Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Homenaje en C.C. Recoleta al arquitecto-artista Clorindo Testa

Autor de varias de las obras íconos de la arquitectura y el arte argentinos, tendrá su exposición homenaje en el Centro Cultural Recoleta. (CABA) Maquetas, dibujos, colores: solamente una Muestra Homenaje, a casi seis meses de su muerte, del genial Clorindo Testa, podía tener la vitalidad que presenta la exposición que se inaugura el viernes en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, en el marco de la XIV Bienal...

Autor de varias de las obras íconos de la arquitectura y el arte argentinos, tendrá su exposición homenaje en el Centro Cultural Recoleta.

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(CABA) Maquetas, dibujos, colores: solamente una Muestra Homenaje, a casi seis meses de su muerte, del genial Clorindo Testa, podía tener la vitalidad que presenta la exposición que se inaugura el viernes en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, en el marco de la XIV Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires. Un homenaje dentro del edificio que él mismo, junto a Jacques Bedel y Luis Benedit re-diseñó.

Artista plástico y arquitecto, la muestra podría haber presentado infinidad de obras de Testa y hubiera sido un recordatorio exitoso. Pero su curador, el arquitecto Juan Fontana, compañero de Clorindo en su estudio de calle Santa Fe por más de veinte años y hombre de su confianza, buscó ir más allá y evocar el espíritu de esos años de trabajo. Y la sala Cronopios se convirtió en usina de ideas.

La muestra tiene tres patas fuertes y varias perlas. Apenas entramos a la sala nos encontramos con una pared repleta de dibujos: bocetos y esquemas pertenecientes a treinta proyectos arquitectónicos y urbanísticos: garabatos de determinación exquisita.

Con el énfasis siempre puesto en el proceso proyectual, Fontana quiso además que la exposición funcione como contrapunto de la Bienal de Arquitectura, donde lo que predominan son proyectos terminados, “exitosos”. En la sala Cronopios asistimos a la cocina más auténtica del proceso creativo, donde pocas veces lo que importa son los resultados –excelsos– sino reflexionar sobre el espacio y el hombre que lo habita.

Si volvemos un poco sobre nuestros pasos hallamos una suerte de habitación pequeña. Desde adentro asoman una serie de tubos numerados: los planos en papel de cada una de las obras de Testa. El habitáculo blanco busca asemejarse al lugar original en el que esos archivos descansan en el estudio, pero inevitablemente nos remite a una experiencia de santuario: algo del orden de lo aurático se juega en esos papeles que alguna vez fueron sólo un objeto de trabajo.

Al fondo de la sala se encuentra Habitar, trabajar, circular, recrearse, una serie de paneles pintados en aerosol, del año 1974 y nunca mostrados de forma completa hasta ahora. Reflexión crítica sobre el proyecto urbanístico del Bajo Belgrano –del que él mismo había participado veinte años atrás–Testa ilustra con un estilo espontáneo la imposibilidad de realizar la utopía modernista en una ciudad donde habitar, trabajar y circular equivalen al hacinamiento y recrearse a derrumbarse frente al televisor.

El camino a esas pinturas está atravesado por una mesa con maquetas de papel y madera; pequeñas reflexiones lúdicas sobre algunos de los proyectos del estudio. También ahí están sus Apuntalamientos. El artista dio inicio en los sesenta a esta serie de intervenciones espaciales realizadas con vigas de metal o madera, no sin connotaciones críticas: el primero, Apuntalamiento para un museo, lo realizó en el Nacional de Bellas Artes; la arquitectura se vuelve instalación, la trama urbana el espacio a intervenir y el arquitecto y el plástico se funden en una misma intensidad creativa.

No faltan las referencias a sus proyectos más importantes: el Banco de Londres y la Biblioteca Nacional. También están el Forum de Tokio, la Universidad Di Tella, Ciudad Cultural Kónex, la Universidad del Salvador, el Museo de la Acrópolis y, por supuesto, el Centro Cultural Recoleta. Por último, un video de los últimos años, filmado por los mismos colaboradores jóvenes de su estudio, lo muestra con sus anteojos sobre la frente hablando de sus proyectos, pero también de la importancia de tomarse un café en soledad antes de empezar cada jornada, de la facultad y de por qué no puede resistirse a poner el capuchón correcto a cada uno de sus marcadores de colores.

Todo en Clorindo ha oscilado siempre entre la espontaneidad y la precisión. Así, la muestra se mueve entre el afecto, la admiración y el respeto por un hombre que, con la seriedad y el compromiso que sólo puede tener un niño al jugar, realizó algunas de las obras ícono del arte y la arquitectura argentinas.

Fuente consultada: Clarín

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