Buenos Aires, 25/11/2017, edición Nº 1837

Gracias a un trasplante una mujer cumple su sueño de ser madre

Una mujer sobrevivió gracias a un trasplante y cumplió su sueño de ser madre. Donar no solo salva vidas. (CABA) Las contracciones poblaban el vientre y lo apuñalaban en una repetición furiosa. Dante le hacía saber a María que iba a nacer. Nueve meses antes, en un consultorio de paredes blancas y escenografía discreta del Hospital Argerich, María Obaya recibía el alta médica general, la autorización a hacer todo lo...

Una mujer sobrevivió gracias a un trasplante y cumplió su sueño de ser madre. Donar no solo salva vidas.

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(CABA) Las contracciones poblaban el vientre y lo apuñalaban en una repetición furiosa. Dante le hacía saber a María que iba a nacer. Nueve meses antes, en un consultorio de paredes blancas y escenografía discreta del Hospital Argerich, María Obaya recibía el alta médica general, la autorización a hacer todo lo que había planificado para su vida. “Hacer” para ella y para su esposo, Daniel, se traducía en tener un hijo.

El 30 de mayo de 1997, a media mañana y con un peso de 3 kilos 900 gramos, Dante Rezza gritó su primer llanto. Y por su nacimiento, a través de un decreto presidencial, se instituyó el Día Nacional de la Donación de Organos. Dante no recibió un trasplante, tampoco fue donante, pero se lo eligió como referente al ser hijo de la primera mujer que dio a luz después de haber recibido un trasplante hepático en un hospital público (el Argerich), tras padecer una hepatitis autoinmune durante diez años.

Es la muestra de que la donación no sólo salva vidas sino que genera nuevas”, explica María. Ese mensaje está sellado sobre el cuerpo huesudo y kilométrico de Dante, que hoy cumple 17 años. “No me planteo la ecuación: donar o no. No encuentro razones para no hacerlo”, naturaliza.

Dante cursa quinto año en el Carlos Pellegrini, estudia música y todavía no sabe qué quiere seguir cuando termine el secundario. Está sentado con sus rodillas juntas, dibujando un ángulo recto con sus piernas. No hay un centímetro de desorden en su postura que se ancla en un sillón, que invita a despatarrase. A su lado está Bruno, su hermano de 12 años, con quien comparte una habitación con camas dispuestas en L, un escritorio, una biblioteca rebosante de libros –en especial los de Rick Riordan– y paredes con cuadros, que son dibujos hechos por Dante:heredó el gusto por la pintura de su papá, que es diseñador.

María recuerda su embarazo: “Empecé a sentir vómitos y nauseas. No sabía si ponerme contenta o preocuparme. Podía estar embarazada o podía ser un rechazo al trasplante”. Un test de embarazo negativo inclinaba la balanza para pensar lo peor. Aunque ella seguía dudando. Un análisis de sangre desterró los miedos. Pero llegarían otros: “En la primera consulta con el obstetra, me dio una lista gigante con todas las contras que podía haber en el embarazo. Me puse a llorar y le dije: ‘¿Por qué no me dijeron esto antes?”.

Era un panorama difícil pero no imposible, que terminó en éxito.Cuando Dante cumplió un año se hizo famoso porque su foto salió en el diario. “En sus primeros cumpleaños, médicos o gente en lista de espera se le abalanzaba. En su momento, decidimos con el papá que, hasta que no pudiese asimilar lo que pasaba, íbamos a resguardarlo”, reconstruye María.

Los desconocidos se acercaban, le gritaban su nombre y él contestaba abriendo sus ojos color miel con exageración. “Lo que pasó está bueno. Además, me parece que la donación de órganos se entiende mejor cuando conocés a alguien que pasó por el proceso y te puede contar cómo es”, evalúa Dante.

El hígado que le donaron a su mamá pertenecía a un chico de 19 años, que murió en un accidente de tránsito. Los padres del chico donaron todos los órganos y no sólo salvaron a María, sino que posibilitaron un trasplante de corazón, otro bipulmonar y un tercero de córnea. “No fantaseo con encontrar a la familia que donó –dice Dante–. Pero hace poco, mientras viajaba del colegio a casa, en subte, empecé a pensar por primera vez en el chico y en cómo su familia, en un momento de tanta tristeza, decidió ayudar y a partir de eso mi mamá siguió con su vida, nací yo y mi hermano. Es muy fuerte”.

Fuente: Clarin

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