Buenos Aires, 23/10/2017, edición Nº 1804

Eliana Cristaldo, la modelo plus size de Banfield que se desnuda para que la retraten

Su trabajo es ser "modelo vivo" para que artistas profesionales y amateur dibujen su figura. "Peso 110 kilos y me siento muy sensual".

(PBA) Hubo un corte en el Puente La Noria y Eliana llega a la clase de “dibujo con modelo vivo”, en Boedo, agitada. Afuera ya está oscuro y fresco pero acá adentro los alumnos y el profesor construyeron un ambiente cálido combinando las luces, el piso de madera y una música suave. Eliana llega, sonríe, saluda, pide disculpas por la demora y, mientras conversa, se saca la ropa. Es ella “la modelo viva” a la que ahora retratarán desnuda.

Eliana Noelia Cristaldo tiene 23 años, vive en Banfield y en poco tiempo será Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Pesa 110 kilos por lo que es, además, representante de una corriente mundial de modelos “plus size“, “curvies” o de “talla grande“. Eso significa que parte de su trabajo es posar para fotógrafos que busquen captar las texturas de su piel, las asimetrías de un cuerpo más grande que los que salen en las publicidades y una forma de sensualidad menos obvia.

“Fui grandota desde que nací y siempre fui muy liberal con mi cuerpo. Nunca tuve problemas con ponerme la ropa que me gustaba, así fuera un top con un shorcito. Si a mí me gustaba, entonces estaba perfecto”, cuenta a Infobae. La cita de hoy, en el Centro Cultural Nivangio, se llama “Poniéndole el cuerpo al dibujo“. Hay frente a Eliana, alumnos que apenas pasan los 20 años y está Rafaela -ahora concentrada en las proporciones de su frente-, que está por cumplir 70.

Eliana se desnuda y va cambiando de posición para que los alumnos observen cómo cae la luz sobre su espalda tatuada, la anatomía de la celulitis, las proporciones de los muslos, la caída que tienen los pechos cuando pesan, el lugar hacia el que se proyectan sus pezones.

“Yo no tengo un cuerpo estándar y me siento muy sensual. Una chica gordita o grandota puede cautivar, generar belleza. Un cuerpo distinto también puede ser sexy y bello”, sostiene Eliana que, además, trabaja de modelo en las llamadas “Jam de dibujo“: encuentros en los que hay bandas de jazz tocando en vivo, hombres y mujeres desnudos improvisando poses, y decenas de dibujantes (con y sin experiencia) retratándolos.

La convivencia pacífica con su cuerpo tuvo sus mesetas. “Fue en la época del viaje de egresados y de la fiesta de fin del secundario. Empecé a notar que todas las chicas de mi edad eran más delgadas, más menuditas. Yo quería estar sexy pero mi cuerpo no respondía a esa imagen generalizada de qué es sexy y qué no lo es. Entonces empecé a cuestionarme, a preguntarme qué estaba haciendo mal y a hacer dieta. Se ve que no me quería así como era, sólo quería ser igual a las demás. La verdad es que cuando adelgacé no me reconocí: me veía fea, enferma, rara, cualquier cosa menos sexy”, cuenta ahora.

Fue así que decidió no volver a taparse: cuando se iba de vacaciones a la playa veía chicas con cuerpos “estándar” cubiertas con remerones, mientras ella corría por la arena en bikini.

A veces venían amigas y me preguntaban, como con admiración: ¿cómo hacés para estar así de tranquila con tu cuerpo? Porque yo andaba con ropa ajustada y me sentía linda, levantaba la frente y decía ‘bueno, acá estoy yo’. Siempre supe que de afuera te pueden criticar, deben decir ‘mirá a la gorda’, usando la palabra gorda como un insulto. Pero si eso te afecta el mambo es tuyo, es interno, no depende de lo que digan. Cuando vos te querés y te aceptás, los de afuera también”.

Eliana sabe, de todos modos, que su peso no es saludable: “Yo no promuevo el sobrepeso -aclara-. Yo sé que pesar 110 kilos a mi edad está mal, debería pesar menos por mi salud. Mi mensaje es otro: aceptarse como uno es y una vez que te querés, hacer lo necesario para estar mejor”.

Ya pasaron dos años desde la primera vez que Eliana se desnudó frente a un fotógrafo. Y varios meses desde que descubrió el mundo de los “modelos vivos“, que en algún momento creyó exclusivo “para mujeres como Rose, en Titanic, cuando Di Caprio la retrataba desnuda con una joya en el cuello”. Nadie sabe qué está pensando ella ahora, mientras el resto la mira desnuda.

Es ella -la futura psicopedagoga- quien contesta: mientras los dibujantes estudian su cuerpo, ella estudia a los dibujantes. “Yo estoy mirándolos, observo cómo se paran frente al dibujo, a quién le cuesta arrancar, quién se enoja cuando no le sale, quién es más exigente, a quién le importa el resultado final y a quién el proceso, quién sufre mientras me dibuja y quién se siente como yo, así, un poco más libre”. NR


Fuente consultada: infobae

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