Buenos Aires, 18/11/2017, edición Nº 1830

En Constitución y en la Villa 31 los menores compran drogas

Los narcotraficantes trabajan a todo ritmo. Sentados en las puertas de los hoteles, algunos con armas a la vista, manejan el territorio

(CABA) En la intersección de las calles Brasil y San José, barrio porteño de Constitución, siempre hay un agente de la Policía Federal. A pocos metros de allí, en la puerta del bar ‘Boquita’ venden cocaína, marihuana y paco a todo aquel que pase por el lugar y lo solicite, según reportes de inteligencia realizados por la Policía Metropolitana.

La mayoría de los clientes son menores de edad, que llegan en tren de localidades cercanas del conurbano bonaerense y de distintos lugares de Capital Federal. Todos los rincones del barrio funcionan como un ‘shopping’ a cielo abierto.

En las veredas, donde se vuelve insoportable el olor que produce la mezcla de basura sin recolectar y el asfalto hirviendo, niños y adolescentes de entre 10 y 17 años fuman veneno en pipas improvisadas. A su lado, los peatones caminan sobre la cotidianeidad que ignora. Cada dosis de paco se consigue por $25 pesos, mientras que la cocaína y la marihuana rondan los $100.
Los agentes de la Policía Metropolitana también confirmaron que en la intersección de las calles Santiago del Estero y O’Brien opera una célula de delincuentes, perteneciente a otra organización mayor, que trafica drogas duras.
Sobre esta banda de narcotraficantes, desde la Fiscalía 6 de Comodoro Py, a cargo del primer tramo de la investigación, destacan “la impunidad estructural en la que parecen operar a diario las personas que se dedican al comercio de drogas, a plena luz del día y frente a los ojos de todo el mundo”.
“La proactividad de algunos vecinos promueve la intervención estatal, mientras las fuerzas de seguridad con funciones de prevención en el lugar no producen ninguna información respecto al circuito de distribución de un negocio ilegal”, analiza el fiscal Federico Delgado en los documentos vinculados a las denuncias que realizaron los habitantes de la zona.
Por último, el funcionario judicial concluye: “Como vimos a través del resultado de la investigación, los vecinos del barrio de Constitución presencian todos los días la venta de drogas frente a sus narices, mientras que la policía que tiene el deber de patrullar la zona no lo puede ver y por lo tanto no actúa, no previene”. NT

Comentarios

Ingresa tu comentario