Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

En medio del Mundial, el grupo le puso fin al ciclo del entrenador

La selección argentina puede ganar la Copa del Mundo. Apoyada en talentos individuales que nunca antes en su historia reunió, mantiene intacta la esperanza de llevarse el trofeo de la tierra de su archirival, Brasil. Sin embargo, y sea cual fuere el resultado, el ciclo de Alejandro Sabella como entrenador del equipo está terminado y no seguirá más allá de esta competencia. En apenas 45 minutos, los del primer tiempo...

La selección argentina puede ganar la Copa del Mundo. Apoyada en talentos individuales que nunca antes en su historia reunió, mantiene intacta la esperanza de llevarse el trofeo de la tierra de su archirival, Brasil. Sin embargo, y sea cual fuere el resultado, el ciclo de Alejandro Sabella como entrenador del equipo está terminado y no seguirá más allá de esta competencia.

FBL-WC-2014-ARG-TRAINING

En apenas 45 minutos, los del primer tiempo frente al débil Bosnia, Sabella destruyó la confianza que había construido en casi dos años de trabajo y se rindió frente a las exigencias de los jugadores, que ahora no ocultan frente a los micrófonos el poco respeto que sienten por sus decisiones.

Durante los meses previos al debut mundialista, el director técnico de la selección argentina había planteado un esquema ofensivo con tres atacantes, acaso el que más cómodo resultaba para su máxima estrella, Lionel Messi.

Sin embargo, a pocos días de hacer su presentación en el Mundial, Sabella cambió de dirección, modificó su estrategia y apostó a un estilo más conservador, mucho más cercano a su pensamiento que al de los jugadores.

La reacción de los futbolistas fue desastroza: lentos, desganados, desanimados, dieron la peor impresión posible, incluso ganando uno a cero, con un gol fortuito y en propia puerta de Bosnia.

Durante el entretiempo, y a pesar del triunfo parcial, Sabella no tuvo más remedio que introducir dos modificaciones y volver al esquema favorito de Messi. Su autoridad, como su imagen ante la opinión pública, se derrumbó para siempre.

El encuentro terminó 2 a 1 y los jugadores no tuvieron ningún reparo en responsabilizar al entrenador por el mal desempeño. “En la primera parte nos metimos atrás, regalamos la pelota”, acusó Messi. “Nos sentimos mejor jugando con más atacantes”, reconocieron otros, más sutiles. Sabella ensayó una tibia autocrítica, pero no profundizó.

Alrededor del conjunto argentino nadie tiene dudas respecto a que el técnico no insistirá con su idea original en los partidos por venir y respetará el deseo del grupo, que impuso su criterio y sometió a su seleccionador, tantas veces alabado por su inteligencia para manejar a un equipo estelar.

De hecho, si no se tratara de una competencia a mitad de camino, lo más lógico sería que Sabella diera un paso al costado. Que renunciara. A menos de una semana del siguiente encuentro, es probable que continúe. Que siga hasta el final, en realidad. Y quién dice, hasta incluso tenga la suerte de que lo hagan campeón.

 

Fuente: Luciano Dolber,  www.voces.huffingtonpost.com

Comentarios

Ingresa tu comentario