Buenos Aires, 17/11/2017, edición Nº 1829

Flores tiene Papa y Campeón de América

Con muchos nervios, con entereza, con actuaciones destacadas de Leandro Romagnoli y Néstor Ortigoza, el club azulgrana se convirtió en el octavo de la Argentina en conquistar el ansiado trofeo, para el éxtasis de todos sus hinchas. (CABA) “Es un día especial”, había avisado el papa Francisco antes de iniciar su periplo por Corea del Sur y antes de que miles y miles de hinchas de San Lorenzo se lavaran...

Con muchos nervios, con entereza, con actuaciones destacadas de Leandro Romagnoli y Néstor Ortigoza, el club azulgrana se convirtió en el octavo de la Argentina en conquistar el ansiado trofeo, para el éxtasis de todos sus hinchas.

san lorenzo de flores
(CABA) “Es un día especial”, había avisado el papa Francisco antes de iniciar su periplo por Corea del Sur y antes de que miles y miles de hinchas de San Lorenzo se lavaran la cara y se refregaran las lagañas para encarar una jornada destinada a ser la más importante de la historia de su club. Muchos habrán rezado, pedido al cielo, acomodado sus cábalas alrededor del aparato de TV, encendido las radios, colgado las banderas y también mostrado con orgullo la camiseta azulgrana, que por fin ayer flameó en lo más alto del firmamento futbolero continental. San Lorenzo es campeón de América.

Entre todos ellos, unos 50 mil hinchas pudieron presenciar el encuentro consagratorio contra Nacional de Paraguay en el Nuevo Gasómetro, que anoche fue testigo de una fiesta interminable, emotiva, que había demorado y demorado por más de medio siglo, desde que en 1960 comenzó a disputarse la Copa Libertadores.

En su estadio del Bajo Flores, Ganó San Lorenzo. Con lo mínimo. No le sobró nada. Pero pudo festejar y quizá sacarse la espina que se había clavado cada vez que llegaba a semifinales, como en 1960, 1973 y 1988, rompiendo el maleficio. El pitazo final del brasileño Sandro Ricci desató la euforia. Abrazos entre padres e hijos, entre abuelos y nietos, llantos desconsolados, risas histéricas y las dedicatorias de rigor para River y Boca, porque con esta Copa San Lorenzo se sacó de encima una maldición.

La fiesta no fue completa a pesar de la euforia y la alegría porque San Lorenzo sufrió mucho más de lo esperado antes de poder alzar la Copa. No pudo jugar bien y eso porque sufría la presión constante de Nacional y por más que los hinchas, alentando, buscaban una reacción de los jugadores, no podían sacarse de encima los nervios. Los hinchas se encendían y se apagaban con los vaivenes del encuentro. Hasta que el penal de Ortigoza les permitió respirar.

La segunda parte fue el período en el que los hinchas más sufrieron el reloj. Los últimos veinte minutos resultaron un calvario. Los nervios le ganaron a la emoción y todo pasó a ser gritos y algunas recriminaciones, que el equipo no se metiera atrás, que Villalba corriera más, que Verón parecía verde para el partido, y que sólo Ortigoza y Romagnoli se salvaban.

Los cuatro minutos del descuento fueron asfixiantes. Así llegó el final. Los brazos al cielo y empezó otra vez el delirio que, como en el inicio del encuentro, se disparó con una batería de fuegos artificiales. Mientras los jugadores daban la vuelta olímpica, los hinchas cantaban todo su repertorio. Este San Lorenzo, que no ganó de visitante en toda la Copa, pero que eliminó a tres equipos brasileños, disfruta por fin su bien ganado trofeo, el que los dirigentes le llevarán a Roma la semana que viene al Papa. Para que vuelvan a vivir, todos, otro día especial. Ahora el barrio de Flores tiene Papa y Campeón de América.
(Fuente Página/12)

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