Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Regalo a Cristina: la artista que presintió a Estela un día antes

Como una vidente, la artista plástica había regalado a Cristina Kirchner una pintura de Estela de Carlotto poco tiempo antes de la aparición de Guido. (CABA) Guillermina Grinbaum cierra los ojos y sonríe. Al mismo tiempo, menea la cabeza buscando las palabras justas. Se lleva su mano derecha al pecho, al corazón, y dice: “Para mí esa mujer es… amo a esa mujer.” Estela de Carlotto ya encontró a Guido,...

Como una vidente, la artista plástica había regalado a Cristina Kirchner una pintura de Estela de Carlotto poco tiempo antes de la aparición de Guido.

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(CABA) Guillermina Grinbaum cierra los ojos y sonríe. Al mismo tiempo, menea la cabeza buscando las palabras justas. Se lleva su mano derecha al pecho, al corazón, y dice: “Para mí esa mujer es… amo a esa mujer.

Estela de Carlotto ya encontró a Guido, su nieto. La presidenta de Abuelas es “esa mujer” a la que Guillermina hace referencia. Esta artista plástica, casualmente nacida en La Plata –donde nació Guido en cautiverio–, pintó a Estela en 2012, para una exposición que realizó ese mismo año en el Museo Evita.

Esa pintura, titulada “Madre“, llegó a manos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner el lunes pasado, pocas horas antes de que se conociera la noticia reparadora de la aparición del nieto 114. “Tenía ganas de llevarle la pintura a la presidenta“, cuenta Guillermina luego de consumar su deseo, pese a que nunca quiso desprender se de esa obra. Pero sintió que era el momento, y si bien lo que ella quería era llegar a la titular de Abuelas, entregarle la obra a Cristina significó, describe, “un modo de acercarme a Estela“. Para Guillermina, “Cristina es un ícono en relación a las cuestiones de Derechos Humanos, y si me tenía que desprender de ese cuadro que tanto amo, ella es la persona más representativa para recibirlo“. De todos modos, se ríe, con sinceridad, cuando afirma que se lo hubiese dado a Estela de Carlottosi la hubiese visto primero que a la presidenta“, aunque considera que “Cristina hizo tanto para que todos tengamos esta conciencia de defender la militancia de los Derechos Humanos que es fabuloso que lo tenga ella“.

Suena a detallista cuando cuenta que consideraba que su obra, “Madre“, no estaba terminada. Le faltaba algo. Y se anima a confesarlo: “Cuando me contactaron desde la Secretaría de la Presidencia, decidí llevarle el cuadro a Cristina, pero me di cuenta que entre las fotos de los desaparecidos que están en el fondo de la pintura, no estaba Laura, la hija de Estela. Fue entonces que la agregué, a la altura del corazón de Estela, porque consideraba que de esa manera, sin Laura, la obra no podía circular, le faltaba algo“. No sabe cómo explicarlo, “quizá porque los planetas se alinearon“, intenta justificar, pero “que a las pocas horas de entregarle el cuadro a la presidenta con la foto de Laura, aparezca Guido, es una felicidad…“, y esta vez no encuentra las palabras. Es algo grande, con seguridad. Indescriptible. “Impresionante”, define.

Disfruta más que nada el momento de pintar. Su obra en general está vinculada con la violencia que el ser humano ejerce sobre otros seres humanos en lo cotidiano. En el presente y en el pasado. Y pese a la angustia que le genera esa realidad, expresarlo en su arte le da esperanza. De alguna manera, milita por un mundo mejor desde esa concientización que busca, aunque asegura: “No puedo comprender la falta de insensibilidad del hombre, que lo convierte en incomprensible, que no permite la racionalización o el diálogo.

En ese sentido, Guillermina dice: “Todo lo que significó la última dictadura militar es algo que no se puede comprender; fue y es algo terrible, que me cuesta poner en palabras.” Por eso quizá lo plasma en un lienzo con óleos, representando a esas personas que la padecieron. Como en “Madre“, reproduciendo a Estela de Carlotto. O como en “Abuelas”, otro cuadro, uno que pintó hace muy poco, en el que cinco mujeres con pañuelos blancos en sus cabezas sobresalen a un fondo con cientos de fotos de algunos de los 30 mil desaparecidos por el terrorismo de Estado.

Es aterrador –continúa Guillermina– pensar en el humano así, y eso es lo que me motoriza a la hora de expresar mi arte. Mis preocupaciones y mis angustias están volcadas en los motivos que yo utilizo como temáticas para trabajar, y al mismo tiempo me pasa que la estética de mi obra no es oscura ni dolorosa, sino más bien colorida. Permite que la situación fluya como algo más ameno, para poder enfrentar una temática que me es tan insoportable; hacer ese padecimiento soportable y no hacer de eso una negación absoluta, no querer verlo.

Casualmente, Guillermina habla de hacerle frente a la realidad con algo que la haga tolerable. Como hizo Estela, esa mujer a la que admira, durante más de tres décadas: luchar, sin parar, con el corazón dañado, pero siempre con una sonrisa. Iluminada, como la iluminó en su obra.

Fuente:Tiempo Argentino

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