Buenos Aires, 23/03/2017

Enrique Avogadro: “Las oportunidades están, literalmente, a la vuelta de cada esquina”

El Secretario de Cultura y Creatividad de la Nación Argentina habla de la importancia del diseño para la definición de la Ciudad de Buenos Aires

(CABA) 9 días, casi 400 eventos y exhibiciones, 7 distritos urbanos de alta concentración de actividades, diseñadores de todo el mundo, y múltiples ramas y disciplinas del diseño que se encontraron e interactuaron entre sí. ¿Dónde? En las calles de Londres, sede desde hace 12 años de uno de los festivales de diseño más importantes del mundo y, sin lugar a dudas, uno de los mejores escenarios para detenerse a pensar en cómo el diseño tiene la capacidad de hacer del mundo un lugar mejor.

Y no sólo pensar sino también, y sobre todo, generar una gran conversación al respecto. Inútil entrar en el detalle de cada una de las charlas, clases magistrales, talleres, performances y foros que tuvieron lugar, pero sí vale la pena destacar que cada disciplina –desde la moda hasta la arquitectura, pasando por el diseño gráfico y el digital-, tuvo la posibilidad de ser analizada, pensada y debatida en profundidad por grandes expertos del sector, profesionales, estudiantes y público en general.

Tal vez esto último, acaso, sea una de las características más interesantes del festival, o al menos una de las tantas en las que resulte interesante detenerse unos momentos: que este evento gigantesco tiene la capacidad de acercar el diseño a la gente y a la gente al diseño, y este es un punto en el que el trabajo es constante, permanente y satisfactorio. Porque es allí, en la vida de todas las personas, donde se mide su verdadero impacto.

En ese sentido, vale como claro ejemplo el archiconocido sistema de transporte subterráneo de Londres, el Tube, que al margen de haber contado con sus muestras, charlas e intervenciones de rigor, representa por sí mismo un caso de éxito de cómo el diseño bien pensado y aplicado puede hacer magia con la cotidianeidad: sus dos marcas registradas -el mapa pensado por Harry Beck y la arandela y tipografía de las estaciones diseñadas por Frank Pick, ambas nacidas en la primera mitad del siglo XX-, son íconos que trascienden fronteras, idiomas y épocas, y representan a la ciudad tanto como la silueta de sus más famosos edificios.

Volviendo a nuestra Buenos Aires, está casi de más señalar como reflexión final que tenemos todo lo que hace falta para generar nuevos íconos urbanos y potenciar aún más los que ya tenemos, generando a la vez espacios públicos que sean terreno fértil para la construcción de una ciudadanía más poderosa y empoderada.

Contamos con diseñadores de primera línea, un talento creativo sin límites y una ciudad que es un enorme e inspirador canvas por aprovechar: las oportunidades están, literalmente, a la vuelta de cada esquina, y a veces, para encontrarlas, alcanza algo tan simple como salir a caminar. No dejemos nunca de hacerlo. NT

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