Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Golpean a cueveros que venden blue y roban u$s 200.000

Fue un rally de tres episodios ocurridos en financieras del barrio de Once. En todos los casos hubo violencia física.

(CABA) “Odabelen”. “María86”. Estos son dos ejemplos de códigos secretos que usaron cuevas del barrio de San Telmo. Antes combinaban números, pero ahora le ponen nombre de mujer. En todos los casos, el portero del edificio es el primer filtro, al ser el receptor de este código, que sólo lo tienen los habitués, y se usa cuando la plaza tiene mucho volumen.

Ahora se volvió a utilizar, luego del rally de tres asaltos con golpiza que se produjeron luego de las PASO en financieras del barrio de Once. Obviamente, ninguno de los casos fue denunciado. A partir de esto, los cueveros se están cuidando mucho y volvieron a funcionar como un club cerrado, donde sólo se accede con membresía. Hay que tener un código secreto para poder ingresar, que va cambiando todos los días.

La “batida” de mayor envergadura fue en una oficina de la calle Castelli, a la altura de Corrientes, cuando un cliente tocó timbre y detrás de él entraron delincuentes armados, que además de darle una paliza al cuevero le robaron más de u$s 100.000, lo que en la jerga se conoce como “una gamba”. En los otros dos asaltos se habla que se llevaron alrededor de u$s 50.000 en cada caso, por lo cual los tres robos sumarían alrededor de u$s 200.000.

Son mesas de periferia que no tienen seguridad privada. “Parece que hay un grupo que sabe todo de quienes operan por la zona. Hicieron inteligencia: le robaron y fajaron. Lo mismo hacían en el verano de 2012, cuando le robaron al hijo de un muy antiguo cambista. Es una forma de apriete. Espero que no estemos ante una zona liberada a propósito”, revelaron en la City, donde los más alarmistas se referían a bandas operando como zona liberada, y llegaron al extremo de hablar de una suerte de “batallón militante” contratado para robar y golpear a cambistas.

Como las oficinas están lejos del microcentro, los dueños se mueven con mucho cash del trabajo a la casa, ya que nadie deja billetes en las oficinas. Es cierto que llamó mucho la atención, porque nunca pasaron tres casos de asaltos con violencia en tan poco tiempo en la misma zona (otro fue en la calle Paso). “Once está peligroso, hay choreo todos los días, ya que es un centro comercial que mueve millones, donde hay mucho movimiento de efectivo. La gente va a comprar fichas grandes, no sólo de billetes, sino de mercadería a los importadores. Por eso hay tantas bandas de delincuentes en la zona, pero para que te asalten deben conocer tus movimientos. Puede ser un ex empleado o alguno de la seguridad privada”, detalla un conocedor del ambiente.

En marzo se había flexibilizado la manera de contactarse y entrar a las oficinas, al extremo de que operar en Once era casi como hacerlo en una casa de cambio al público. Se conseguía el teléfono, se decía que venía en nombre de fulanito y se pasaba. Eso se terminó. Ahora ni con recomendación dan entrada fácil, y si se llega en nombre de alguien, antes llaman a ese alguien, le preguntan y hasta le advierten que son responsables por si pasa algo. Hoy están todos muy temerosos ya que, cuando ocurren robos, automáticamente todo el sistema se pone en alerta y la principal barrera es cerrarse al público en general. Puede afectar el precio del blue si por temas de seguridad la periferia comienza a cerrarse: “Si esto sigue así, las bocas importantes del blue bajarán el ritmo y la oferta se comprimirá aún más”, aseguran.

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