Eva de Dominici: “Estaba más nerviosa por las escenas de box que...

Eva de Dominici: “Estaba más nerviosa por las escenas de box que por el desnudo”

(CABA) “Mi papá me puso Eva por Evita, por Eva Perón… Ahora, si te divierte jugar con la Eva de Adán, no te reprimas. Puede resultar divertido”, agregaría dulce y educada, bebiendo un sorbo de agua en el lobby de CasaSur, luego de posar para Gente. Admitámoslo, Eva Carolina Quattrocchi De Dominici (“un apellido súper español”, bromea) no parece –por dentro ni por fuera– haberse convertido recién nomás, el último 21 de abril, en una mujer con mayoría de edad plena. Por fuera, ya lo analizaremos. Por dentro, ¿hay una explicación sensata a la llamativa madurez de la dama nacida en Avellaneda, criada en Villa Fiorito (“cerca de lo de Diego Maradona”), mudada a Almagro, Martínez y Belgrano, y ¿afincada en San Isidro?

–¿Madura? Puede relacionarse a que trabajo hace rato. Casi nadie lo sabe, pero en 2001 mi prima Ianina mandó una foto mía a Sabor a mí, el ciclo de Maru Botana en Telefe, y terminé cocinando frente a las cámaras. Nací el mismo año que Chiquititas, en 1995. Ponía el ciclo, las seguía y escuchaba en casete, les escribía cartas, las imitaba, me mandaba a su escenario cuando se presentaban en teatro. ¡Yo tenía que ser una de las huerfanitas del hogar Rincón de luz! No era un sueño: estaba convencida, una predestinación. Incluso contra la opinión de mamá (Patricia, 52), que pretendía siguiera su carrera de odontóloga. Así, gracias al consejo que le acercó Silvina, una amiga, con ocho pirulos ingresé al Centro Cultural San Martín. De ahí entré a la Fundación Julio Bocca, en Galerías Pacífico, participé en la obra Frutillita (2004), en el corto Carmín (2005) y, cumplidos los diez y previa ayuda de la misma Ianina, pisé cierto casting “para un programa misterioso de Cris Morena”. Me anoté entre miles y quedamos ocho… ¿Sabés para qué programa era?

–Ni lo diga…
–Te digo: Chiquititas.

–El sueño cumplido… ¿a los diez años?
–Admito que nací actriz, crecí actriz y sigo sintiéndome actriz. Nunca lo dudé. Jamás sentí o existió una remota posibilidad de que me dedicara a otra cosa. De ahí que, si bien a partir de Chiquititas no paré y hoy transito el momento de mayor notoriedad, a cada momento lo consideré el mío. Y desearía seguir sintiéndolo así, porque pretendo continuar en esta carrera para siempre.

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“Estaba mas nerviosa por las escenas de box que por el desnudo”, desmitifica aquellas tomas de alto voltaje erótico que protagonizó con Leo Sbaraglia en Sangre en la boca, el drama pasional que a fines de agosto afiebró las pantallas de cine, revolucionó la web y apuntaló la notoriedad que la bonaerense e hincha xeneize venía ganándose desde Dulce amor (2012/13), Somos familia y Camino al amor (2014), y Los ricos no piden permiso, trampolín que le abrió las puertas de La fragilidad de los cuerpos, best seller de Sergio Olguín que Pol-ka, Turner Network Television y Cablevisión por estas horas convierten en miniserie.

“Claro que la apariencia física ayuda, obvio, es un rico ingrediente, pero de ninguna manera el principal. Yo juego a ser linda. Es más, soy súper femenina, muy minita, coqueta, de hacerme las manos, pintarme las uñas, vestirme canchero. No obstante, me sensibiliza más una crítica laboral que una a mis curvas. Calculá que en preescolar y en la primaria padecí bullying debido a mi timidez, los dientes incisivos separados, mi trabajo en la tele… ‘Eh, Ventanita’, ‘Diiiva’ o ‘Llegó Susana’, me cargaban. Las opciones eran ir al psicólogo (que no sirvió), practicar karate o tomar clases de teatro. Lo último me salvó. Gané en seguridad y autoestima. A la distancia, lo resumiría así: de chiquita la mala onda y las palabras negativas me hacían llorar, de adolescente me crispaban, y de adulta me estimulan a buscar entre líneas lo constructivo. Sin embargo, suscribo que el prejuicio por la belleza y la juventud existen”, apunta desde su metro setenta y sus 55 kilos.

Mientras se define como una chica “romántica, cariñosa, celosa, leal, pícara, instintiva, nada inocente, competitiva desde el lugar sano; una buena piba, alejada de mi papel de Josefina, la mala de Los ricos…, pero al mismo tiempo alguien memorioso a quien mejor no enojar, porque estalla”, De Dominici decide contar por primera vez, aunque con sigilo, el inicio de su relación con Furriel: “Lo conocí gordo, en 2015 (sonríe). Había aumentado de peso para grabar Entre caníbales. Convocados por Adrián (Suar) para una obra de teatro que compartiríamos, ensayamos hasta que Joaquín sufrió su problema de salud (infarto cerebral isquémico). Interrumpimos. No retomamos, pero el contacto quedó. Hace siete meses nos animamos a dar el paso. Yo tuve otras tres relaciones esporádicas, pero él es mi primer novio oficial”, sorprende la nueva dueña de los ojos más lindos del mundo, luego de que su colega Amelia Bence cerrara los párpados para siempre nueve meses atrás.

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“No resulta casual que ahora me anime a una relación seria. Tuve responsabilidades de grande siendo nena, impuestas por mí misma, porque mamá me amenazaba: ‘Si debido a la actuación no andás bien en tus estudios, dejás de trabajar’… Y yo le respondía siendo abanderada. Ella le temía al ambiente. Lo concreto es que, trazado el camino que pretendo transitar, me siento preparada para enamorarme y empezar otra etapa en compañía de Joaquín”, explica, consciente de que no tardará la repregunta:

–¿Sabe que la temporada siguiente a que usted debutara en la vida, él debutaba en la televisión con Montaña rusa? ¿Sabe que la duplica en edad: 42 a 21?
–Seguro. Sé también que es un caballero, que me hace reír, que brilla en sus interpretaciones y sé además que la edad no resulta ningún inconveniente para nosotros.

–¿Cómo reaccionó su padre, aquel dueño de una fábrica de cartón corrugado al que le pidió que no presenciara su desnudo, cuando le habló de Furriel?
–Se enteró… por el diario. Y punto. Otro tema.

–¿Conoce a Eloísa, la hija de Joaquín y Paola Krum?
–Lógico, sí. Es divina.

–¿Usted vive sola?
–Aguanté un mes, el año pasado. Con mis ahorros compré un dos ambientes en Capital. Podía ver series de Netflix, pelis de Meryl Streep y Al Pacino, y escuchar a Queen, cosas que adoro, pero me deprimía la soledad. Entonces volví a la casa familiar para dormir con nuestros cinco caniches (Cuchi, Princesa y Lumilú –las tres ciegas–, Fiona y Reina), y Sultán (un yorkie renguito).

–¿Y cuando Furriel le pida mudarse, dormir con él?
–(Silencio). Se dará naturalmente. Al margen de que yo soy medio Susanita y planeo casarme y tener hijos, lo único que te puedo adelantar es que el día que deje mi casa familiar va a ser para vivir con alguien, no solita.

–Entendido. ¿Antes de la despedida nos va a mostrar a quién tiene de fondo de pantalla en su teléfono?
–Hhhmm… Me parece que ya no hace falta (guarda el aparato en su cartera). NR

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Fuente: Gente