Esmeralda Mitre: Ninguna oveja negra

Esmeralda Mitre: Ninguna oveja negra

(CABA) Esmeralda Mitre estrena este jueves Hija única, la película de Santiago Palavecino en la que por momentos puede vérsela descuidada, alterada, un poquito gorda, con el rimmel corrido. Es decir, alejada del imaginario -o prejuicio- de la rubia bonita, estilizada y con look felino para la foto del poster. Ella (la chica rica, descendiente directa del presidente argentino Bartolomé Mitre e hija del director del diario La Nación) lo adjudica a cuestiones como su profesión de actriz y la búsqueda de la verdad y de la libertad. En el living de su casa de Barrio Norte, entre cuadros de Nicolás García Uriburu, un retrato pop de ella y su marido, el director del Colón Darío Lopérfido, y muchos -muchísimos- libros de artes plásticas, cine y música, Esmeralda puede posar con la profesionalidad y obsesión de una modelo y seguir la conversación sin permitir que se le escape un comentario frívolo.

“Calculo que el prejuicio sobre mí puede ser por portación de apellido. En general es así con todo el mundo. No importa si sos linda o fea, rubia o morocha, o incluso si estás o no enfermo. El que es libre, tiene algo distinto o no se acomoda al molde, genera siempre un incordio muy fuerte en el otro”.

Para ir en contra del prejuicio, dice, buscó siempre el camino más difícil. “Estos últimos quince años -tiene 34- me los pasé haciendo roles en teatro que tuvieran carnadura: hice obras con Juan Carlos Gené, fui Ofelia en Hamlet, hice El príncipe de Homburg en el San Martín, Incendios con Sergio Renán. Me rompí el alma por tratar de no agarrar el camino fácil. Creo que hay un momento, entre los 20 y los treintaypico, en que podés tomar estos roles. Después se te pasa el cuarto de hora”.

-¿Por eso entonces no privilegiaste la televisión?

-Si yo pasaba mi vida haciendo televisión estos quince años, no iba a poder hacer estos papeles. No se puede hacer todo en la vida, hay cosas que tenés que resignar.

-Y resignaste popularidad…

-Resigné cierta popularidad, sí. Pero estoy muy feliz. Igual, no la desprecio. Todo lo contrario.

Hija única cuenta la historia de un director de cine (Juan Barberini), que descubre que es hijo de desaparecidos y que debe cobrar una herencia de esos padres. Su primera esposa (Ailín Salas) muere en un accidente de tránsito y cinco años más tarde se casa con otra mujer (Esmeralda Mitre), con la que tiene una hija que es un calco de su primera mujer. Es una película sobre la identidad, muy original en su trama y, si se quiere, con un componente fantástico.

Allí Esmeralda es Berenice, el motor que empuja al personaje de Barberini a admitir su realidad, a luchar por la herencia y a enfrentarse con -otra vez- la verdad.

“A Santiago, el director, lo conocí a las 21 años. Tenemos la misma edad. El hizo una película, Otra vuelta, que ganó el premio Residencia en Cannes y fue a armar su segundo filme allá. Por diversas razones, nunca habíamos podido trabajar juntos. Así que cuando me llamó para Hija única, acepté feliz. El sacó muchas partes de mí; mostró mi vulnerabilidad, mi bravura, mi carácter, mi dolor y mi inseguridad…”.

-En la película te animaste a un desnudo. ¿Te costó hacerlo?

-No tuve demasiados problemas con eso. En el rodaje estaban solamente el director y el iluminador (Fernando Locket), en los que deposité mi confianza, mi cuerpo, mi cara, mis defectos, mis virtudes, todo.

-¿Te gusta cómo quedó?

-Hay cosas que estéticamente me gustan y otras que no, pero yo no puedo ser imparcial. Me gusta no estar maquillada, o con el rimmel corrido, se ve más dramatismo.

-Volviendo a lo familiar, ¿qué clase de hija sos?

-Yo creo que fui una hija libre. Soy una hija que se suponía era la rebelde o la oveja negra y finalmente, para mí, soy la oveja blanca. Esto, en el sentido de que siempre fui una persona que fue con la verdad. He llevado a fondo cada tema que estaba intrínseco en mí, en las entrañas de mi niñez o que hayan quedado medio turbias. Por ejemplo, yo no tengo cuentas pendientes con mis padres, porque fui a fondo con todo. Cuando mi padre estuvo enfermo y había cosas que no me querían contar, o cuando quería que hubiera justicia entre los hermanos y entre las relaciones humanas de mi familia. Y creo que eso finalmente mis padres me lo agradecen.

-¿Te estimulaban con el arte, o preferían que hicieras otra cosa?

-Siempre me estimularon. Mi papá, pese a su imagen más conservadora, siempre me decía lo bien que cantaba o actuaba. Mi mamá fue modelo de Pierre Cardin, actriz (Blanca Alvarez de Toledo trabajó en La fiaca, con Norman Briski) y filósofa. Después se casó con el pintor Nicolás García Uriburu y luego él se volvió homosexual. Por ahí, ella le tenía más miedo a mi libertad, pero me dejaron ser.

-Y te casaste con un funcionario público como Darío Lopérfido, a quien defendés con uñas y dientes. Cuando cuestionó el número de desaparecidos, por ejemplo.

-Es algo que me sale de adentro, de mi sangre, de mis entrañas. Creo verdaderamente en él, si no no saldría a defenderlo. El tiene una opinión y se basó en el número que dice la Conadep. Y siempre voy a defender a rajatabla la libertad de expresión.

-¿Discutiste con otros actores por él, alguno se te plantó?

-No, no discutí con ninguno. Me han respetado mucho.

-Tanto con Chano como con otros amigos tuyos, se me ocurre Mike Amigorena, solés hacerte fotos bastante jugadas. ¿No se pone celoso tu marido?

-Mike es testigo de casamiento nuestro, no tiene nada que ver.

-Pero flota cierto ambiente de libertad sexual ahí.

-Yo tengo, tanto con Mike como con Chano, una cosa mucho más profunda que un romance. Si no estuviera con Darío, claramente me podría enamorar de Mike. Es un gran hombre y es para mí, y por lejos, el mejor actor de la Argentina. Tengo admiración y respeto por él y, aparte, somos amigos íntimos. Nos decimos las mejores y peores cosas. Me gusta eso de tener mis amigos y mis hombres que me protejen. Igual, Darío es una persona muy libre. Pero no hay una cosa de libertinaje entre nosotros, como de que cada uno hace lo que quiere. Tampoco lo veo mal, si otro lo decide así. A mí no me gusta la exposición, porque no me gusta que se descuide la pareja. Ahora también creo que el derecho a la intimidad es un derecho clave y básico. Y es casi una obligación. Como decía Roland Barthes: la mujer tiene derecho a tener su intimidad más allá de su marido o de quien sea.

Con el piberío biónico a favor

Esmeralda Mitre hizo con Chano Moreno Charpentier el reality En busca de la canción, que el cantante ex Tan Biónica fue subiendo a las redes. Así, la pareja paseó por varios puntos del mundo, enrte ellos Nueva York.

“Me parecía moderno. Chano y yo hacemos una pareja muy extraña. Comunicacionalmente era jugado: una semana juntos, lo escribimos juntos, nos divertimos mucho”.

Sobre los ratones que podría haber generado la dupla, se desmarca: “Fue adrede, para que sea controversial. ¿Qué voy a hacer, un reality para acompañar a un cantante de groupie? Ni loca. Lo hice para que dejara algo”.

¿Y qué opinó el “piberío biónico”, los fans de Chano? “Me quisieron, quisieron a la pareja y me siguen escribiendo hasta hoy. Me piden un montón de cosas. Entre ellas, que lo ayude a estar bien”.

Disputándole el amor a Gabriel Corrado

Por estos días, Mitre está grabando una telenovela, Por amarte así, que saldrá al aire por Telefe, el lunes 14 a las 16.

La tira, en la que también trabajan Gabriel Corrado, Catherine Fulop, Gastón Soffritti y Brenda Asnicar es para Esmeralda “un culebrón clásico, pero con una vuelta de tuerca bastante original”.

Es que a ella le toca componer a una lesbiana que se enamora del personaje que hace Aylin Prandi, una actriz francesa que está en el elenco.

“En ese sentido, obro como una contrafigura de Corrado. Ya que él está enamorado de ese personaje y yo me obsesiono con ella”.

Mitre asegura que disfruta ahora de hacer televisión. Que le gusta cuidar el producto y lo hace con el mayor de los respetos.

S.C.