Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

Hernán Vizzari: un coleccionista que convive con el “más allá”

Hernán Vizzari creó el primer museo funerario de Sudamérica. Tiene medallas, fotos y hasta llaves de ataúdes, entre casi mil objetos.

(CABA) Un aviso fúnebre escrito en croata, catálogos para adornar la tumba a gusto y bolsillo del consumidor, una llave que abre el ataúd de una mujer que murió hace 90 años, una tarjeta conmemorativa por el deceso de Eva Perón. Estos y muchos otros objetos forman parte del primer museo funerario virtual de Sudamérica, la recopilación histórica más inquietante que se conozca por estas pampas. Su creador, Hernán Vizzari (38), empezó hace nueve años y, a partir de ese momento, “no paré más”: hoy tiene casi mil piezas.

Desde chico, este porteño criado entre Chacarita y Versalles siempre se sintió cómodo y a gusto en un cementerio. “Nunca tuve miedo”, recalca, y se acuerda de las ancianas que veía “limpiando con lustramuebles el ataúd del marido, mientras escuchaban Radio Colonia”.

Sin embargo, su interés, enriquecido por una formación autodidacta, tiene para él un motivo muy racional: la desatendida necesidad de que se conserven los objetos que forman parte de la historia funeraria porteña. “Empecé a investigar y me di cuenta de que había toda una movida paralela a los cementerios: medallas de mausoleos, llaves, fotografías post mortem”. Todos esos objetos ahora forman parte de su vasta colección y, hasta que Vizzari encuentre un espacio físico donde exponerlos permanentemente, son exhibidos en su sitio Web, el primer museo funerario virtual en español.

Para desencanto de algunos, su realidad no transcurre entre tumbas, sepulcros ni casas velatorias. Hernán tiene una vida “normal”: trabaja a la mañana como repositor de una marca de lácteos en Palermo. Pero, a la tarde, su rutina cambia: llega a su casa y se pone a catalogar los objetos que compra, a hacer investigación histórica para libros (tiene uno editado junto con Omar López Mattos: “Ángeles de Buenos Aires”, sobre los cementerios de la Chacarita, Alemán y Británico) y a buscar nuevos lotes por Internet.

Con todo, las historias de espectros y fantasmas no le son ajenas. “A la mañana temprano es cuando más veo cosas, como que pasa algo a metros de mí, un color blanco grisáceo, es un segundo”. Según él, esa capacidad le viene de su mamá.

Además, Vizzari reconoce que vivir entre memorabilia funeraria no es lo más común del mundo. “Estas cosas tienen su carga energética negativa: son de dolor, de tristeza. Y, al principio, mi mujer me miraba medio raro. Pero nunca me trajeron ningún inconveniente”, dice. Y vuelve a mirar sus medallas, fotos y hasta el plano de un cementerio que no fue. Postales del pasado que no todos se animan a ver.

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