Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Hospitales públicos de la Ciudad denuncian una agresión cada 24 horas

La violencia no da tregua y también afecta a los hospitales públicos, sobre todo los del sur porteño. Hay amenazas, golpes y hasta presencia de armas de fuego. (CABA) Un borracho golpea a un cirujano plástico y le quiebra un dedo. El padre de una paciente, enojado por las demoras, le pega a un radiólogo. Un hombre amenaza con un arma al jefe de cirugía para que altere la lista...

La violencia no da tregua y también afecta a los hospitales públicos, sobre todo los del sur porteño. Hay amenazas, golpes y hasta presencia de armas de fuego.

hospital-pinero-continua-custodia-establecimiento_IECIMA20110413_0006_7

(CABA) Un borracho golpea a un cirujano plástico y le quiebra un dedo. El padre de una paciente, enojado por las demoras, le pega a un radiólogo. Un hombre amenaza con un arma al jefe de cirugía para que altere la lista quirúrgica y operen antes a su familiar. Los casos no son hipotéticos. Los dos primeros ocurrieron en el hospital Argerich y el segundo, en el Piñero. En la Asociación de Médicos Municipales reciben una denuncia por día por agresiones al personal de los hospitales porteños. El violento intento de amigos y familiares para rescatar a un herido de bala del Santojanni, el martes pasado, vuelve a poner en la vidriera un problema que va en aumento.

Una vez por día recibimos una denuncia de agresión a equipos de salud –afirma Jorge Gilardi, presidente de la Asociación de Médicos Municipales (AMM)–. Esos actos van desde insultos y presiones psicológicas hasta empujones, golpes y amenazas. Nosotros les pedimos a los médicos que hagan la denuncia policial y en un par de casos ya conseguimos sentencias de probation. Además, impulsamos un proyecto en la Legislatura para que los agresores no puedan volver a ingresar a centros de salud, a menos que sea como pacientes”.

Lamentablemente, estamos viviendo episodios violentos múltiples por parte de las personas que van a los hospitales –admite la ministra de Salud porteña, Graciela Reybaud–. Golpean a los médicos, administrativos y enfermeros. Bajan 20 personas de un micro con un herido y le dicen a un médico ‘Lo salvás o te quemamos’. El que recibe a ese herido y lo tiene que operar, se ve obligado a trabajar en una situación muy estresante”.

En abril de 2011, el Gobierno Nacional retiró a 1.200 agentes de la Policía Federal que cumplían adicionales en 114 edificios públicos de la Ciudad, incluyendo los hospitales. Los médicos municipales protestaron con varios paros, pero la Federal no volvió. La seguridad quedó a cargo de empresas privadas y, en las comunas 4, 12 y 15, de la Policía Metropolitana. Pero los vigiladores privados no tienen permitido tocar a una persona, aunque esté provocando disturbios.

Ante la escalada de violencia, los ministerios de Justicia y de Salud porteños y la Asociación de Médicos Municipales elaboraron nuevos protocolos de seguridad. “Se trabajó con los directores de cada hospital, para que cada uno tenga un protocolo específico en función de sus particularidades –explica Reybaud–. Se colocaron cámaras de seguridad, sensores que detectan si hay una intrusión en determinado sector y puertas antivandálicas en los accesos, que ante una alarma se cierran y son inviolables. Y hay un botón antipánico. Ante una situación de inseguridad, los guardias lo aprietan y acuden refuerzos de la Policía Metropolitana y más vigilancia privada. Gracias al protocolo, el martes en el Santojanni se evitó un mal mayor ”.

Los hospitales más conflictivos, coinciden Reybaud y Gilardi, son los de la zona sur: el Argerich, el Piñero, el Penna y el Santojanni. “La violencia se da especialmente en los hospitales de agudos, que son los que reciben más ambulancias con accidentados –dice la ministra–. En el Durand, el Fernández y el Pirovano, también hay episodios, aunque no tan violentos. Por ahí alguno grita exigiendo que lo atiendan, rompe una silla o sacude a un médico del ambo”.

En la AMM cuentan más casos. Como el de un médico del SAME que fue a un domicilio y le rompieron una vértebra de un palazo. O el de una enfermera del Centro de Salud 32, a la que hace 15 días le gatillaron un arma en la cabeza. Y aseguran que los agresores no son sólo de sectores marginales.

De hecho, en el Hospital Fernández, en pleno Palermo, también hay conflictos. “Llevé a la guardia a una amiga con gastroenterocolitis –cuenta Natalia Medina–. En la entrada hay una garita con un vigilador privado. Mientras estábamos ahí, alguien le robó el celular. Por las cámaras vieron que era una mujer que no estaba en sus cabales, a la que ya conocen porque va siempre diciendo que tiene EPOC. Le pidieron que lo devuelva y no lo hizo y le decía al guardia: ‘Usted no me puede tocar’. Al rato, una adolescente trajo a su novio, pasado de paco, vino y pastillas. La chica contó que había estado desaparecido tres días y que lo encontró tirado en Once. Todos, incluyendo bebés y ancianos, esperábamos en la misma sala, en la que también había borrachos y linyeras durmiendo ”.

La sociedad está absolutamente violenta hacia sí misma, y a eso se le suman problemas de drogas, delincuencia e impunidad –afirma Gilardi–. El hospital público está para atender a todo el mundo. Hacemos un llamado a toda la sociedad para que entienda que agredir a un hospital es agredirse a uno mismo. La biología no perdona y todos en algún momento necesitamos del hospital. Los médicos no nos queremos acostumbrar a trabajar así.Queremos usar guardapolvo blanco, no chaleco antibalas ”.

Fuente: Clarín

Comentarios

Ingresa tu comentario