Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

Hallan, detrás del autódromo, restos del primer asentamiento indígena en Capital

Restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico

(CABA) En un antiguo bañado del Riachuelo, donde confluyen el autódromo de la ciudad y el parque Ribera Sur, se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. Allí, arqueólogos urbanos comenzaron a desenterrar la historia no conocida de esta metrópoli: restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico.

En busca de restos de la primera fundación de Buenos Aires, la del adelantado Pedro de Mendoza, en 1536, expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA hallaron restos que indicarían la presencia de una población estable en esa zona del sur de la ciudad, que en aquel momento quedaba a orillas del río, que siglos más tarde fue rectificado.

“Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que hallamos negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas”, indica Agustín Azkarate Garai-Olaun, director del Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV, y muestra a unos 40 cm de profundidad las marcas que habrían dejado esos sostenes.

El arqueólogo e investigador argentino Ulises Camino también forma parte del equipo. Incluso, a partir de su tesis doctoral sobre el barrio de Flores se eligieron los lugares de excavación. “Encontramos restos de lo que serían vasijas, cerámicas decoradas y restos líticos que habrían sido utilizados como armas. Estas piedras eran de la zona de Tandilia y requerían un gran esfuerzo de traslado. Claramente, es posible pensar que estas armas se fabricaban antes de la introducción del hierro”, señala.

 

Iban Sánchez, de la UPV, explica que podría tratarse de una población querandí. Así los habían llamado los españoles, según la única crónica que existe del viaje de Pedro de Mendoza, escrita por Ulrico Schmidl, un alemán que formó parte de aquella expedición. “Así es como ellos llamaron a uno de los grupos que observaron en su travesía. Querandí significa «los que comían grasa». Lo que no sabemos es cómo se llamaban a sí mismos”, asegura.

El proyecto vasco-argentino, del que también forma parte Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU), comenzó a gestarse en 2014. A partir del trabajo de Camino se buscó entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

“El desarrollo de las primeras investigaciones relacionadas con la arqueología fue llevado adelante por parte de aficionados y sociedades de eruditos. En este contexto temprano de la disciplina, Rusconi anunció un descubrimiento en 1926 de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital”, explica uno de los afiches del proyecto Búsqueda del Sitio de la Fundación de la Primera Buenos Aires. NT

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