Buenos Aires, 30/03/2017

Emocionado, Mauricio Macri visitó sus orígenes italianos

(CABA) En primera persona, el jefe de gobierno cuenta, emocionado, su viaje a sus orígenes italianos. “Mis raíces me hacen más fuerte”, dijo. “El sábado pasado visité por primera vez Polistena, el pueblo donde nacieron mis abuelos paternos. Polistena está en el sur de Italia,...

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(CABA) En primera persona, el jefe de gobierno cuenta, emocionado, su viaje a sus orígenes italianos. “Mis raíces me hacen más fuerte”, dijo.

“El sábado pasado visité por primera vez Polistena, el pueblo donde nacieron mis abuelos paternos. Polistena está en el sur de Italia, casi en la punta de la bota, y es un pueblo de calles finitas, lomas suaves y unos pocos miles de habitantes. Cuando llegamos, cerca del mediodía, dos patrulleros habían cortado la calle principal y una pequeña multitud nos estaba esperando. El cariño que recibimos con Juliana y mi primo Jorge fue espectacular.

Me sorprendió ver que dos de los apellidos más comunes en Polistena son Macri (ellos lo pronuncian Macrí, con acento en la i) y Calcaterra, el apellido de mis otros primos. Íbamos por alguna calle esa mañana y los locales me apuntaban para una casa y decían “Ahí vive un Macrí”, “allá vive otro Macrí”. Parecía haber Macrís por todos lados. Pero había una especial: Renata, la prima de mi padre, que vivía del otro lado de la plaza.

El primer lugar que visitamos fue la Pasticceria Riolo, un bar de más de 100 años manejado por Salvatore y su hijo Luciano, que nos trataron de primera. Ahí pasó algo gracioso: apenas entré me fui directo a la bandeja de los dulces, que me enloquecen, y Juliana y los demás se rieron al verme atacar tan directamente las masas y las tortas del bar. No tomo alcohol y casi siempre como sano, pero mi perdición son los dulces.

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Frente al bar estaba la casa donde habían vivido mis abuelos antes de mudarse a Roma, donde nacieron mi padre y mis tíos. Me parecía increíble estar en ese lugar. Después paseamos un rato, visitamos al síndaco del pueblo (yo también soy síndaco, de Buenos Aires) y el concejo deliberante local. El único que nos hablaba en castellano era Vincenzo Calcaterra, un primo lejano muy simpático que había vivido en las Islas Canarias.

Finalmente llegamos a la casa de Renata, una casa lindísima llena de enredaderas y galerías.

Lo primero que pensamos con Jorge cuando la vimos fue: “Cómo se parece a nuestra tía Pía”. Entramos y nos sentamos en el living, donde Renata nos ofreció un café y empezó a mostrarnos fotos viejas y en blanco y negro. “¿Saben quien éste?”, nos preguntaba, apuntando a una foto. Nosotros a veces no sabíamos, pero Renata siempre nos daba la respuesta.

También tenía un recorte de un diario viejo en italiano que decía algo así como “El presidente de Boca ahora quiere ser presidente de Argentina” y tenía una foto mía, de la época de Boca, todavía con bigote. Muy cariñosamente, además, Renata nos había dibujado a mano un árbol genealógico de la familia, que guardé y me traje conmigo a Argentina.

Fue un momento muy emocionante. Ver esas caras y escuchar esas historias me permitió conectarme con una parte de mí que pensé que había olvidado. Jorge, que es más charlatán, contestaba las preguntas de Renata y siempre tenía una anécdota a mano. Yo preferí quedarme más callado, porque la experiencia me hizo sentir parte de algo más grande y me permitió ver las vueltas que tiene el mundo. Si las cosas hubieran sido apenas un poco distintas, yo perfectamente podría haber nacido y vivido siempre en Polistena.

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Al lado de la casa de Renata había un monumento a los oriundos de Polistena caídos en la Segunda Guerra Mundial. Por cuentos familiares sabíamos que había al menos un pariente nuestro entre ellos, pero igual nos sorprendió y nos conmovió ver, en la placa de los homenajeados, estos dos nombres: SOLDATO MACRI FRANCESCO
SOLDATO MACRI PAOLO

Más tarde, mientras comíamos con parte de la comitiva en un restaurante muy lindo, lamenté no haber ido antes a Polistena, cuya historia y cuya gente son, aunque sea sólo en parte, también mi historia y mi gente. Igual estoy muy contento de haber ido y de haber experimentado la enorme hospitalidad de los polistanos, que nos trataron, a Jorge y a mí, como hijos pródigos. Creo que conocer esta parte de mis raíces me va a hacer más fuerte para enfrentar los desafíos de los años que vienen, que serán muchos”.

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