Buenos Aires, 20/09/2017, edición Nº 1771

Imponen nuevas exigencias para que las fiestas de egresados en la Ciudad sean más seguras

La Agencia Gubernamental de Control dispuso nuevas regulaciones. Este año se realizarán unas 300.

(CABA) Cada año, los estudiantes de 5° año repiten un ritual: además de organizar su viaje a Bariloche, programan una celebración en un boliche para despedirse del secundario. En la Cámara de Empresarios de Discotecas de Buenos Aires (CEDEBA) estiman que este año se realizarán 300 fiestas de egresados. Cada una cuesta entre $ 120.000 y $ 150.000 y las fechas se reservan cada vez con mayor anticipación. La venta de alcohol está prohibida, pero muchas veces los chicos llegan borrachos porque toman en las “previas”. Para que las fiestas sean más seguras, la Agencia Gubernamental de Control impuso más exigencias. Sólo se pueden hacer entre septiembre y diciembre, en alguna de las 153 discos inscritas en el Registro Público de Locales Bailables. Además, deben estar presentes cinco padres responsables.

“Mi hijo está en 4° año y ya en marzo con sus compañeros reservaron fecha en un boliche para hacer su fiesta de egresados en diciembre del año que viene -cuenta Sebastián Cantero-. En el caso de ellos, la misma empresa contratada para su viaje de egresados ofreció pagarles la fiesta”.

“Las fechas para las fiestas de egresados se reservan entre 6 y 12 meses antes, porque los chicos de 4° año ya prevén lo que van a hacer en 5° -confirma Gerónimo Antognozzi, directivo de CEDEBA-. Buscan locales grandes, porque tienen la fantasía de que los van a llenar y no son tantos los boliches con esas condiciones. Según el tamaño del lugar, el costo de la fiesta equivale a entre uno y tres viajes a Bariloche. En algunas hay barra libre de agua y gaseosa. No se vende alcohol. Es más, se saca de la exhibición todo producto alcohólico”.

Hace diez años, el Ejecutivo sacó una primera resolución que regulaba estas fiestas. Desde entonces se requirió que los padres de cinco estudiantes firmen una declaración jurada comprometiéndose a quedarse durante todo el festejo y a hacerse responsables de las conductas de los chicos. Pero un inspector de la AGC detectó que las mismas cinco personas firmaban como responsables en distintas fiestas. En CEDEBA afirman que eso pasaba porque había organizaciones que hacían matinés y las hacían pasar como fiestas de egresados para que pudieran entrar chicos de una franja de edad más amplia. Porque en las matiné, sólo entran adolescentes de 15 a 18 años.

Por eso, en 2016 la AGC sacó otra resolución con más exigencias. Ahora, las fiestas de egresados sólo se pueden hacer en septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Y, además de la declaración jurada, los cinco padres responsables deben presentar las partidas de nacimiento autenticadas de sus hijos, que tienen que ser alumnos de la institución que hace la fiesta. Diez días antes del evento, el boliche debe pedirle a la AGC un permiso especial incluyendo esa documentación, más un contrato firmado con los padres de todos los alumnos detallando fecha, hora y cantidad de asistentes a la fiesta.

Los locales bailables donde se realizan las fiestas deben estar habilitados e inscritos en el Registro Público de Locales Bailables de la AGC, que todos los fines de semana fiscaliza más de 200 bares y boliches”, subraya Ricardo Pedace, el director de la Agencia. El Registro se puede consultar en data.buenosaires.gob.ar/dataset/locales-bailables y cuenta con 153 locales habilitados.

Durante el festejo, los padres responsables y los representantes legales del boliche deben asegurarse de que se cumpla a rajatabla la prohibición de vender o consumir alcohol. “Nuestros inspectores van a todas las fiestas informadas, para verificar las medidas de seguridad del lugar, que se cumpla con la prohibición de la venta de alcohol, que la cantidad de vigiladores sea la exigida y que los representantes del local y los padres estén presentes”, detalla Pedace.

“El problema es que los chicos suelen hacer una fiesta previa -apunta Antognozzi-. Y sigue habiendo bares que ofrecen ese servicio y trencitos o colectivos que son discos móviles, donde los chicos toman mucho alcohol en poco tiempo. Suele haber muchos descompuestos. Y para lidiar con los menores que llegan alcoholizados o impedir que entren con petacas, la presencia de los padres responsables en el boliche es una gran ayuda para nosotros”. NR


Fuente consultada: Clarín

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