Buenos Aires, 25/11/2017, edición Nº 1837

¿Qué implica el “touch and go”?

En este tipo de encuentro, será fundamental tener en claro las reglas

(CABA) Días pasados la atención estuvo centrada en el desarrollo de la Copa América, sin dudas una vez más el sentimiento nacional se traducía en alentar un equipo y millones de ciudadanos proyectaban anhelos de triunfo. Para muchos sigue abierta la herida porque la Selección no pudo alzar la copa; otros siguen minuto a minuto la decisión de “Lio”; conceptos futbolísticos son el eje en los medios masivos de comunicación, en las redes sociales, en reuniones familiares y en más de una ocasión enciende debates en la mesa de un bar y en el taxi.

Hay un vocablo de la jerga futbolística que se ha popularizado a tal punto que de un tiempo a esta parte se lo utiliza para caracterizar un tipo de relación humana. Luis Pentrelli, quien jugó en Racing entre 1955 y 1960, acuñó la frase “toco y me voy” para representar una jugada, sin imaginar que en pleno siglo XXI se incorporaría al lenguaje popular como sinónimo de “no comprometerse”.

Tocar y pasar la pelota en términos futbolísticos, o “touch and go” –como se dice en inglés- es uno de las expresiones más empleadas para explicar un tipo de vínculo en el que las premisas son el desapego, el encuentro íntimo ocasional y no hay lugar para el enamoramiento. Contactos más que relaciones, se suceden sin ataduras ni restricciones, persiguiendo la búsqueda de placer por el placer en sí mismo. A diferencia de la construcción de un lazo que se cultiva, que se teje artesanalmente día a día y, que requiere tiempos y espacios específicos para el conocimiento mutuo, la aceptación de las diferencias, el goce por las coincidencias y la invitación a diseñar un proyecto que perdure a lo largo del tiempo, la relación “toco y me voy” es parte de quienes desean “corresponderse” sabiendo que todo se desecha en poco tiempo y no hay expectativas para que la atracción inicial pueda ser reciclada en un vínculo posterior.

Afirmar que es un relación a la que adhieren los hombres con posturas machistas sería simplificar el análisis, pues como dice el refrán siempre “hay un roto para un descosido”, y en todas las relaciones ambas partes tienen grado de responsabilidad, pero lo cierto es que a la hora de cotejar heridas está comprobado que las mujeres son las que más lagrimas van a derramar. Si bien muchas, en el afán de explorar sensaciones nuevas, poner a prueba su capacidad de aceptación y su erotismo acceden esta forma de relación y salen airosas, por mandatos culturales, por sistemas de creencias que recorrieron generaciones atravesando todo el árbol genealógico, y porque la infancia de muchas mujeres estuvieron signadas por la Cenicienta, lo cierto es que a este tipo de citas no se puede acudir con la expectativa de que surja un historia de amor, mucho menos con los tules de novia en la cartera.

Será fundamental tener en claro las reglas del juego y aceptar que una relación fundada en “toco y me voy” no implica posteriormente compartir cenas, paseos y mucho menos esbozar un camino común, sino que es un encuentro íntimo en el que se busca la autosatisfacción y pasar un buen momento, tal como dice la canción infantil “cada cual atiende su juego”; si lo que se pretende es amor y complicidad no es recomendable este juego de dos participantes con las características del “solitario”, pues como dijo Pablo Neruda: “algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.”. NT

Fuente: Rouge

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