Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Glaucoma: el nombre de la ceguera silenciosa

Tiene su origen en diversas causas, como vejez, diabetes o uso crónico de corticoides.

(CABA) “Siempre tuve una buena visión y por eso no me molesté en ir al oculista. Pero desde hace algunos años mi campo visual se redujo y comencé a tropezarme con cosas que no alcanzaba a ver o me chocaba la cabeza con cosas que no veía a mi lado“, relató Carlos Mujica, un empresario de 48 años.

El diagnóstico médico que recibió a los pocos meses fue claro: glaucoma [de ángulo abierto]. Y la explicación de su oculista fue simple: “Es como si estuvieses viendo a través de un túnel. Perdiste parte de tu visión lateral [periférica]“.

Con el tiempo, la visión central (hacia al frente) también puede disminuir hasta que se pierde por completo, ya que es una enfermedad que no tiene síntomas, no causa dolor y algunas veces, termina en una ceguera irreversible.

Los oftalmólogos suelen llamar coloquialmente al glaucoma como “la enfermedad del ladrón silencioso de la vista“, ya que al no presentar síntomas, las personas afectadas pueden llegar a perder hasta un 40% de la visión antes de darse cuenta de que algo sucede con su vista.

Dentro del ojo hay un líquido transparente que nuestro cuerpo produce y elimina continuamente. Si se bloquea el drenaje de este líquido por sus canales naturales, se produce acumulación y aumento de presión dentro del ojo. Esta presión aumentada disminuye el flujo de sangre y comprime el nervio óptico, llevando a la pérdida de la visión“, explicó Daniel Grigera, jefe del Servicio de Glaucoma del Hospital Oftalmológico Santa Lucía.

El glaucoma, generalmente relacionado al aumento de presión intraocular, es una patología especialmente peligrosa porque en sus inicios no suele presentar síntomas y en la actualidad no tiene cura. Sin embargo, una vez que se lo detecta, su progresión puede ser detenida“, agregó Grigera que es miembro del Consejo Argentino de Oftalmología y se suma a la Campaña Nacional para su detección en el Día Mundial del Glaucoma.

María Florencia Cortínez, médica del servicio de Oftalmología del Hospital Alemán explicó que se pueden distinguir dos tipos de glaucoma: de ángulo abierto o de ángulo cerrado, según la amplitud del ángulo por donde se drena el líquido llamado “humor acuoso” que circula dentro del ojo.

El primero de ellos, el de ángulo abierto, es el más frecuente, pero es importante diferenciarlos ya que en los de ángulo cerrado el paciente no debería utilizar medicación como los antiespasmódicos“, comentó.

Los factores de riesgo para el desarrollo del glaucoma son la edad (aumenta la incidencia a partir de los 40 años), el antecedente familiar, diabetes, el uso crónico de corticoides y la miopía severa, entre otros.

Dado que los síntomas aparecen cuando la pérdida visual es severa e irreversible, el control anual resulta fundamental. Si al momento de realizar el control de presión ocular ésta se encontrara en el límite o por encima de él, el oftalmólogo le sugerirá una serie de estudios y controles para arribar al diagnóstico e implementar la conducta más adecuada a cada caso“, explicó Cortínez.

Cómo se manifiesta

Por lo general, la acumulación de presión del fluido ocurre gradualmente, lo cual no genera síntomas molestos o dolorosos“, afirmó el doctor Aldo Da Pra, jefe del Servicio de Oftalmología Clínica San Camilo.

Da Pra explicó que en algunas variedades poco frecuentes de glaucoma los síntomas pueden ser más severos, como por ejemplo:

-Visión borrosa
-Dolor de ojos y de cabeza
-Náuseas y vómito
-La aparición de halos color arcoiris alrededor de las luces brillantes
-Pérdida repentina de la visión

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