Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

Historia de la capilla del Cementerio Británico en Chacarita

Fue diseñada en 1930 por el mismo arquitecto que trabajó en la estación Retiro. En este cementerio están enterradas figuras representativas de nuestra historia.

(CABA) Entre 1865 y 1925 los galeses que se instalaron en el valle del río Chubut construyeron 34 capillas destinadas a los aspectos religiosos de la comunidad. Hoy sólo quedan 16 y es común verlas en lugares tradicionales como Gaiman o Dolavon, por nombrar algunas. Claro que aquel fervor religioso no fue solo propiedad de esos inmigrantes y de esa región de la Patagonia. Buenos Aires también tiene capillas que se relacionan con las tradiciones protestantes. Y un símbolo de eso puede ser la capilla del Cementerio Británico, una construcción que, por el decreto 525 del 21 de abril de 2010, fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Después de haber estado en distintos lugares de la Ciudad –junto a la iglesia del Socorro y luego bajo lo que hoy es la plaza 1° de Mayo–, el Cementerio Británico fue ubicado en la zona de Chacarita, como parte de las 97 hectáreas del gran Cementerio del Oeste. El diseño, realizado en 1930, estuvo a cargo del estudio encabezado por los arquitectos británicos Eustace Lauriston Conder, Sidney George Follett y Frances Farmer, aquellos que habían desarrollado y realizado la gran estación de Retiro, inaugurada en 1915. Pero fue Follett quien en 1942 realizó la capilla.

Sidney George Follett (Londres 1883-Buenos Aires 1968) había llegado a la Argentina en 1911 luego de ser seleccionado entre 120 arquitectos para participar justamente en el proyecto de la estación Retiro. Sus antecedentes de joven brillante fueron decisivos. Así se incorporó al estudio de Conder. Y con los años se convirtió en el arquitecto más representativo de las construcciones de las empresas británicas en el país. La clave maestra: la gran minuciosidad que ponía en sus obras.

Esa minuciosidad está presente en la capilla ubicada a metros de la entrada del Cementerio Británico, pórtico que también diseñó Follett. Realizada en ladrillos colocados con una impecable precisión, la obra tiene un cuerpo central compacto que muestra su robustez. Adentro, el techo revestido con madera (creen que utilizó roble) es parte de la sobriedad, sólo interrumpida por dieciséis sillas y dos bancos de vieja data, igual que las puertas del frente y las laterales. El altar, de mármol, tiene como única referencia un pequeño crucifijo de madera. Y en las paredes laterales cuatro grandes ventanales y otros dos más pequeños aportan luminosidad al lugar. Ese ambiente austero, tanto dentro como en la parte exterior, es lo que le otorga su belleza, similar a la de aquellas capillas galesas de la Patagonia.

britanico

Con entrada por la avenida Elcano 4568, el Cementerio Británico tiene a la capilla diseñada por Follett como un símbolo. Pero al margen de la importancia de esa construcción, importa también destacar que el lugar es un sitio abierto para que allí reposen los restos de personas de distintos credos. Y entre ellas, algunas personalidades que dejaron su huella en el pasado del país. En esa lista se puede mencionar al coronel Juan Bautista Thorne, figura de distintas batallas, incluida la heroica gesta de 1845, en la Vuelta de Obligado. También allí reposan los restos del famoso clown Frank Brown y los de las maestras Sara Eccleston, Jennie Howard, Minnie Amstrong de Ridley y Francis Bessler, aquellas docentes estadounidenses que llegaron a la Argentina a fines del siglo XIX, a instancias de Domingo Faustino Sarmiento.

Una mención especial merece otra ciudadana ilustre, cuyos restos también están allí. Se trata de Cecilia Grierson. Nacida en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859, Grierson era hija de colonos de origen irlandés y escocés. En su adolescencia trabajó como maestra rural. Sin embargo, su figura se destaca porque en julio de 1889 se graduó como médica en la Universidad de Buenos Aires. Fue la primera mujer de nuestro país en lograr ese título y hasta participó en la fundación de la Asociación Médica Argentina. Pero esa es otra historia.

Fuente: Eduardo Parise, Clarín.

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