Buenos Aires, 18/12/2017, edición Nº 1860

Harley Davidson Fat Boy: un icono con más de veinte años

Presentada en 1989 y puesta a la venta al año siguiente, la “Fat” es para muchos la custom por antonomasia. Ha logrado sobrevivir a modas, crisis y duras competidoras, convirtiéndose en un auténtico objeto de deseo para millones de motoristas y en toda una referencia en un sector donde ha sido imitada hasta la saciedad. Pocas motos han sabido envejecer tan bien como la Harley Davidson Fat Boy. Empezaba la...

Presentada en 1989 y puesta a la venta al año siguiente, la “Fat” es para muchos la custom por antonomasia. Ha logrado sobrevivir a modas, crisis y duras competidoras, convirtiéndose en un auténtico objeto de deseo para millones de motoristas y en toda una referencia en un sector donde ha sido imitada hasta la saciedad.

Pocas motos han sabido envejecer tan bien como la Harley Davidson Fat Boy. Empezaba la década de los 90, cuando la MoCo daba con este modelo un puñetazo en la mesa, dejando bien claro quién era la marca custom por excelencia. Y no era para menos, durante los años anteriores la industria japonesa había ido recortando a Harley Davidson parte de su mercado tradicional a base de lanzar modelos con precios más económicos y que en muchos casos eran más atractivos que los creados a orillas del lago Michigan. Desde mediados de los 80, motos como la Honda Shadow, Kawasaki Vulcan y Suzuki Intruder se habían hecho un hueco importante en un sector que estaba viviendo su época dorada.

Pero en Harley Davidson dieron con la solución a esta sangría: por un lado lanzaron al mercado una moto que rompía con todo lo visto hasta la fecha y, por otro, arroparon a su nueva criatura con una campaña de marketing como jamás había acompañado a ninguna motocicleta de Milwaukee hasta entonces.

Una moto “Made in América”

Las principales características de la Fat Boy: un neumático gordo delante, montado igual que el trasero sobre llantas lenticulares; una horquilla de aspecto masivo, gracias a los protectores de las barras, la careta y el inmenso faro; unas plataformas de media luna, típicas de las cruiser de la marca; un depósito doble de gasolina con la instrumentación en el medio; unos grandes guardabarros y por supuesto su chasis Softail, que oculta la amortiguación trasera, consiguiendo la apariencia de un rígido. Se podría decir que era una versión desnuda de la Heritage Softail, aparecida en 1988, sin las alforjas ni la pantalla y con guardabarros más pequeños.

Para rizar el rizo y dentro de la propaganda que la acompañó en su nacimiento, el nombre de la moto y el gris metálico que la cubrió de cabo a rabo, dio pie a buscar cierto simbolismo patriótico: se especuló, que el nombre podía venir de mezclar los de las dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón durante la Segunda Guerra Mundial, FAT man y Little BOY, y su color era el mismo que lucían los B-29 que lo hicieron. Se estaba perdiendo la guerra comercial con el gigante japonés y este tipo de cosas gustaban en la era Post-Reagan.

Pero el clímax propagandístico llegó al año siguiente con Terminator-II. Con el “Bad to the Bones” de George Thorogood de fondo, Schwarzenegger le arrancaba su Fat Boy a un motero con pinta de tener malas pulgas y de repente todo el mundo quería una. Había nacido un mito.

El nuevo motor, todo suavidad

La mayor novedad del modelo Fat Boy para este 2012, es la incorporación del nuevo motor Twin Cam 103, que combina un acabado en polvo negro con el cromado de las aletas de refrigeración y las tapas de balancines, un propulsor de 1.690cc que mejora sobre el anterior Twin Cam, el 96B, en un considerable aumento del par motor. Durante la prueba, pudimos disfrutar de este punto en nuestra visita a la sierra madrileña, comprobando que prácticamente te puedes olvidar de bajar marchas a la salida de las curvas más ratoneras, simplemente abres gas y el inmenso bicilíndrico te saca sin apenas toser. Otro buen detalle es el nuevo cambio Cruise Drive de seis velocidades, ya presente en el modelo del 2011, que se hace muy útil a la hora de recorrer largas distancias en autopista, donde la 6ª relaja el motor hasta apenas sentir sus pistonadas, reduciendo su consumo y las vibraciones. Cuando se engrana esta marcha, aparece sobre la consola central una luz indicándonoslo, junto a la que conviven otros indicadores más o menos útiles para el día a día como es el de la entrada de la reserva. Éste, se combina con un odómetro que podemos seleccionar en el display digital del cuentakilómetros y que aparece automáticamente cuando entramos en reserva, avisándonos de los kilómetros que podemos realizar con la cantidad de gasolina que tenemos y el régimen al que estamos circulando: pude comprobarlo apurando los 18,9 litros de capacidad que tiene el depósito de gasolina, que dan para unos 300 Km, según el ritmo, y por suerte, se mostró bastante fiable…, no me quiero imaginar empujando los más de 330Kg que pesa esta rolliza americana.

Conducción con decisión

Cuando te subes por primera vez en una Fat Boy, lo primero que te llama la atención son dos cosas: el faro, claramente visible desde el asiento, y éste último, situado muy abajo, a unos 690mm del suelo, y que para este 2012, se ha revisado, haciéndolo más estrecho, lo que aumenta la sensación de ir pegado al asfalto. Otra chulada es la forma de arrancarla, no es necesario introducir ninguna llave, gracias al sistema de seguridad Smart HD, con llevar la llave en el bolsillo (con las pilas puestas, se entiende) la moto sabrá que eres su amo y señor y con solo girar el interruptor cromado de la consola central y apretar el botón de encendido, sus 1.690cc despertarán. Y como despiertan, se ha hablado mucho del sonido, que no ruido, que entonan los motores HD y sin miedo a exagerar, suena a gloria, quizás un poco capado por las normas anticontaminantes, pero el civismo manda.

Una vez te has acoplado a la inmensidad de acero de Milkwaukee que te rodea, llega el momento de meter primera, el sonido, a pesar de su nuevo sistema de cambio, sigue siendo el mismo, como leí hace más de veinte años en una prueba del modelo de aquel entonces, “es como tirar una llave inglesa en una lata…”. Comienzas a moverte y de repente notas que la dirección es un poco pesada. no te asustes, simplemente es que un neumático de 140mm Y necesita su periodo de adaptación. Hay que moverlo con decisión y olvidarse de conducciones más finas, propias de otro tipo de motos. Metes segunda, con la puntera o el tacón, eso también mola, y como por arte de magia la moto se vuelve una delicia, suavemente empiezas a engranar velocidades (ahora sí que notas que el cambio va muy bien) y sin darte cuenta empiezas a disfrutar.

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