Buenos Aires, 17/10/2017, edición Nº 1798

Exhiben manuscritos inéditos en La Plata a 10 años de la desaparición de Julio López

Son textos escritos por el propio albañil, en los que cuenta detalles de los lugares donde estuvo detenido. Son exhibidos en La Plata. El 18 de septiembre de 2006 volvió a desaparecer tras declarar contra el genocida Etchecolatz.

(PBA) El albañil Jorge Julio López atesoró durante muchísimo tiempo escritos de su puño y letra en los que relató el horror que vivió en los años de la dictadura cívico-militar. Durante mucho tiempo estuvieron olvidados entre sus herramientas, hasta que meses atrás fueron hallados por su familia. Esta tarde serán expuestos en La Plata para conmemorar los 10 años de su segunda desaparición, ocurrida el 18 de septiembre de 2006.

Jorge Julio López desapareció por segunda vez hace 10 años, tras relatar su primer secuestro en el juicio contra el genocida Miguel Etchecolatz, testimonio que fue clave para la condena del represor, y hasta el momento no hay pistas firmes que permitan saber qué pasó con él.

La fiscalía que investiga la desaparición de López cotejó hasta el momento más de cinco millones de registros telefónicos, comparó el ADN de 98 cuerpos NN hallados entre el 2006 y el 2015, pero hasta el momento no logró saber qué pasó con el albañil el 18 de septiembre de 2006 y la causa no tiene imputados.

“A 10 años de la segunda desaparición de López”, es el lema de la movilización prevista para el próximo domingo a las 16.30, convocada por organizaciones de derechos humanos, sociales, movimientos estudiantiles y gremiales, como el Suteba La Plata. Las agrupaciones se concentrarán en la Plaza Moreno, frente al municipio de La Plata, donde hace 10 años se realizó el juicio contra Miguel Etchecolatz, y desde allí marcharán hasta la casa de Gobierno provincial.

López desapareció de su domicilio en el barrio platense de Los Hornos el 18 de septiembre de 2006, cuando se esperaba que se dirigiera a la sede municipal para presenciar los alegatos del juicio que el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata seguía al represor Miguel Etchecolatz por delitos de lesa humanidad. El hombre había sido secuestrado en 1977 y estuvo detenido hasta mediados de 1979 en cinco centros clandestinos de detención, y al brindar testimonio detallado en el juicio, había sido muy claro al identificar a Etchecolatz como el hombre que dirigía y ejecutaba las sesiones de tortura con picana en esa sede policial platense.

López, albañil y militante peronista, había realizado durante el juicio varios reconocimientos oculares en los centros donde estuvo detenido, como la comisaría quinta de La Plata y el Pozo de Arana, donde su profesión de albañil le permitió identificar fehacientemente sus lugares de cautiverio, aún cuando algunos de ellos habían sufrido remodelaciones. Aquella mañana del 18 de septiembre de 2006, sobrevivientes de la última dictadura esperaron por horas que el hombre se presentara a presenciar los alegatos, pero López nunca llegó y hasta hoy se ignora dónde está.

Tras la alarma de familiares y organismos de derechos humanos por el paradero de López, el entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández, aseguró que el gobierno nacional no descartaba “ninguna hipótesis” sobre la desaparición de Julio López, y la administración bonaerense, encabezada por Felipe Solá, impuso una recompensa de 200.000 pesos para conocer datos sobre su paradero.

Además, a la búsqueda que lideró el ministerio de Seguridad provincial a cargo entonces de León Arslanian, se sumó la distribución de la foto del albañil desaparecido en todos los medios de transporte público y privado, en comercios, estaciones de servicio, en los vehículos oficiales de la provincia y los municipios y en las escuelas. Ya desde los primeros días y ante la ausencia de noticias sobre el testigo, se sucedieron las marchas en La Plata y en diferentes puntos del país reclamando por su aparición.

Si bien en un primer momento se especuló con la posibilidad de que López se hubiera perdido por un shock emocional, con el correr de los días la hipótesis del secuestro fue cobrando fuerza. Una semana después de la desaparición de López, el gobernador Solá atribuyó el posible secuestro a su condición de “testigo fundamental” en el juicio contra el ex director de Investigaciones de la Policía Bonaerense y para “intimidar a futuros testigos o impedir su participación en otros juicios” a represores de la última dictadura. “Esto no tiene nada que ver con una desaparición cualquiera”, dijo Solá y sentenció: “es el primer desaparecido desde los años del terrorismo de Estado”.

El aniversario de los 10 años sin Julio López se dan en el contexto en el que Etchecolatz reclama el pase a prisión domiciliaria por motivos de salud. Organizaciones de Derechos Humanos, sociales y políticas repudiaron en varias ocasiones que se le otorgue el beneficio al genocida.

S.C.

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