada”, después creyó que eso no era viable y se dedicó a terminar su carrera universitaria.

Cuando su recorrido por el centro del continente americano para conocer al autor de “Cien años de soledad” –experiencia que documentó en el blog 90diasxelCaribe– llegó a su fin, la joven se instaló en Buenos Aires para hacer su residencia en ginecología y obstetricia, momento en el que ella pasó a ser “la médica que recibía las llamadas de los pacientes”.

Terminada su especialización, Briggilier se fue de vacaciones con su novio y una pareja amiga. “El chico era ingeniero en sistemas y hablamos todo el viaje sobre cómo implementar esta idea que yo tenía, así que volví y con lo que había ahorrado entre guardias y consultas particulares le pagué $ 100 mil a un grupo de desarrolladores para que hicieran la aplicación”, cuenta la médica. Sin embargo, y a pesar del elogio de sus colegas, el primer desarrollo de la emprendedora no logró tomar vuelo y la ideóloga terminó cajoneando el proyecto.

Fue en 2016 que todo cambió. “Me convertí en jefa de residentes en la Unidad Asistencial Dr. César Milstein, y empecé a ver muy cerca mi vuelta a Santa Fe”, relata la emprendedora. “Como una última oportunidad, decidí anotarme en Experiencia Endeavor, donde participé del espacio Conecta Inversor, en el que chicos con proyectos se pueden contactar con inversores interesados en llevar a cabo la idea que ellos tienen”.

Briggilier se paró nerviosa frente a 5 inversores y contó su propósito. Tras su exposición, todos prometieron mantenerse en contacto con ella, salvo uno. “La gente del CITES, del grupo Sancor Seguros, me dijo que estaba muy interesada en volver a verme; al poco tiempo nos reunimos, contratamos a una persona que se encargaría de la parte técnica de todo y empezamos de cero a trabajar en un desarrollo nuevo”, recuerda emocionada.

A través de su socio, Briggilier consiguió a su primer cliente, la prepaga Prevención Salud, con 52 mil afiliados. “Cada afiliado tiene un número de videollamadas gratis por mes según su plan, aunque un padre o una madre pueden llamar en nombre de su hijo sin gastar sus videollamadas”, detalla la santafesina, que agrega que el servicio “está dividido en tres especialidades: medicina general, pediatría y ginecología; y antes de que el desarrollo te contacte con tu médico, tenés que describir el porqué de la consulta”.

Llamando al doctor cuenta con una cartilla de prestadores a los que paga por consulta atendida, mientras cobra a las prepagas un abono mensual por permitir a sus afiliados utilizar su servicio.

Según la mujer detrás de este desarrollo, “la idea es que los médicos pueda generar su propia agenda, y que dentro de la misma aplicación activen o desactiven su disponibilidad cuando ellos lo consideren”. Sobre la reacción de sus colegas a la hora de decidir si sumarse o no a este tipo de servicio, comenta: “Es muy disruptivo, pero todos están acostumbrados a recibir llamadas; y esto se trata de atender consultas de baja complejidad que no requieren examen físico y son importantes para los pacientes, no emergencias médicas. Además, la llamada queda registrada como un acto médico, una historia clínica”.

A la hora de enumerar las consultas más frecuentes, Briggilier señala a casos de gripe, erupciones cutáneas, fiebre o gastroenteritis. Por su parte, las recetas que más se expiden son aquellas destinadas a la compra de pastillas anticonceptivas.

“Dejé mi trabajo formal y hoy me dedico 100 por ciento a lo que más me apasiona”, expresa, y luego concluye: “Mi idea es poder ofrecer este servicio a otras empresas de medicina prepaga, a las obras sociales e incluso al Estado. Hay varios modelos de negocios que estamos empezando a considerar”. NR

Fuente: Apertura

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