Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

En el 80% de las casas, hay fallas con el gas

El gas, un enemigo en casa. En la mayoría de las viviendas, hay fallas. (CABA) En los últimos meses, el gas de uso domiciliario se ha cobrado un altísimo y doloroso número de vidas. A los a ccidentes como el ocurrido en Rosario el martes último, donde hubo por lo menos 15 muertos, hay que sumarles este invierno más de 30 muertes por intoxicación con monóxido de carbono, una verdadera...

El gas, un enemigo en casa. En la mayoría de las viviendas, hay fallas.

gas en rosario

(CABA) En los últimos meses, el gas de uso domiciliario se ha cobrado un altísimo y doloroso número de vidas. A los a ccidentes como el ocurrido en Rosario el martes último, donde hubo por lo menos 15 muertos, hay que sumarles este invierno más de 30 muertes por intoxicación con monóxido de carbono, una verdadera epidemia, mayor incluso que la de la gripe.
Instalaciones deficientes y la falta de controles han convertido a miles de viviendas en trampas mortales. En el 80 por ciento de las viviendas particulares la conexión de gas no es segura o no se ajusta a las normas vigentes, según afirma el presidente de la Asociación de Gasistas Matriculados de la ciudad de Buenos Aires, Walter Kesternich.
Sin embargo, por temor a que a su edificio le corten el suministro por meses, son muchos los vecinos que acaban convirtiéndose en cómplices involuntarios de un sistema que se alimenta de coimas y negligencia. Falta de ventilación, conexiones mal hechas, cañerías corroídas, estufas que consumen demasiado oxígeno en ambientes pequeños, válvulas de seguridad desactivadas o detectores de monóxido de carbono anulados para que no se apague el calefón son algunas de las principales irregularidades informadas.
“En ocho de cada diez viviendas, cuando un gasista revisa las instalaciones detecta alguna irregularidad que en la mayoría de los casos implicará que sus habitantes se queden sin suministro de gas por los próximos días, hasta que realicen las reformas”, detalla Kesternich.
Todos los edificios y viviendas particulares deberían controlar una vez al año el estado de sus instalaciones de gas. Sin embargo, son pocos los propietarios que efectivamente cumplen con este requisito de seguridad que no es obligatorio por ley.
Así lo confirmaron los voceros de las distintas empresas distribuidoras de ese servicio público en el país y lo confirmó el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas). Aunque muchos consideran que debería ser obligatorio tal control, lo cierto es que este riesgo hoy está librado a la decisión de los vecinos o del consorcio de propietarios, que deben contratar a un gasista matriculado para verificar el estado de las instalaciones internas, ya que las empresas afirman que su responsabilidad llega hasta la conexión de la red pública al domicilio particular.
En la Asociación de Gasistas Matriculados de la ciudad de Buenos Aires admiten que son contados los edificios que realizan este control anual, que puede costar unos 300 pesos por departamento, más otros 500 pesos por verificar el estado del interior de cada vivienda.
Para evitar un incremento en las expensas (un gasista matriculado cobra a partir de 150 pesos sólo por visitar cada domicilio) o por temor a un corte del suministro durante semanas, lo cierto es que al no existir una normativa clara al respecto, la mayoría de los vecinos evita realizar este control anual o denunciar una posible pérdida. Razones no faltan. Peligros, tampoco.
Desde Metrogas coinciden en que son pocos los edificios que, en forma voluntaria, realizan estos controles. “Acá hay una verdad y nadie la dice. Muchas veces la gente siente olor a gas y no llama por temor a que le corten el gas. Y al vecino que denuncia, el consorcio lo estigmatiza. Porque la empresa tarda meses en reconectar el servicio”, denunció Osvaldo Loisi, director de la Liga de Consorcistas.
“Cuando se siente olor a gas, se llama al gasista porque arregla las cosas sin cortar. También algunos acaban buscando al gasista no matriculado o al plomero, o al mismo portero, porque el matriculado tiene la obligación de denunciar y cortar el suministro -añadió-. Lo perverso del sistema es que, de esta manera, para evitar los cortes de suministro, todo el edificio se está exponiendo a un peligro altísimo.”

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