Buenos Aires, 27/07/2017

Emilio Lafferriere: “Nada va a cambiar si seguimos haciendo lo mismo”

El funcionario de Cambiemos analiza el cambio de presidencia y los primeros cuatro meses del gobierno de Macri

(CABA) Estamos transitando los primeros cuatro meses del nuevo gobierno. El gobierno saliente que ocupó el poder durante doce años, que no colaboró con la transición y se negó a participar de la asunción del sucesor elegido democráticamente, marca un contraste estilos. No fueron fáciles esos primeros días, dominados por ex funcionarios kirchneristas atrincherados que se negaban a dejar sus cargos.

El gobierno de Cambiemos, lejos de entrar en discusiones y reconociendo la magnitud de los problemas heredados, se abocó a armarse de paciencia y transitar con firmeza un proceso que supere los primeros escollos y apunte a generar las bases para una salida sustentable. Las metas madre fueron trazadas con claridad: pobreza cero, lucha contra el narcotráfico, unir a los argentinos. Aún cuando la magnitud de la crisis de la herencia fue enormemente mayor a lo estimado y conocido, se comenzó la tarea.

El estado de situación daba cuenta de: un país aislado, la inflación más alta del mundo, un estado destruido y denigrado, tasas de pobreza y desocupación escondidas. Sistemas oficiales de medición y estadísticas desmantelados y mentirosos. Una economía estancada desde hace años. Un sistema político domesticado con gobernadores asfixiados. Un sistema de comunicación pública de pensamiento único y disciplinamiento, y un sistema de medios para estatal sostenido por miles de millones de pesos de pauta discrecional utilizada para mantener un relato y castigar el pensamiento crítico. Los organismos del Estado para perseguir. La corrupción enquistada. Trampas diseñadas para el futuro gobierno, fuera Scioli o Macri… Difícil tarea para el arranque.

El gobierno de Cambiemos, con minoría en ambas Cámaras del Congreso y mayoría de gobernadores de otro signo, comenzó un camino con pautas claras: decir la verdad siempre, dialogar, creer firmemente en una nueva forma de relacionamiento político, a tono con la agenda del siglo XXI.

El 10 de diciembre, no cambió nada, pero cambió el rumbo. El resultado: se comenzó a respirar otro clima. A cuatro meses, no estamos en donde queremos y hace falta mucho esfuerzo, pero la dirección es clara, y se recuperó la esperanza.

Nos decían que era imposible, y demostramos que se puede. En cuatro meses: no hay más retenciones a las exportaciones para los sectores del campo; no hay más cepos en la economía; se comenzó a desandar la estafa del impuesto a las ganancias a los trabajadores de manera que hoy el 90% de los asalariados quedaron fuera de la obligación; se liberó el mercado de cambios; se comenzó con sinceramiento de las tarifas de los servicios públicos (dura y dolorosa medida pero necesaria para salir de la crisis energética a la que nos llevaron en 12 años y que arruinó el sector); se reconoció la reivindicación de las provincias a percibir una mejor coparticipación federal (no reconocida por el gobierno kirchnerista para extorsionar a los gobernadores); se reactivaron obras públicas que estaban paradas desde hacía años, rutas, puentes, caminos, obras hídricas para evitar inundaciones). ¿El objetivo? Una economía que genere empleos.

Las medidas sociales, en medio de la crisis heredada y muchas veces escondida, ayudan a paliar mientras tanto situaciones. Este es un gobierno que está cerca de la población con menores recursos. Un estado presente no significa ser clientelista, significa tomar medidas para solucionar problemas. Por eso, en estos meses: se amplió el acceso a la Asignación Universal por Hijo a monotributistas y sectores más vulnerables que antes no lo percibían, incorporando millones de familias al beneficio; se estableció el sistema de la devolución del IVA a alimentos; se instrumentó el pago por única vez de 500 pesos a jubilados como paliativo a la situación actual; se convocó al Consejo del Salario; se extendió el pago de asignaciones familiares a trabajadores temporarios. En estos cuatro meses se tomaron medidas a lo ancho y a lo largo de todo el país como no se hacía desde hace tiempo, en materia de acceso a crédito, en materia habitacional, de obras públicas en las provincias con el apoyo del gobierno federal, sin importar el color político del gobernador.

Porque en este cambio de la forma de ejercer el gobierno es importante la señal que se da desde arriba hacia abajo. Y también la reciprocidad del gobernante de otro signo pero que encuentra en el gobierno central un punto de coincidencia: es mas importante resolver problemas que trenzarse en disputas políticas absurdas. Eso también forma parte del cambio

La política de transparencia también marca un cambio. Al compromiso del Presidente y del gobierno de decir la verdad y exponer los problemas en su verdadera extensión, se siguieron medidas concretas: estar abiertos y dispuestos a cualquier requerimiento de la justicia aunque cualquier sospecha; el envío al Congreso de la ley de acceso a información pública, la implementación del acceso al gobierno on line; y las conferencia de prensa y acceso a los requerimientos de los periodistas como nunca hubo en años anteriores.

Párrafo aparte merece la dimensión política del presidente Macri al objetivo de desmontar el gigantesco aparato que sostenía el Relato K. Luego de la creación del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, en cuatro meses se logró concretar la primera etapa: garantizar una programación amplia y plural en los medios públicos, con alta calidad y profesionalismo. Quedó afuera la persecución política, el linchamiento mediático, el pensamiento único. Quedó atrás la utilización propagandística y sesgada del Centro Cultural Kirchner y Tecnopolis para robustecer una política de difusión de las expresiones federales que puede mostrar la Argentina de todos, prontamente a inaugurarse.

El comienzo de la gestión, luego de 12 años de otro signo político, requiere un sin número de acciones que apunten al país que queremos. A la tarea de desmontar el relato, diciendo la verdad, se debe día a día construir confianza y coherencia, conectadas a medidas concretas articuladas en el largo plazo. Eso es percibido por la sociedad.

Sin dudas que las urgencias apremian, pero el horizonte viene cargado de esperanzas, porque se ve un gobierno trabajando sin pausa. En esa dirección, es clara la obsesión del Presidente y los equipos del gobierno: generar empleos, bajar la inflación y que la economía crezca. Así vamos a lograr mejor educación con oportunidades, un estado inteligente que pueda desplegar sus políticas, y una mejor calidad de vida para todos.

Hace cuatro meses comenzamos por el principio. La herencia económica, social y cultural de la década kirchnerista es enorme. El modelo K no fue un modelo agotado por exitoso, fue un plan organizado para, en nombre de justas reivindicaciones, destruir y saquear el estado, y pauperizar y destruir el futuro de nuestros jóvenes y del país.

Sin dudas que lo contrario al modelo que gobernó la década K no debe la antípoda. El país que queremos construir debe ser superador de cualquier antagonismo. Es hora de comenzar una nueva etapa, la de encontrar nuevas formas de relacionarnos entre los argentinos. Con menos gritos y más conversación. Mirándonos las caras. Diciendo la verdad siempre.

Nada va a cambiar si seguimos haciendo lo mismo. NT

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