Enrique Avogadro: “Buenos Aires está llena de lugares increíbles”

Enrique Avogadro: “Buenos Aires está llena de lugares increíbles”

Escribe Enrique Avogadro

(CABA) La ciudad de Buenos Aires está llena de lugares increíbles dignos de ser descubiertos. Comparto una lista caprichosa con algunos favoritos.

1) Después de recorrer sus exhibiciones siempre provocadoras (Bourgeois a corazón abierto, el surrealismo escultórico de Giacometti , o un monumental Mueck, por mencionar apenas algunas) uno de los lugares que más me gusta de PROA, es su terraza. Amplia y luminosa, la vista desde ahí ofrece una de las postales más lindas de La Boca: el gigantesco puente Avellaneda, el flujo de locales y turistas que pasean cámara en mano por el suelo de adoquines, los barcos anclados en el río y las típicas casas del barrio, es un descanso que inspira y reconforta. La Boca es además bastión de una cultura emergente que vale la pena descubrir de a poco y el corazón del nuevo Distrito de las Artes.

2) La Reserva Ecológica de Costanera Sur es uno de los pulmones más grandes que tiene la ciudad. A tan solo algunas cuadras del caos de bocinas y motores, literalmente puedo refugiarme en este paréntesis agreste y ponerme en contacto con la naturaleza. Por lo general voy recorriendo el camino de tierra en bici hasta llegar a un banquito vacío donde poder sentarme frente al agua, custodiado por los ceibos. Oxigeno y horizonte a minutos del centro y una bondiola dorándose en las parrillitas de Costanera Sur. ¿Qué más se puede pedir?.

3) Elegir un restaurante en Buenos Aires es una tarea complicada por la enorme variedad de comedores que ofrece nuestra ciudad. De todos modos, vuelvo cada tanto a Pan y Teatro, escondido en una encantadora esquina de Boedo. Si tienen suerte y no hace frío, recomiendo sentarse bajo la parra a disfrutar del vino y la comida mendocina. El sonido del piano llegará de todos modos hasta donde están a través de las ventanas siempre abiertas.

4) Camino a menudo por el barrio de Barracas, ya que mi oficina del CMD está justo ahí. Podría arriesgar que uno de las calles más originales que vi es el Pasaje Lanin. Se extiende desde la calle Lanin hasta Brandsen y tiene la particularidad de estar formado por 35 frentes de casas pintadas de colores y formas distintas (onduladas, verticales u horizontales). Es una muestra de arte urbano permanente digno de ser conocido por quién ande por la zona.

5) Una de las librerías más lindas que tiene la ciudad es Walrus Books. Esta acogedora boutique de libros usados es un ejemplo fiel de la bohemia típica a la que se asocia a San Telmo (barrio en el que viví casi diez años). Tanto su decoración -la puerta de entrada con múltiples ventanas y las paredes, llenas de retratos de escritores famosos- como su contenido -tienen libros de casi toda la literatura norteamericana e inglesa, contemporánea y clásica, además de varios textos traducidos del español, y libros para chicos también dispuestos en bibliotecas de tamaños irregulares- la convierten en mi pequeño paraíso bibliófilo.

6) En el centro cada vez que paso por el Palacio Barolo no dejo de sorprenderme por su particular fachada. El interior es aun más interesante: tiene tres partes — que equivalen a una altura en metros de un edificio de 24 pisos — y sin dudas el último es el que ofrece la mejor vista de la ciudad. Si pensamos que el arquitecto que lo construyó — Mario Palanti — buscó hacer una alegoría de la Divina Comedia de Dante, desde ahí, se puede sentir uno en el cielo.

7) La Bicisenda de Libertador es uno de los mejores recorridos para hacer en bicicleta. Sobre todo para aquellos que van a trabajar, ya que se extiende desde Belgrano hasta Retiro, atravesando la Facultad de Derecho, el Museo Nacional Bellas Artes y los increíbles lagos de Palermo. Hay estaciones del sistema público de bicicletas en varios puntos del recorrido o en zonas próximas (Plaza Italia, Parque Las Heras, Facultad de Derecho y Retiro).

8) Hace tiempo hice un curso para aprender a meditar y la verdad es que valió la pena. Lamentablemente me falta la disciplina para meditar dos veces por día, a pesar de la calma que alcanzo cada vez que lo hago. De todos modos, de vez en cuando me escapo de la velocidad y el caos de todos los días para meditar veinte minutos y tomar conciencia de todo. Las iglesias son buenos lugares para encontrarse con uno mismo y la de Santo Domingo, en Belgrano y Defensa, es una de mis preferidas.

9) Aparentemente un poco de ruido en el ambiente estimula la creatividad. Me encanta leer o escribir en los bares, ausente de la música y las conversaciones que me rodean, con una cerveza helada para despedir al día. Gibraltar, en Perú y Estados Unidos, fue durante años mi refugio en San Telmo y todavía lo visito cuando estoy por el barrio, con un libro o un cuaderno en las manos.

10) Mi última recomendación es simplemente largarse a recorrer la ciudad con ojos de turista. Vale la pena caminar los barrios menos transitados, sin el apuro de todos los días y con la paciencia para descubrir mercados, parques, bares, tiendas o sencillamente calles tranquilas para disfrutar de su arquitectura y de la vida en las veredas. Un buen ejercicio puede ser el de tomarse un colectivo que conocemos poco, acompañando el trayecto hasta el final. Otra alternativa interesante es salir con la bici a recorrer las ciclovías a atraviesan la ciudad rumbo a los barrios menos fatigados por nosotros. NT