En Apacheta Sala Estudio le dan una vuelta de tuerca a la...

En Apacheta Sala Estudio le dan una vuelta de tuerca a la guerra de Malvinas

(CABA) Dicen que los trabajos en el monte repercuten en el cuerpo. Hacheros, recolectores de fruta, cazadores: todos llevan alguna huella de aquel difícil paraje, aunque la oculten muy bien, porque convivir con el monte también los vuelve escondedores, con dolores internos que crecen como árboles.

La dramaturgia de esta obra –muy bien resuelta por Fabián Díaz– está poblada de palabras de la tierra y palabras del cuerpo: se genera un discurso trabajoso, peleado, una superficie que cuenta banalidades contradictorias hasta que el espectador asume que hay dos personajes en escena: un padre que se escondió en el monte escapando de un recuerdo y un hijo que lo busca.

Estamos en el litoral, sitio de donde salieron la mayoría de las tropas que combatieron en Malvinas. Esos olvidados, que regresaron de la guerra y no hallaron sitio en el pueblo, gente con la cabeza cambiada ante el vacío del mar, decidieron hacer una banda de ladrones rurales. La naturaleza es lo único tolerable para ellos. Hijos, patria, madre son pesos que no se pueden soportar.

Una estupenda actuación de Iván Moschner nos hace olvidar que estamos viendo un unipersonal. Sus labios, sus gestos, sus movimientos, nos presentan tanto al hijo como al padre, pasando como por debajo de la sombra de los árboles, una sombra que le va cambiando las personalidades.

El diseño de escenografía de Isabel Gual dispara la imaginación, permite palpitar la insolación, apoyada en el diseño de luces de David Seldes.

A pesar de lo machazo del texto, de su engañosa brutalidad, se esconde como en el monte una delicadeza intrínseca: la de contar una guerra espantosa, que nos partió a la mitad sin cicatrices aparentes, de una manera lejana, pudorosa, eficazmente terrible.

La sala está en Pasco 623, los sábados a las 19. Para comprar entradas, hacer click acá. NT