Buenos Aires, 14/12/2017, edición Nº 1856

Guía de museos del sur de la Ciudad

La Fundación Proa, el Museo Benito Quinquela Martín, la Usina del Arte, el Museo Histórico Nacional, el Mamba, el Macba, el Museo del Humor y el del Bicentenario son algunas de las opciones que se pueden visitar.

(CABA) Punto de partida: La Boca. Sobre la calle Pedro de Mendoza la Fundación Proa domina el panorama desde tres casas del siglo XIX intervenidas por el arquitecto milanés Beppe Caruso. En las salas de exposición se exhiben ahora las telas y papeles pintados por el chino Cai Guo-Qiang. Esas obras, entre misteriosas y mágicas, son el mejor prólogo de la fiesta de fuegos artificiales que el sábado próximo dibujará bailarines de tango contra el puente Nicolás Avellaneda. Según anticipa el chino Qiang, que fue sensación en las olimpíadas de Pekín, “será algo único e irrepetible”.

Tierra fecunda para el arte, en La Boca nació una escuela de pintura que hizo historia y un pintor capaz de darle imagen y color al paisaje del Riachuelo. Benito Quinquela Martín, nacido pobrísimo con el nombre Chinchela, conquistó el mundo bajo el aura protectora del presidente Alvear y creó una imagen propia e inconfundible. Sus paisajes se exhiben en el museo que lleva su nombre en el barrio que lo vio nacer.

El mapa del Sur suma nuevas escalas: Prisma, espacio multidisciplinario, taller y bar dirigido por Alberto Sendrós; Barro, galería para enormes instalaciones como la de Matías Duville; la Casa Suiza impulsada por Gianfranco Minelli, helvético del Ticino y porteño por adopción, más la casa taller para artistas de Ana Gallardo.

El edificio ancla de esta movida sureña es la Usina del Arte, instalada en el palazzo florentino que fue sede de la Italo de electricidad. Hoy recibe artistas, músicos y actores en un auditorio de categoría internacional.

Museo Histórico Nacional

Si el ánimo está para caminata larga, la próxima escala será en Parque Lezama el Museo Histórico Nacional con un acervo originalísimo, que va del sable de Belgrano a la cama de Sobremonte y el chambergo de Mitre. La pieza de resistencia es la obra de Cándido López, el soldado manco de la guerra del Paraguay con sus esquemáticas batallas horizontales, ingenuas como las telas del aduanero Rousseau.

En la avenida San Juan dos escalas obligadas: el Mamba, que ocupa el edificio ex tabacalera Piccardo, con un ambicioso programa de exposiciones en las que dialogan las obras de la colección permanente con arte contemporáneo. El Moderno, como lo llama su directora Victoria Noorthoorn, tiene en su patrimonio arte argentino de la segunda mitad del siglo XX hasta hoy. El vecino se llama Macba (Mueso de Arte Contemporáneo de Buenos Aires); está consagrado a la abstracción geométrica con obras de artistas argentinos e internacionales. La colección es atractiva y tiene el plus de una terraza con una vista única a las cúpulas de las iglesias de San Telmo y Monserrat.

Caminando por San Juan hacia el río, cruzar Madero hasta la Costanera Sur para descubrir la sorpresa del Museo del Humor en la vieja Munich, reducto cervecero cuando la zona era balneario obligado en veranos tórridos. Son dos siglos de humor gráfico en más de cien obras. Siempre hay una muestra temporaria y el comité asesor está integrado por Quino, Sábat, Mordillo y Garaycochea.

Puerto Madero tiene la mira puesta en el arte. Pionera fue Amalia Fortabat con su colección colgada en el edificio de Rafael Viñoly en dique 3. El Faena Art Center juega en las grandes ligas con obras de calado importante como fueron las de Ernesto Neto y los Carpinteros. La curadora general Ximena Caminos apuesta por artistas internacionales invitados al desafío de crear un site specific.

A pocas cuadras, el pabellón de la UCA mantiene un buen calendario de exhibiciones con curaduría de Cecilia Cavanagh; lo último fue una atractiva exposición de Cecilia Duhau.

Por último, el paseo puede terminar con la cereza del postre: el Museo del Bicentenario en la Vieja Aduana Taylor detrás de la Casa Rosada. Alberga un tesoro único en su tipo: el mural que David Alfaro Siqueiros pintó en la quinta de Botana. Lástima que el monumento a Colón no esté de pie para custodiar este mural mayúsculo.

museo bicentenario

Fuente: La Nación

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