Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

“Estructuras en dos, tres dimensiones”

Recomendable. El Centro Cultural Recoleta presenta hasta fin de mes una muestra de fotos e instalaciones de Jorge Miño.

(CABA) El Centro Cultural Recoleta presenta hasta fin de mes una muestra de fotos e instalaciones de Jorge Miño. Esta entrevista -publicada en Página/12 con el artista comienza por la relación entre fotografía y arquitectura.

–Lo que primero se ve en tus fotos e instalaciones es la presencia de estructuras.

–Hace algún tiempo mi relación con la fotografía y las estructuras se fue tornando casi adictiva: el paso por alguna obra en remodelación o en construcción cautivan en mi la idea de infinito cuando las veo. Me atraen con cierta fascinación… las miles de formas rectas y curvas que se crean en las estructuras me permiten transportar el pensamiento a un sentimiento de fragilidad y de algo concreto, a la vez.

–¿De dónde viene la relación entre fotografía y arquitectura?

–Mi padre es arquitecto y fue en algún momento fotógrafo. Recuerdo observarlo dibujar en su tablero, sus marcadores, rotrings, escuadras, el papel vegetal donde dibujaba; y a la vez ver sus fotografías tan definidas, limpias, meticulosas… me hizo mirar el entorno con una observación casi ascéptica, cosa que siempre me gustó. Hay mucho de proyección cuando observo esas formas, la creación o transformación de un espacio. De algún modo todo se vuelve cíclico, casi infinito en mis espacios, pero no con la idea de que todo tiene que terminar para volver a comenzar. Los espacios que aparecen en mis imágenes se arman al mismo tiempo: algo va transcurriendo por un lado y terminando por otro y así en múltiples planos. Mi exposición está pensada como si la arquitectura fuera sólo para ver y no para habitar.

–Y en tu obra se pasa de las líneas a la forma y los volúmenes.

–Esas fotografías se fueron transformando en volúmenes, y pensé de qué modo poder llevarlas a una tercera dimensión: de la misma manera que se hacen los planos, proyectando las líneas en un espacio, continuarlas para que sigan su propio camino. Esta idea la pude desarrollar en la instalación de la escalera.

–La instalación de la escalera tiene casi escala real y al mismo tiempo genera una estructura infinita, gracias a los espejos.

–En el recorrido de la muestra el paso siguiente es esa instalación hecha con materiales totalmente nuevos para mí, en la medida en que lo bidimensional sale a la búsqueda de su propio volumen, a partir de una fotografía realizada hace algún tiempo, una escalera en equis se representa en una estructura hecha en vidrios espejados: los mismos que se utilizan en los interrogatorios de cámara Gesell. Esos vidrios tienen una particularidad casi de espía, porque uno mira para no ser visto. La propuesta se representa con una escalera en un tamaño no-real ya que parece que sí lo es, pero en realidad no es real. El piso es una superficie espejada, lo que permite que las líneas de estructura de esa escalera en equis se continúe y perfore virtuamente el límite del piso, transformándose en una imagen repetida hacia abajo, hasta el infinito. En los costados los espejos proyectan la estructura irreglar de la escalera en muchas posiciones, creando así la expansión hacia todos lados, y a la vez a ninguno en particular. Esta instalación tiene el título de Sin fin: no comienza ni termina en ninguna parte, se repite todo el tiempo. Espero y creo que en la percepción del espectador logre un encanto casi hipnótico. Aquí es donde aparece la idea del título: El umbral invisible.

–Hay una serie de fotos en cajas, que también tienen espejos y en algún caso están curvadas.

–Cuando trabajé en esa serie de ocho imágenes más pequeñas (contenidas por un contramarco de espejos), buscaba una idea de manipulación creativa que creo haber logrado. Usando la distorsión como un elemento de visión, sin llegar a ser un efecto especial, sin usar nada digital, porque se trata de una pura proyección de la forma misma de la estructura infinita. El marco es el límite del cuadro y quise salir de ese límite y poder contener y hasta retener al espectador en la búsqueda del fin (o no) de la obra. Y para seguir conteniendo cierto régimen de atracción, las fotografías están de algún modo quebradas en sí mismas, como una maqueta hecha con estructuras en función escenográfica, por detrás de esas obras. Creo que en el plano de un edificio todo está proyectado para ser ralizado. En cambio en la fotografía hay un componente que yo creo es mágico.

–En contraste con la instalación de la escalera, la instalación de las telas transparentes es casi inmaterial.

–Es una obra que se compone de ocho piezas impresas en una muselina de seda de gran tamaño, porque son piezas de dos metros treinta por un metro cincuenta cada una. En lo técnico, la tela es de una materialidad casi imperceptible, casi no tiene cuerpo, y eso me permite desarrollar mi idea de piel como capas, de ahí el nombre del trabajo: “La piel translúcida”, a modo de capas o planos. Esta obra está hecha con la idea de ver más allá de la misma fotografía. Por contraste, la imagen de una escalera brutalista y concreta, de cemento, que está totalmente despojada de su armado material para convertirse en su propia representación: un espectro o alma de algo que abandonó el cuerpo recientemente.

–¿Cómo surgió esa obra translúcida?

–Mi idea al trabajar de esta manera viene desde hace un tiempo. Buscaba la posibilidad de poder representar más de un punto de vista en la misma pieza, los velos que estas imágenes construyen a primera vista dejan en el espectador mi búsqueda al descubierto. Creo que en este trabajo puedo mostrar lo lúdico del pensamiento cuando uno crea una obra. Como si siendo fotógrafo me transformara, sin tener título, en un arquitecto, un ingeniero y por qué no, un científico que prueba y crea algo mientras está en una búsqueda. A su vez la búsqueda se materializa en el resultado de las obras. En esta instalación el espectador puede buscar su punto de vista: es una obra que imaginé para que sea transitada y recorrida de la manera que uno quiera.

–Y con el paso de los visitantes las telas se mueven.

–En todos los casos la obra cambia, cambia de densidad, cambia de volumen y hasta el movimiento casi en cámara lenta que tienen la telas va provocando transformaciones que en si misma son únicas y efímeras.

–Por último están las fotos de gran tamaño, donde se ve con claridad, pero en el plano, las formas estructurales, las líneas y los volúmenes.

–Esas imágenes están desarrolladas a apartir de fotos que realicé de muchas estructuras de obras en construcción; obras que se arman a partir de los caños tubulares que se necesitan para armar las obras de cualquier proyecto arquitectónico. Todas integran la serie “La lógica de las formas”. Y acá es donde mi ojo ve o proyecta: donde la representatividad de las otras dos etapas de la muestra se conjugan en unas piezas bidimensionales que en el fondo no encajan del todo con esa bidimensionalidad que se supone es característica de la fotografía. Estas imágenes tratan de salir de ellas mismas. Y se articulan con el políptico de ocho partes del que ya hablamos. Por último, está la foto de gran tamaño: una rampa que técnicamente está hecha con múltiples exposiciones. Se trata de una pieza relacionada con las telas del comienzo de la muestra, casi como una cinta de Moebius, no tiene derecho ni revés.

En el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930, hasta el 30 de agosto.

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