Buenos Aires, 24/08/2017, edición Nº 2083

El Sediento: la bella escultura de verano de la Plaza Rodriguez Peña

(CABA) El verano en Buenos Aires se siente cada vez con más rigor. Para comprobarlo alcanza con recordar lo que fueron las temperaturas en estas últimas semanas y así darse cuenta que el verano porteño es mucho más que ese maravilloso tango compuesto por Astor Piazzolla. Ante esta situación, los médicos previenen sobre los peligros del golpe de calor y recomiendan beber mucha agua para mantener al cuerpo bien hidratado....

(CABA) El verano en Buenos Aires se siente cada vez con más rigor. Para comprobarlo alcanza con recordar lo que fueron las temperaturas en estas últimas semanas y así darse cuenta que el verano porteño es mucho más que ese maravilloso tango compuesto por Astor Piazzolla. Ante esta situación, los médicos previenen sobre los peligros del golpe de calor y recomiendan beber mucha agua para mantener al cuerpo bien hidratado. Pero el tema de la sed y el agua es una cuestión de vieja data para los seres humanos y para la gente de la Ciudad. Y la mejor prueba la otorga una pequeña escultura que, desde 1914, se luce en una plaza porteña. La obra se conoce como El sediento.

Instalada en un sector de la Plaza Rodríguez Peña (avenida Callao, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear), la obra apenas supera el metro de altura. La imagen: un muchacho agachado y bebiendo el agua que brota de una roca. Una fuente que lo rodea completa la escena. La escultura, realizada en valioso mármol de Carrara, es obra de la artista argentina Luisa Isabel Isella de Motteau, una mujer que nació en Buenos Aires el 21 de octubre de 1886. Con estudios realizados en la ciudad de Monza (Italia) y en la Academia Nacional de Bellas Artes de Chile, la escultora desarrolló su obra a pedido de la entonces Municipalidad de Buenos Aires.

Para el tiempo en que le encargaron el trabajo, Luisa Isella ya tenía su prestigio. A tal punto que el mismísimo Carlos Pellegrini la había recomendado para que le dieran una beca de estudio en París. Isella ya había ganado varias medallas de oro en distintos concursos y su talento quedó a la vista con la imagen que logró para El sediento: un cuerpo desnudo, con perfectas proporciones, en las que el frío mármol dejó lugar a la perfección de tensos y pulidos músculos. Claro que no todo fue elogio. Vale recordar que era el principio del siglo XX y exponer el cuerpo de un joven desnudo en un espacio público generaba reparos en la gente con mente pequeña, aunque se tratase de una estatua. Pero igual la obra se instaló en la plaza, aunque sin la presencia de la autora: estaba en Europa y recién volvería al país en 1919, tras el fin de la Primera Guerra Mundial.

Desde su llegada a la Argentina, Luisa Isella se dedicó a la docencia prácticamente hasta el 15 de enero de 1942, cuando murió en San Isidro, el lugar en el que residía. Algunas otras de sus obras se encuentran en el Museo Nacional de Bellas Artes. Pero la escultura de El sediento (monumento al que algunos también denominan Niño de la Fuente) sigue presente dándole arte a ese Boulevard Callao, como se conocía a la lujosa avenida a principios del siglo pasado.

La Plaza Rodríguez Peña fue diseñada por el gran paisajista francés Carlos Thays en 1893 y se inauguró un año más tarde cuando el intendente era Emilio V. Bunge. Dicen que todavía conserva mucho de su diseño original. Lleva el nombre de una de las figuras más importantes de la Revolución de Mayo: Nicolás Rodríguez Peña, el único prócer al que se le erigió un monumento vecino a la casa paterna en la que nació. Es que aquella zona, conocida en un tiempo como “la perla de la Capital”, había sido parte de la quinta de Alonso Rodríguez de la Peña y Damiana Funes, los padres de Nicolás, un hombre que fue figura en la lucha contra los invasores ingleses en 1806 y 1807 y también, junto con Hipólito Vieytes, el impulsor de las reuniones en la famosa jabonería, que luego derivaron en la Revolución de Mayo de 1810.

Gran amigo de José de San Martín, Nicolás Rodríguez Peña colaboró en la formación del Ejército de los Andes. El 23 de mayo de 1910, en vísperas del primer centenario de la Revolución y en la plaza que lleva su nombre, se inauguró el monumento de bronce para recordarlo y homenajearlo. Lo realizó el artista Gustav Heinrich Eberlein, un escultor, pintor y escritor alemán. Pero esa es otra historia.

 

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