Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

El hotel Sofitel cierra sus puertas y el destino del histórico edificio de Retiro es incierto

Dejará de funcionar en un mes. La torre fue inaugurada en 1929.

(CABA) Quince años atrás, cuando abrió, fue noticia. Un grupo de extranjeros había elegido una torre palaciega de Retiro para instalar un hotel de lujo, el primero de la cadena francesa Accor en el país. El edificio, en la calle Arroyo, estaba deteriorado y la crisis de 2001 fresca. Pero el mercado hotelero necesitaba estructuras de calidad para recibir a los turistas internacionales que empezaban a llegar, seducidos por las ventajas de un tipo de cambio favorable. Visto hacia atrás la historia era pura expectativa. Quince años después, algo se rompió. El hotel Sofitel Buenos Aires Arroyo cierra dentro de un mes y su fin lo vuelve, otra vez, noticia.

“Luego de 15 años ininterrumpidos, Sofitel Buenos Aires Arroyo termina sus operaciones”, es el inicio de un comunicado -muy breve- que difundió la marca. El 17 de diciembre, según dijeron a Clarín, vence el contrato de alquiler que la cadena de hoteles tiene con el propietario del edificio de Arroyo 841. Y no habrá renovación.

Cuando Arroyo se hace curva y deja atrás el espacio vacío de la Embajada de Israel, aparece una torre en medio de la manzana. Es la construcción que el empresario naviero Nicolás Mihanovich mandó a levantar en 1925. La pensó como un edificio de tres sectores: dos torres de siete plantas y una inmensa de 20 pisos, con un mirador y un faro en la punta. Dicen que el empresario la había ideado así para que fuera lo primero que vieran los pasajeros que llegaban en barco a Buenos Aires. Una visión menos romántica también dice que aspiraba a que funcionara como edificio de rentas. La obra se inauguró en 1929, cuando Mihanovich ya había muerto. Durante 73 años fue un rascacielo de departamentos en alquiler.

A principios de los 2000, inversores extranjeros, encabezados por el entonces director general del grupo Accor para Latinoamérica, llegó a Buenos Aires en busca de un punto donde instalar un hotel de la cadena francesa. Recorrieron la Ciudad y en uno de esos itinerarios quedaron deslumbrados con la torre Mihanovich, también conocida como torre Bencich, por ser la familia de origen austrohúngaro la encargada de la obra y futura propietaria.

Convertir un edificio de rentas en un hotel cinco estrellas, con 140 habitaciones, cuatro salones, un restaurante francés, un café, un bar y un gimnasio, entre otros espacios, fue una tarea compleja. “Por la magnitud, demandó menos de lo que creíamos: un año como proyecto y otro de construcción”, dice el arquitecto Daniel Fernández, a cargo de la readecuación. “La mayor dificultad fue ampliar un sótano de tres metros de profundidad a uno de 11, sin que se moviese ninguna estructura troncal y con gente trabajando arriba”, agrega. Por esos días se excavaron dos subsuelos. Como si fuese un túnel de escape de una cárcel, en pocos meses sacaron 5.000 metros cúbicos de tosca.

Otro de los desafíos fue unir las tres torres. Para eso se hicieron conexiones, y abrieron un lobby y un gran jardín de invierno. La restauración, que también incluyó la recuperación de los revoques símil piedra, demandó más de 25 millones de dólares. Aún sorprendido con la noticia del cierre del Sofitel Arroyo, el arquitecto Fernández especuló: “No creo que vayan a venderlo. Seguramente se reconvertirá, será usado por otra cadena o tendrá otro destino comercial”.

En 2002, cuando se transformó en hotel, se estableció una alianza comercial entre la cadena y los Bencich. La propiedad seguiría siendo de esa familia, que, según trascendió, en el último tiempo estaba disconforme con el alquiler que percibían. El metro cuadrado en esa cuadra de Arroyo ronda los 3.500 dólares.


Fuente consultada: Clarín

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