Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

El Smart ForTwo, el coche perfecto para la ciudad

En las caóticas calles porteñas el chiquilín se mete en cualquier hueco, y no le falta potencia para hacerte emocionar.

(CABA) La historia de este autito empezó a la hora menos pensada. A comienzos de los 90, el suizo-libanés Nicolas Hayek no se conformaba con ser el CEO del grupo Swatch, líder en relojería de alta gama. Fierrero como era, el relojero midió con maestría los tiempos de las tendencias en movilidad urbana y tomó la decisión de aventurarse en la industria automotriz, tan ajena a los relojes.

Terminada la posguerra, ningún fabricante volvió a producir microcars que pudieran estacionar de trompa, como lo habían hecho los BMW Izetta o los Messerschmitt KR175. Producto de la escasez, esos coches eran incómodos e inseguros, y fueron discontinuados a medida que las economías de Europa se fueron recuperando. Pero en su imaginación, Hayek entendía que si cientos de piezas diminutas (volantes, espirales, escapes, resortes) podían acomodarse en el cuadro de un reloj de pulsera, bien podían caber todas esas comodidades en un automóvil moderno.

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La idea fue presentada a muchas compañías que se negaron tajantemente. Mercedes-Benz se interesó por el proyecto, y en 1993 nació la joint venture Smart (Swatch+Mercedes+Art) y se fueron definiendo algunos de los principios rectores del futuro producto. Como enseñaba la experiencia de la industria, un auto de esas dimensiones (apenas 2,69 metros de largo) debía tener motor trasero. A diferencia de las viejas generaciones, sus estándares de seguridad debían estar a la orden del día. Mercedes-Benz diseñó una celda rígida de acero reforzado que contendría a los pasajeros y que a la vez funcionaría como chasis, llamada Tridion, capaz de resistir choques desde todas las direcciones sin deformarse.

En 1998, el primer Smart vio la luz en Europa. A partir de ese momento, su lanzamiento a los mercados mundiales fue paulatino y su éxito retardado, pero su influencia en la cultura popular y en las otras compañías es innegable. Después de diez años de crecimiento sostenido, el pequeño citadino llegó a Estados Unidos y, poco después, a nuestro país, donde tímidamente se anima a las calles. El pequeño autito, que sólo acomoda al conductor y un acompañante, resulta un misterio para el público argentino.

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Ideal para la ciudad

El Smart Fortwo tiene potencia suficiente para el manejo cotidiano por caminos urbanos. Aunque resulte increíble, entre las ruedas traseras esconde un motor naftero de 3 cilindros y 1 litro de cilindrada, que ofrece 84 caballos de fuerza, casi tantos como cualquier vehículo con motor de 1.4 o 1.6 litros. El consumo de combustible es muy bueno y sus emisiones de CO2, bajísimas.

El punto débil del Smart es su caja de cambios automática secuencial, con pases de marcha muy largos. A pesar de que el cambio se alarga como un chicle, el Smart acelera de 0 a 100 kms/h en 10,7 segundos y alcanza 145 de máxima.

A pesar de ser corto, no es tan angosto como se podría creer, y los dos pasajeros pueden sentarse cómodamente por horas sin notar que están a bordo de medio coche, algo que sólo se percibe al girar la cabeza y tratar de encontrar las plazas traseras: no tiene. Quizá lo más difícil de entender sean las dimensiones externas: la trompa termina apenas más allá del final del parabrisas, y no tiene cola. En un sobrepaso, alcanza con perder de vista un coche por el rabillo del ojo para poder meter el volantazo y ocupar su lugar. La maniobrabilidad es muy buena, y es muy difícil no empezar a jugar con todas estas virtudes. Y a la hora de estacionar, cualquiera a bordo del Smart se siente Gardel.

¿Qué le falta? Además de plazas traseras, un baúl. En el “maletero” sólo entra una valijita chica, como si se tratara del equipaje de mano de un vuelo de cabotaje. Por lo demás, cuenta con suficiente espacio interno para viajar cómodamente. Es bastante más seguro que muchos coches “completos”: tiene estabilizador ESP, frenos ABS, airbags frontales y también laterales para ambos pasajeros. También trae aire acondicionado, equipo de audio con lector de CD, DVD, USB y SD, con navegador GPS y conectividad Bluetooth integrados. O sea que tiene todos los chiches que se pueden esperar en un vehículo moderno, y además ofrece la garantía de su celda Tridion en caso de accidentes.

Con un motor muy potente para su tamaño y peso y a pesar de su extraña caja de cambios, el Smart ForTwo es sin duda uno de los vehículos más divertido para una gran ciudad como Buenos Aires, siempre que es asfalto esté en buenas condiciones. Esta cupecita con ADN Mercedes-Benz y construcción de relojería cotiza en poco más de 25 mil dólares. El año próximo llegará el Smart ForFour, con dos plazas más, aunque todavía se desconoce el precio. DD

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