Buenos Aires, 24/06/2017

Gracias a los vecinos, protegen 70 edificios de valor arquitectónico en Lomas de Zamora

El Concejo Deliberante aprobó proyectos que prevén su inscripción en un registro oficial y obligan a pedir permiso para reformarlos.

(PBA) Unos 70 edificios con valor patrimonial situados en el sur del conurbano ya no podrán ser demolidos. Debido a la lucha de 5000 familias por conservar los tesoros arquitectónicos en peligro, el municipio de Lomas Zamora aprobó una serie de normas pioneras en la zona.

Banfield, Lomas y el “barrio inglés” de Temperley son áreas tradicionalmente tranquilas, de calles arboladas y antiguas casonas que fueron afectadas por el boom inmobiliario y que buscan ser rescatadas y conservadas por sus habitantes.

La ONG Fuenteovejuna, conformada por vecinos del Sur, custodia inmuebles declarados Monumento Histórico Nacional. Se trata de casas estilo Tudor, casonas en medio de quintas, colegios tradicionales y clubes ingleses. Sus miembros lograron que la batalla por el patrimonio trascendiera las fronteras de la Capital.

Ante sus reclamos, el Concejo Deliberante de Lomas de Zamora los convocó a una sesión en la que, con la presencia de especialistas y el apoyo de todos los bloques, se aprobaron dos proyectos de conservación impulsados por el Poder Ejecutivo. Una de las normas indica que las construcciones con valor patrimonial deberán ser inscriptas en un registro único, donde se especificarán los grados de protección de cada edificio o sitio histórico, así como las posibilidades de reformarlos sin que pierda valor. Además, se modificó la ordenanza Nº 13.869, que regula las demoliciones de construcciones anteriores a 1960: ahora, antes de reformar o ampliar esas propiedades, habrá que solicitar autorización a una comisión técnica.

Entre las obras de Temperley que deberán ser protegidas figura la casona italiana de la Belle Èpoque Villa Grampa, de 1905. Perteneció a Bernardo Grampa y actualmente está en propiedad de sus descendientes, quienes para poder mantenerla realizan actividades culturales en los salones en el parque.

Las nuevas normas son consecuencia del estudio realizado por especialistas del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) y arquitectos de la Universidad de Buenos Aires. “Es un trabajo inédito. Y es un proyecto que debería continuar por varios años en coordinación con la planificación urbana. El patrimonio es una herramienta del crecimiento sustentable de la ciudad“, explicó Bruno Cariglino, miembro de Icomos, convocado por la municipalidad para el estudio.

Su equipo fue el encargado de efectuar recorridos de reconocimiento y relevamiento de edificios y ambientes por todo el partido. Además, se identificaron una decena de “unidades de paisaje”, es decir, barrios en los que se vive y respira cierto ambiente, conformado no sólo por la arquitectura de valor que suele presentarse en conjuntos continuos, sino también por la relación entre las partes: arbolado público, veredas, jardines privados, corazones de manzana, forma de ocupación de los lotes, altura de las edificaciones, tipos de cercos y uso predominante, sea residencial o comercial. Tal es el caso del entorno de la plaza Grigera, centro cívico fundacional de Lomas, que data de 1821, o el área semirrural de Santa Catalina, primera colonia de inmigrantes del país.

Fuenteovejuna se mostró satisfecha con las ordenanzas, aunque considera que aún hay mucho por hacer: exige que se modifique el código de zonificación local para que se controlen alturas edificables, densidades y usos que puedan alterar la calidad de vida. Para Jimmy Bindon, miembro de la ONG, preocupa la falta de adecuación de ese código a las nuevas normas.

“No alcanza con declarar un edificio monumento histórico si alrededor se permiten torres de 30 pisos, dejándolo encajonado. No tiene sentido conservar el estilo de un barrio como el inglés, caracterizado por chalets ingleses de 1900, si las nuevas construcciones degradan la calidad de vida y rompen la armonía que les da valor“, advirtió. Hoy, se permite la construcción de altos edificios en medio de casas bajas. NR


Fuente: La Nación

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