Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

Felipe Pigna, tras los pasos de Eva Duarte

Una nueva biografía del historiador Felipe Pigna recorre el itinerario que hizo Eva Duarte hasta convertirse en Evita, abanderada de los humildes y jefa espiritual de la nación. (Ciudad de Buenos Aires  – Télam) Este itinerario es seguido por el historiador Felipe Pigna en una nueva biografía que deja ver el tránsito de una joven pueblerina a una mujer consciente de su autonomía como sujeto político, cuyo compromiso con los más...

Una nueva biografía del historiador Felipe Pigna recorre el itinerario que hizo Eva Duarte hasta convertirse en Evita, abanderada de los humildes y jefa espiritual de la nación.

(Ciudad de Buenos Aires  – Télam) Este itinerario es seguido por el historiador Felipe Pigna en una nueva biografía que deja ver el tránsito de una joven pueblerina a una mujer consciente de su autonomía como sujeto político, cuyo compromiso con los más pobres y el odio de los poderosos le dio una dimensión mítica.

“Una de las conclusiones principales de “Evita. Jirones de su vida” (Planeta) -que incluye diversos testimonios y fragmentos de discursos o escritos- pasa por ver que ella fue un sujeto político autónomo y compartió con Perón el liderazgo carismático del peronismo”, dice Pigna en una entrevista que brindó a la agencia Télam.

Y subraya el rol que jugó en la conducción política “al ponerse al frente de la rama femenina, llevar la relación con los sindicatos de manera activa y desarrollar su tarea social en la Fundación. Nunca quiso hacer beneficencia -detestaba la palabra- sino hacer justicia, devolverle a los pobres su dignidad”.

Felipe Pigna es historiador y director del Centro de Difusión de la Historia Argentina de la Universidad Nacional de San Martín. En Radio Nacional conduce “Historias de nuestra historia”.

Ha publicado, entre otros libros, “Los mitos de la historia argentina” (cuatro tomos), “José de San Martín, documentos para su historia”, “1810, la otra historia de nuestra Revolución fundadora”, Libertadores de América” y “Mujeres tenían que ser”.

– La pobreza de su infancia será una marca indeleble para Evita, afirmás en el libro…

– Una etapa dramática, hija de una segunda familia, la de las queridas -como se decía en aquel entonces- y además es la única entre sus cinco hermanos a la que su papá no reconoce. Eso tuvo mucho peso. Hay múltiples relatos de la discriminación sufrida en la escuela, cómo se apartaba a los hijos ilegítimos, y cómo era el trato con los pobres.

Eso la marcó en sus primeros años, no sé si tuvo resentimiento, porque una persona resentida no hace lo que ella hizo. Sí, un ánimo de revancha.

– ¿El primer sueño que tuvo fue ser artista?

– Ella tiene convicción de lo que quiere, luchó siempre para llegar: primero al teatro, después a la radio y al cine. Era un sueño muy común de las chicas de pueblo, una de las posibilidades de salir de la miseria. Todo el mundo habla de ella por lo que fue después, pero todos coinciden -los que la quieren y los que no- en que desde muy joven tenía algo especial, la determinación de ir hasta el fondo de las cuestiones.

– El terremoto de San Juan también fue una oportunidad para demostrar su estilo particular…

– Sí, ahí es la primera vez que se cruza con Perón, en la Secretaría de Trabajo y Previsión (“Entre los tantos que pasaron en esos días por mi despacho, había una mujer joven de aspecto frágil pero de voz resuelta (…) tenía ideas claras y precisas e insistía para que le asignara una función”, apunta Perón), una época en la que Eva se forma a su lado. Y es allí donde ella ubica el nacimiento del peronismo.

– Cuando Perón es obligado a renunciar, y lo meten preso a pocos días del 17 de octubre, Evita ¿qué lugar ocupa?

– Todavía no tiene un papel protagónico, ella es una más y reconoce que fue el pueblo el que lideró esa jornada.

Hay algo con el tema del oportunismo, que se ha mencionado tanto: decían que Evita estaba con Perón porque le convenía, pero sin embargo cuando lo meten preso en Martín García, ella no lo deja, todo lo contrario, él la busca, le escribe y al final se casan.

– Ella ya tenía el anhelo de participar en política…

– Perón refuta que Eva fuera una mujer de la política, dice que es la Primera Dama y como tal una extensión de su gobierno. Aunque fue mucho más allá. Ella llega a ejercer un rol político mucho más intenso que el destinado a una primera dama. Cuando regresa de Europa le dice a Lillian Guardo -quien la acompaño en el viaje- que aspiraba a figurar en la historia.

En esa configuración del peronismo de los primeros años, la figura de Eva crece de manera exponencial. La diferencia es que Perón ejerce el gobierno. Algo que se dio en la Argentina, se desdobla el liderazgo y Evita tiene una eficacia extraordinaria porque llega al corazón de la gente. A Perón se lo respeta, a Evita se la ama.

– ¿A qué atribuís el rechazo visceral que provoca en muchos la figura de Evita?

– En especial la rechazan sectores de la oligarquía y de la Iglesia. Eva, desde la Fundación, le quita protagonismo a la Iglesia y le arruina el negocio, había mucha corrupción como relato en esta biografía. En cuatro años Evita hace lo que no hicieron las damas de la Sociedad de Beneficencia en muchísimo tiempo.

– ¿Por qué el silencio al aparecer los primeros signos de la enfermedad?

– Hay que situarse en la época, el lugar que tenía el cáncer era vergonzante en una sociedad machista. Oscar Ivanissevich es claro con Eva cuando le dice `su madre se salvó`, ella no quiso hacer caso. La enfermedad no perdona. Y hubo una operación mal hecha, por un cirujano norteamericano (George Pack) de la que nunca se enteró. Pensaba que la había operado Ricardo Finochietto.

– Sin embargo, Eva no deja de lado sus aspiraciones políticas.

– Los militares manifiestan una fuerte oposición a su candidatura a la vicepresidencia. No se la imaginaban presidiendo una ceremonia militar. Y con el intento de golpe a Perón Evita le pide a la CGT que compre armas y se forman milicias en el Chaco y en La Pampa. Algo que no comparte Perón, que toma la decisión de no fusilar a los golpistas como ella quería.

– Más dura que Perón…

– Perón dice que Evita era sectaria, fanática, peronista, pero que si le hubiera hecho caso no pasaba lo del 55. Estaba desesperada por mostrarle a la gente quién era el enemigo, su crueldad. Fue la figura más intransigente que tuvo el peronismo.

Ella advierte el salvajismo de la derecha argentina, advierte que van por todo. Y así fue: arrasaron con toda su obra, pasaron la topadora por la ciudad infantil en el barrio de Belgrano, llenaron de cemento la pileta de natación para que no la recordaran”.

Esa mujer tenía que desaparecer -esa palabra tan fuerte para nosotros- y lo que lograron es su presencia permanente. Volar la residencia presidencial, porque ahí murió e iba a ser un lugar de culto, era cuestión de destruirla y poner la Biblioteca Nacional, porque ahí vivía la barbarie. Un hecho increíble”.

Borraron su nombre, secuestraron su cadáver y, a pesar de todo, el pueblo nunca la olvidó. Un alto jefe de la represión ilegal, muy cercano a Videla dijo en una entrevista: “Fue a la única, incluso muerta, que le teníamos miedo”.

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