Buenos Aires, 16/12/2017, edición Nº 1858

Fin de año: un motivo de estrés y ansiedad

A tener en cuenta.

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(CABA) El estrés es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. Y fin de año tiene un poco que ver con eso: balances, reuniones familiares y el cansancio propio. ¿Hay además un factor psicológico?

Lo primero que aconsejan los especialistas es no “desestimar las señales” que da el cuerpo: “Próximos a las fiestas, los ritmos se van acelerando y hay que definir cosas pronto: trabajo, encuentros, entre otros, y a la vez aparece esa “levedad” que tiene el fin de año. Es el momento, más que nunca, de asistirse a uno mismo“, asegura María Gabriela Fernández, médica del Centro de Estudios del estrés y la ansiedad.

Y agrega: “Se puede hacer desde la más sana alimentación o desde el hecho de entender que se busca “optimizar” (los recursos, el tiempo) lo mejor posible pero sin desfallecer en el intento. Hasta las cinco vueltas manzanas a paso vivo por día, todas son pequeñas cosas prácticas que nos acomodan y cuidan el hardware para que el software funcione bien“.

En ese sentido, las señales que da el cuerpo no siempre son estados “sensoriales” sino también emocionales. Por eso, identificar las emociones, poder discriminarlas, y conectarse con ellas de una manera más regulada, auténtica y funcional implica una mayor salud y bienestar.

Por otra parte, la médica psiquiatra Mónica Fabiana Cornejo, que integra el equipo de Hemera, remarca a Infobae que “la ansiedad es una de las enfermedades del siglo XXI, junto al cáncer y la depresión” y que el sentimiento de depresión que provoca la Navidad es otro problema bastante común entre la sociedad.

Durante estas fechas de celebración es frecuente recordar a los seres queridos que ya no están -este es el principal motivo de la tristeza que sienten muchas personas-. La publicidad engañosa puede ser otro de los factores que influyen en el estado de ánimo; el bombardeo de anuncios que reflejan familias felices y colmadas de regalos, invita a reflexionar sobre nuestra propia situación personal, económica o de cualquier otra índole. Empeñados en hacer un balance del año que termina, muchas personas se ven incapaces de cambiar de golpe y predisponerse para ser feliz“.

La hora del balance

Según describe la licenciada y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) Adriana Guraieb, es un momento “repleto de emociones” en dónde las mayoría de las personas, de manera voluntaria o involuntaria, realizan un balance. ¿De qué se trata?

Es una mezcla de nostalgias por el tiempo que no vuelve, alegría porque se va un año que quizá no fue como deseábamos en el que, tal vez, se nos presentaron acontecimientos inesperados y dolorosos, agregado al cansancio por el ritmo laboral, sostenido, todo ello, torna inevitable revisar o re-visitar los acontecimientos vividos y las consecuencias que nos trajo, desde luego es un recorrido subjetivo“.

A la hora evaluar: logros, errores, repeticiones, desiluciones, entre otros. “Tan útil es animarse a hacerlo porque ello nos permitirá detenernos a pensar cuánto intervino el temor, la culpa, el rencor, el egoísmo, en la no resolución de algunos conflictos tanto en el campo laboral, familiar o de pareja“, asegura Guraieb.

Cuando aparece el estrés

Los episodios cortos o infrecuentes de estrés representan poco riesgo. Pero cuando las situaciones estresantes se suceden sin resolución, el cuerpo permanece en un estado constante de alerta, lo cual aumenta la tasa de desgaste fisiológico que conlleva a la fatiga o el daño físico, y la capacidad del cuerpo para recuperarse y defenderse se puede ver seriamente comprometida.

El estrés puede contribuir, directa o indirectamente, a la aparición de trastornos generales o específicos del cuerpo y de la mente. Gran número de evidencias sugieren que el estrés tiene un papel preponderante en varios tipos de problemas crónicos de salud, particularmente en las enfermedades cardiovasculares, las afecciones musculoesqueléticas y las afecciones psicológicas.

Consejos cuando se enciende ‘la alarma’

-Aprender ejercicios de respiración y relajación por grupos musculares para aliviar la tensión corporal. Música tranquila, con sonidos de la naturaleza nos ayudan a bajar el ritmo acelerado del día.

-Todo lo que se deja pendiente estresa. Aprender a organizar correctamente el tiempo. Establecer objetivos y prioridades.

-Comunicarse de manera efectiva, expresando correctamente las opiniones y sentimientos.

-Mantener una dieta balanceada y ejercicio de manera habitual.

-Usar el fin de semana para cambiar el ritmo. Dejar siempre un momento para hacer contacto con la naturaleza, planificar un fin de semana con pocas actividades pero placenteras. Rescatar la importancia del tiempo para el ocio. Hoy en día existe el miedo de sentir que ‘no hacemos nada’ y se olvida lo imprescindible que resulta parar y tener un momento con nosotros mismos y con los seres que amamos.

-No contestar “sí” inmediatamente sin estar seguro de que se van a tener las energías y el tiempo para responder a lo que se pide. Un simple “dejame ver” también es válido.

-Despertarse 20 minutos antes de lo habitual. Es más fácil reponerse de un rato menos de sueño que lidiar contra las complicaciones cotidianas (atascamientos de tránsito, olvidos o corridas porque los chicos tiraron la leche, etc.).

-Un buen baño, agua caliente y tiempo suficiente para el relax.

-Mimarse. Ir a la peluquería, darse un masaje relajante, hacerse un regalo, cada uno dentro de sus posibilidades.

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