Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

El gran truco del WhatsApp

Las redes sociales han cambiado la vida de millones de personas en Argentina. Un testimonio válido para usar mejor el WhatsApp en el país.

(CABA-PBA) Cada tanto, aparece alguna compilación de los 10 o 15 trucos y secretos de WhatsApp (que “no podés dejar de conocer”). Negritas y bastardillas, por ejemplo. Listas de difusión. Cómo fijar una conversación. Cómo evitar que nuestros generosos interlocutores, que comparten fotos y videos de todo pelaje (palabra empleada con toda intención), no agoten la capacidad de almacenamiento de nuestros dispositivos. Etcétera.

No están mal. Pero nada como lo que descubrí hace un tiempo y que, como en esas carambolas increíbles del billar, me llevó a otro todavía más útil. Allá vamos.

Los grupos de WhatsApp se han transformado en la herramienta a la que recurrimos cada vez que necesitamos una recomendación. Una veterinaria, un electricista, una empresa de decoración o un corralón, una carnicería buena y que no te mate, colegios, bicicleterías, un taller mecánico porque al auto le está costando arrancar, pizzerías, empandas, sushi y servicios de una variedad insólita, pero atendible.

Con un tope -por ahora- de 256 participantes, la ayuda del grupo no se hace esperar. Cualquiera sea la cosa que uno necesite, la respuesta llega en menos de 25 segundos. Con un adicional significativo: nos encanta debatir; y no creo que sea una característica exclusivamente argentina. En Usenet también se armaban unas flame wars de proporciones bíblicas. Otro tanto ocurría en el IRC. Pero Usenet era en diferido, como recordarán los veteranos, y al IRC íbamos específicamente a reírnos y a debatir; si un canal estaba en silencio significaba que había sido desertado. En WhatsApp, en cambio, los debates tienen un carácter explosivo. Duran un rato -en ocasiones un buen rato- y luego pueden pasar horas sin que nadie diga nada.

Por supuesto, hay variaciones, porque se trata de un mensajero muy plástico. Pero, al menos en mi experiencia, en los grupos, sobre todo en los que tienen muchísimos participantes (más de 50 es muchísimo), la interacción se da por ráfagas. Pero vuelvo a las recomendaciones.

Casi con entera certeza, el que haya calificado de “muchísimo” a tan sólo 50 miembros debe haberte quedado titilando, ¿me equivoco? Otra de las características de los grupos (en general) es que sólo una fracción de ese número participa activamente en los debates en general, y en el de las recomendaciones en particular. De hecho, sería casi imposible seguir una conversación colectiva si todas esas 50 personas emitieran su opinión. Ni qué decir si fueran más de 100. Sería demasiado texto, como se verá enseguida.

Es más: incluso con unos pocos participantes activos, la cantidad de caracteres que producimos durante estas ráfagas es realmente abundante. Uno puede sacarse una llaga en la yema del dedo índice si quiere encontrar a ese techista que recomendaron hace una semana (es decir, cinco o seis debates atrás). ¿Qué es lo más sencillo? Volver a preguntar, desde luego.

Hace un tiempo me encontraba necesitando un electricista y estaba seguro de que en el grupo de mi barrio se habían recomendado no ya un electricista, sino al menos media docena. Pero no me gusta importunar a los demás y se me ocurrió pensar que WhatsApp debería tener un buscador. Y enseguida dije: “Esto debe tener un buscador”.

Fui a los tres puntitos que están arriba a la derecha, toqué y, ¡bingo!, allí estaba: Buscar. Tímidamente, escribí “electricis” y, como era de esperarse, no pasó nada. Maldije en sueco antiguo y entonces reparé en las dos flechitas mínimas a la derecha de la caja de búsqueda. Apreté la que apuntaba hacia arriba y ahí sí, la pantalla mostró la primera aparición de la palabra “electricista”. Seguí apretando y obtuve media docena de recomendaciones. Que era exactamente lo que necesitaba.

OK, muy lindo, ¿pero durante cuánto tiempo recuerda WhatsApp los mensajes de un grupo? Bueno, desde siempre. O, para ser más preciso, desde que tenés ese teléfono. O, para ser ultra preciso, desde la última vez que hiciste un reinicio al estado de fábrica del equipo y reinstalaste WhatsApp. En mi caso, el grupo en el que más participo tiene todo lo que hablamos desde el 24 de noviembre del año pasado. Todo.

Ajáh, ¿y cuánto texto sería eso? Algo más de 3 millones de caracteres. En serio. Tres millones. Grosso modo, un libro de 1800 páginas. Por eso el buscador es fundamental.

Ahora, ¿cómo hice para averiguar la extensión de la larga charla que hemos mantenido en este grupo desde que existe? Para eso hay que usar otro truco. En el menú de cada chat (de grupo o individuales) hay una opción etiquetada Más. Al hacer clic ahí aparece la función Enviar chat por correo. El resto es obvio (bueno, no tanto, porque está a punto de aparecer una sorpresa): abrimos el adjunto que llega por mail con Office o LibreOffice y usamos la función Contar palabras/caracteres.

¿Y la sorpresa? WhatsApp da la opción de enviar el chat por correo con o sin archivos adjuntos. Es decir, con o sin todas las fotos, videos, audios y demás. Por obvias razones, si la charla lleva bastante tiempo, lo más conveniente es no adjuntar toda esa información, porque de otro modo va a superar fácilmente los límites que imponen los servicios de email. Además, podemos extraer los archivos que nos interesen directamente del teléfono mediante un cable USB.

Pero, ¿y la sorpresa? Ya llega. Así que elegimos enviar el chat por correo electrónico sin archivos adjuntos. Pero incluso en ese caso, WhatsApp nos enviará todos los contactos que intercambiamos, en formato VCF. Ciertamente, es más fácil buscar esos contactos como se explicó arriba, para añadirlos en un toque al teléfono. Pero un backup por mail no viene nada mal.

El del estribo: ¿cómo averiguar cuándo empezamos a usar ese teléfono? Simple, hay que ir al Panel de control de Google y buscar el apartado Android. Allí estarán todos los dispositivos que alguna vez hayamos registrado con esa cuenta de Google. Que, como sabemos, recuerda todo. Igual que WhatsApp. Que le pertenece a Facebook.

SN

Fuente: La Nación/ Ariel Torres

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